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¡Anónimos e impunes!

Desde los inicios de la humanidad, la violencia representó un papel fundamental en nuestras vidas.

Los movimientos migratorios del Homo sapiens llevaron el genocidio a otras especies. Dimos nuestro primer paso, eliminando más de 20 especies de homínidos.

Luego conquistamos el mundo, a conquista & sangre... hasta que eso se convirtió en fuego & bala.

En nombre de muchas cosas, matamos, destruimos, desparecimos, extinguimos.

Sin embargo, a pesar de todo esto, en los últimos cientos de años, logramos imponer algunas reglas que, bajo la premisa de la ley y el castigo, logran que los violentos puedan estar recluidos y privados de su libertad, para no ocasionar más daño.

Sin embargo, por decirlo de alguna manera, la violencia debe ser física, en la mayoría de las veces. Muchas actitudes y acciones quedan excluidas por ser incapaces de demostrar y justificar los eslabones que las conectan con las nefastas consecuencias que pueden causar.

Y un día, alguien pensó que 140 caracteres era una buena plataforma para dejar nuestros pensamientos.

Y un día, alguien lo hizo de forma anónima.

Y un día, alguien eligió ser otra persona.

Y entonces, el anonimato y la impunidad se volvieron los protagonistas.

Un espacio digital que no puede no vincularse con nosotros, nos permite canalizar todo lo que cruce por nuestras mentes, inclusive y especialmente, aquello que las convenciones globales intentan erradicar.

Desconozco la profundidad de la experiencia de cada uno en redes sociales, aunque bastan unos pocos minutos para encontrar insultos de una naturaleza pocas veces vista.

Hace algunos años, Mariana Abramovic corrió un experimento sobre su cuerpo. Decidió quedarse quieta, dejando 72 elementos en una mesa e invitando a los invitados a utilizarlos como quisieran. Sin importar el resultado, Mariana se quedaría quieta durante las 6 horas que duraría el experimento.

Al principio, los espectadores fueron pacíficos y tímidos, pero escalaron a la violencia rápidamente. En sus palabras:

“La experiencia que aprendí fue que… si se deja la decisión al publico, te pueden matar… me sentí realmente violada: me cortaron la ropa, me pegaron rosas al estomago, una persona me apunto con el arma en la cabeza y otra se la quitó. Se creó una atmósfera agresiva. Después de exactamente 6 horas, como estaba planeado, me puse de pie y empecé a caminar hacia el público. Todo el mundo salió corriendo, escapando de una confrontación real."

Cada vez que pienso en Mariana, mi cabeza no para de preguntarse cosas, intentando entender la naturaleza de la relación entre nosotros, la violencia, el anonimato y la impunidad.

En el fondo, quiero creer que estas expresiones no representan la voluntad y el espíritu de una humanidad que entiende que sus genes cargan historiales genocidas de todo tipo y color... arrasamos con todo... género, color de piel, religión, ideología... todo, absolutamente todo, en algún momento, se convirtió en la guillotina de algunos contra otros.

La violencia no se resume solamente en que nos ataquemos entre nosotros... lo hicimos contra todos y contra todo.

Desde los inicios, no llegamos a dominar el arte de caminar en dos patas que, en poco tiempo, habíamos extinguido al 96% de la megafauna.

La violencia forma y ha formado parte de nuestra sociedad desde el inicio de los tiempos y creo que es hora de erradicarla de nuestra existencia.

¿Cómo hacerlo?

Quiero creer que, además de garantizar impunidad y anonimato a los violentos, la tecnología nos permitirá lograr este cometido.

Quiero creer.