Lapso
Cuando te conocí estaba desecho. Deambulaba mi soledad con una dignidad endeble, que por momentos desaparecía. Vos estabas firme, fuerte. Manejabas los tiempos con una capacidad admirable. Te tironeaban de las mangas y vos, con calma, decidías cuando era el momento oportuno. Yo no podía esperar, el peso de mi primer gran fracaso no me dejaba dormir.
Recuerdo aquellas noches de insomnio con cierta nostalgia. Las turbulencias de mi mente eran tales que ni el sueño podía apagarlas. Pero era sano, o al menos emotivo. Si bien uno puede apreciarlo solo a la distancia, en esos tiempos de fragilidad todo es mucho más sensato. Te acercás a lo más esencial, lo más profundo. Dudás, no gozás de seguridades cómodas, no tenés idea lo que va a pasar al otro día. Reís y llorás casi al mismo tiempo y por razones que en otro momento no hubieran significado nada. Percibís todo, cada segundo, como trascendetal.
Eras tan fuerte que me atemorizabas, pero todo lo que me atemoriza me atrae. Mi temor es no conocer, todo lo desconocido es miedo. Me gustaba no entenderte, no conocerte. Tengo una extraña atracción a lo desconocido. Mujer misteriosa ¿Qué harás de mi?