Conciliar las dicotomías inconciliables

No me puedo jactar de saber Nombrar Las Cosas, pero si alguna vez he puesto un nombre y me he sentido orgullosa, fue esa vez que pegué un letrerito en la puerta de mi cuarto, como haciendo alusión a un título nobiliario autoimpuesto, que dice: “Conciladora de dicotomías inconcilables” en un papelito verde con letras cursivas, forrado de papel contact.

Lo de la conciliación de dicotomías inconciliables salió precisamente de la primera vez que me encontré sin respuestas ante una vida que me urgía a contestarle qué carajo iba a ser (¿aser? ¿hacer?) ahora que ya no era una de esas criaturas que necesitan ser limpiadas y alimentadas y había comenzado a ser más bien de aquellas que deben saber lo que hacen aunque sólo sea para mantener la ilusión, para no perturbar el ordennaturaldelascosas.

Así cuando llegó el momento de elegir qué estudiar, que es un soberano insulto a la capacidad de toma de decisiones racionales que muchos de nosotros apenas y tenemos desarrollada a los 18 años, me di cuenta de que no había ninguna opción que juntara ciencias, llamémosle Ingeniería Ambiental con arte, llamémosle Literatura. De lo que estaba convencida en aquel entonces era que a) quería cambiar el mundo y b) “que yo no era como las otras chicas” y esas mamadas. Aunque no llegué a leer a John Green, sí me dio por hacerme planteamientos muy suavecitos, que no desentonaran con la decoración girly-wannabe-minimalista-no-he-superado-a-los-Jonas-Brothers-art-noveau de mi zona de comfort; por lo que cuando salí con la brillante ocurrencia de que sería “Conciliadora de dicotomías inconciliables” encontré la salida fácil para admitirme a mi y a mis padres y quien quiera que pudiera apreciar la intervención que le hice a la puerta de mi cuarto, que no tenía idea de qué quería hacer de mi vida.

Y ahí sigue: (foto de la puerta de mi cuarto con el título nobiliario autoimpuesto de señorita Conciliadora de dicotomías inconciliables para servirle a usted y a dios, mucho gusto)

Así, en tiempos de necesidad, he de aludir a mi más valioso truco para evadir la realidad, pero ahora, tras haberlo dejado madurar algunos años, y seguir en las mismas de no saber cómo juntar todo lo que quiero en la vida en un solo y cómodo empaque, me veo también en la necesidad de defender el noblísimo título de Conciliadora de dicotomías inconciliables porque si algo he aprendido de la vida es que no existen los cómodos empaques dos en uno en el que conceptos como ciencia y arte quepan sin atorarse, sin causar revuelo y atraer las miradas furibundas de la #gente. Y es en el construir esos espacios en los que las dicotomías inconciliables puedan existir en algo así como la armonía, en lo que consiste, creo yo, el encontrarle chiste a la vida, una vida para la que ya no son válidos muchos conceptos que se han entendido de forma individual y aislada y que valen más o se entienden mejor cuando se juntan con otros.

Y aunque no se bien cómo trasladar esta idea al #mundoreal, es decir, a lo que está más allá de la puerta de mi cuarto, creo que este espacio puede servir para explicar las cosas que al menos en mi mente han ido creando la ilusión que real o no, me ha permitido lidiar con muchos problemas que la gente como yo, ansiosita e indecisa, tiene al enfrentarse a un mundo que le da todo por separado y que a veces se ve imposible de sortear sin morir -o al menos tener muchas ganas de morir- en el intento.

Así que espero que este blog, -que según mis cálcuos y cuyo factor exponencial es la procrastinación- será actualizado cada semana, mas o menos, sirva para conciliar la dicotomía inconciliable de las ganas locas de escribir que siempre he tenido atoradas en el esternón, con las ganas de ser útil para el mundo, de alguna forma u otra. Obviamente admito cualquier colaboración que vaya por esta línea y espero hacer de este blog una cosa muy disfrutable.