Cavilaciones y quejas sobre Alien Covenant

Es la una y veinticinco de la mañana del dieciocho de mayo del año de nuestro señor dos mil diecisiete. Debería estar haciendo cosas. Otras cosas. Seguir editando el próximo vídeo, revisar las preguntas de una entrevista que tengo que hacer mañana, dormir. Masturbarme. Pero estoy en pijama, aunque debería aceptar de una vez que no tengo dignidad y hacer esto en calzoncillos, con las persianas subidas y la luz iluminando mi cuerpo desnudo para que los vecinos sepan a quién tienen en la casa de enfrente, y ojalá bebiese. Cómo desearía no ser abstemio y sucumbir al alcohol hoy, ahora, en este momento, para escribir estas palabras y después morir. Pero mañana tengo que levantarme a las ocho y media y tengo que ponerme a trabajar. A las doce vienen unos amigos para grabar un sketch. He quedado a las dos y media para grabar una entrevista.

Sólo tengo este hueco para escribir sobre Alien Covenant.

Palabra tras palabra.

Sin dar marcha atrás.

Sin pensar.

Voy a escribir este texto en una constante huida al frente, sin pararme a revisar si lo que acabo de escribir tiene sentido o no. Quizá me líe. Es posible que Satanás me ayude a nutrirme de mi odio y me dé fuerzas para seguir. Pero he visto Alien Covenant y no puedo dar marcha atrás. No puedo abandonar este día. Tenía que haber ido a Plaza de España y no al cine. Por qué soy tan horrible.

El problema, sobre todo, es uno de guión. Ridley Scott morirá, envejecerá y no ha parido una cinta a la altura de sus grandes clásicos desde Gladiator. Es una filmografía que le permite hacer lo que le venga en gana porque siempre va a ser el director de aquella primera Alien: El Octavo Pasajero. Blade Runner jamás podrá existir ajeno a su nombre. Es inmortal y se le perdona todo. El tiempo hará su trabajo, pero hoy siento odio. Odio hacia un escritor que trabaja en piloto automático y, dentro de esa configuración, con la energía al mínimo. Ya desde el principio cuesta cogerle cariño a esta cinta, desde esa conversación entre David y como quiera que se llame su creador, padre e hijo, con un simbolismo religioso y de la creación, el arte, ahí, de fondo, jodiéndonos, pervirtiendo a David y algún cuadro renacentista cuyo nombre no recuerdo. Era una era de humanismo y aquí estamos, con humanos que buscan a Dios y creaciones humanas que rechazan a sus autores de carne y hueso. Menos mal que la película nos lo mastica todo y, como una madre pájaro atendiendo a sus polluelos, lo vomita en nuestras bocas. Gracias por esos diálogos tan evidentes, tan explicativos, por hacer que uno de los personajes le pregunte a otro cuál es su motivación desde el principio. Así es como funcionamos las personas: cuando conozco a alguien lo primero que le digo es que mi propósito en la vida es comunicar y afectar a los demás. Soy un libro abierto. Leedme. Como decía Kurt Cobain en su diario, “figure me out”. Que alguien me libre de esta pesadilla.

Pero estaba hablando de diálogos y de personajes que nos dicen de qué va todo este sarao, este sindios sin Dios. Al androide le piden que toque una pieza ¿cuál? Dejemos que la banca escoja, y es Wagner: la entrada en el Valhalla. Gracias por decírmelo. Si lo hubieras ocultado ese habría sido un detalle que sólo aquellos que escuchasen a Wagner entenderían y claro, no queremos alienar a la audiencia. Hay que soltar esos pequeños pedacitos de conocimiento de Wikipedia. Saber cosas ¿Sabéis Westworld? Qué gran error que cometen al no explicarnos que una de las canciones que toca la pianola es Fake Plastic Dreams, del disco OK Computer de Radiohead, y que esa canción habla sobre una mujer que siente que su vida es tan artificial como el plástico que la rodea allá donde va. Gracias, de nuevo, por hacerme el trabajo. El simbolismo, las metáforas, el diálogo sugerido, los paralelismos, todos esos arcos si no los explicas, me pierdo. Qué bien ser imbécil.

Y después, mientras descienden al planeta donde, por supuesto, se encontrarán con una nave que se ha estrellado y, por supuesto, alguien meterá la pata hasta el fondo y la removerá en el fango para que aparezca un xenomorfo, un personaje grita “¡odio el espacio!” porque el clima es adverso y él tiene miedo. A esto, otro le responde “por eso deberías hacer yoga”. Non sequitur lo llaman los ingleses, una forma de humor basada en lo inesperado y la ruptura de las formas. Espero que sea eso, porque de otro modo es una de tantas imbecilidades que esputan los personajes a lo largo de este metraje que se hace extenso a pesar de no durar más de la media. Pero estudiemos el intercambio: primero, “¡odio el espacio!” ¿Y quién lo grita? Alguien sin personalidad, cuya identidad no importa. Prometheus, entre otros temas, proponía que, quizá, en el vasto espacio, nos esperasen nuestros creadores y que, quizá, ellos nos guardasen rencor. El espacio es un lugar aterrador y oscuro. Nadie escucha tus gritos. Ahí tiene sentido. Pero lo del yoga. Eso por qué.

Yoga.

Mientras descienden.

Alien Covenant es la pereza máxima del guionista, una obra en la que los personajes constantemente explican qué sienten, de qué van, cómo encajan en el cómputo global de la obra y donde las excusas no importan con tal de llevar a ese money shot que es el xenomorfo haciendo del as suyas y matando gente. Todos son candidatos al premio Darwin y se esfuerzan tanto por ganar que me permitiréis ser gentil por una vez en mi vida y proponer que todos ellos reciban la medalla de oro. Cuando todo parece terminado, cuando el sentido común dicta que no, no es posible que vayan a hacer semejante estupidez porque eso va en contra de toda lógica, tanto humana como dentro de la propia película, el guionista llega para decirnos que nos equivocamos. Es fanservice a pesar de todo, porque aquí estamos para lo que estamos y el resto es decorar, como una película porno. “Ay, me tengo que cambiar de calcetines, deja que me desnude”.

Es indignante. Hacía mucho tiempo, demasiado, tanto que empezaba a ser feliz, que no me indignaba a estos niveles con un guión. Indignarme lo suficiente como para llegar a casa y decir, contra mi juicio, contra cualquier repercusión, a pesar de todo, de que ahora mismo sean las dos menos cuarto de la mañana, que esto necesito soltarlo porque si no perderé la cabeza. Porque Alien Covenant existe y tiene presupuesto y alguien contrató a este guionista y aprobó estos diálogos y estas situaciones porque le daba igual hacer una buena película. Le daba igual todo. Sólo quería al xenomorfo brincando por ahí. Y para qué seguir esforzándose. Para qué ser crítico en un intento por, no sé, crear contexto con sentido, una vara de medir que separe lo bueno de lo malo, si al final soy yo quien ha ido a ver esta película. Ponían Lady Macbeth en el Proyecciones a las diez y en su lugar he ido a ver Alien Covenant porque soy imbécil, uno de tantos, parte de la cifra y el problema. He visto esa y Terminator Genesis y también he visto Siete Asesinos y Criaturas Fantásticas y Dónde Encontrarlas, pero no Crudo ni Taxi Teherán ni demasiadas películas que me avergüenzo de no haber ido a ver. Y aquí estoy, lamentándome, pero lo único que me quedan son mis lamentos porque me siento como un borracho que, al fin, ha aceptado su situación y bebe para olvidar que bebe. No sé por qué me esfuerzo. No sé para qué lo intento. Soy un cáncer. Un llorón, un gordo que escribe su opinión esperando que a alguien le importe, gritando al vacío y aprovechando su relativa fama. Aquí estoy. Reíros de mí. Por favor, que alguien diga algo. Que alguien me salve de esta miseria. Que alguien me frene para que deje de escribir. Por favor.

No tengo claro qué voy a hacer a continuación. Ha habido momentos en los que realmente he desesperado mientras veía Alien Covenant. Me he quedado sin fuerzas porque a nadie le importaba lo que estaba pasando, y esto lo digo desde el equipo creativo. No costaba tanto hacer las cosas bien. Pero así estamos. Este es nuestro mundo y no puedo contribuir con mi minúsculo grano de arena para mejorarlo. Sólo puedo gritar. Ahora iré a dormir, pero sé que no descansaré porque, en alguna parte, el guionista de Alien Covenant duerme plácidamente tras haber cobrado más dinero del que yo veré jamás. Y ha trabajado con Ridley Scott. Yo mientras tanto me pudro. No conseguiré mis objetivos. No escribiré ningún guión para ningún cómic. Moriré en las sombras, y dentro de unos años, junto a Avatar 8 y la nueva película de M. Night Shyamalan, sacarán otra cinta más sobre el universo expandido de Alien.

Son las dos menos siete de la mañana. He tardado menos de media hora en escribir este texto. Un par más y habría escrito el guión de esta película.

Buenas noches.

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