19 años sin Miguel Ángel Blanco
A esta hora, hace 19 años que Txapote descerrajaba dos tiros en la cabeza de Miguel Ángel Blanco, un joven concejal del Partido Popular de Ermua. Francisco Javier García Gaztelu lo hacía con su habitual cobardía, en la nuca, mientras el joven concejal era sujetado por su compinche José Luis Geresta Mujika. Mientras una tercera, Irantzu Gallastegui -hoy mujer de Txapote y madre de sus dos hijos- esperaba a los asesinos en un coche.
Miguel Ángel llevaba por entonces dos días desaparecido y a día de hoy no se sabe aún dónde pasó sus últimas horas. Apenas 10 días antes, una operación de la Guardia Civil terminó con el calvario de Ortega Lara y eso nunca lo perdonarían las mentes de esas sanguijuelas. Para la liberación de Blanco, exigieron el acercamiento de los presos etarras al País Vasco.
Hace ocho días el lehendakari Urkullu, del PNV, pasó por los cursos de verano de la Complutense que se celebran en mi pueblo. Allí hizo sus demandas en esta subasta que es la investidura a la presidencia del gobierno: el traspaso de la gestión de los centros penitenciarios al Gobierno vasco, la flexibilización de la política penitenciaria y el acercamiento de los presos de ETA a las cárceles vascas.
Sanguinaria coincidencia esta última con aquella demanda que los asesinos del joven Blanco pusieron hace 19 años. El nacionalismo vasco -cualquier nacionalismo periférico- ha hecho siempre fuerza de la unión de las diferentes formas de oposición para lograr el fin perseguido. De ahí que no es una coincidencia sino una demanda de un partido que fue matriz de la posterior banda terrorista y que fue fundado por Sabino Arana, el doleocefálico ideólogo del mononeuronal nacionalismo.
Arzalluz era ya mayor cuando Urkullu era aun joven. A principios de los 90 se le atribuye aquella frase en la que hacía referencia a que unos se encargaban de mover el árbol mientras que otros se encargaban de recoger las nueces. Los que mueven el árbol dejaron muchas nueces expandidas a pesar de que hace tiempo que dejaron de moverlo. Nueces que hoy recoge el PNV en nombre de la libertad de expresión y una supuesta ‘causa vasca’ que ha dejado por el camino 829 muertos a manos de ETA.
Miguel Ángel fue uno de esos 829 asesinados. Su muerte dejó claro que España había dicho basta a tanta barbarie, que no teníamos miedo de decir no. No al acercamiento de sus presos; no a su chantaje; no a su violencia. 19 años después hay quien sigue persiguiendo la misma causa por la que tres cobardes acabaron con la vida del joven concejal. Y eso dejó de atemorizarnos. Ahora solo nos apesta.