El juego

Las reglas no existen. O al menos no han sido puestas, las construimos nosotros. Hay una idea, claro. Nuestro juego tiene comienzo, pero no hay un final establecido. No hay tablero. Avanzamos y retrocedemos, sin saber cuál es la dirección indicada. Quizás no la haya. Quizás el final fue el comienzo. Cuando nos vimos, cuando dijimos hola, o algo parecido a un inicio, todo empezó a terminar, lentamente, sin darnos cuenta. Quizás no haya final, y eso puede estar bien. Quizás ya terminó, ayer, o el domingo del cliché, o la tarde del río. Es nuestro, termina cuando lo decidimos

¿Podremos romper con la lógica?

¿Seremos capaces de divagar sin rumbo?

¿Soportaremos no saber?

Sí, otra vez mi respuesta es no sé, y eso está bien.

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