Todos tenemos temitas, mambos que están ahí y que si no los barremos de abajo de la alfombra por arte de magia no van a resolverse solos. Es como cuando vas manejando y escuchas que el auto te hace un ruidito que antes no hacía. Si subís la música no sólo no va a desaparecer sino que también te vas a quedar varado a mitad de camino, eventualmente, dependiendo del ruidito del auto que sea.
No deja de sorprenderme la liviandad con la que hablamos de angustia, depresión, ataques de pánico, TOC (ese último pareciera ser cool) y demás cuestiones de salud mental.

Hace cuánto tiempo que te sentís mal con respecto a una situación que no podes manejar, respecto a una persona, ya sea porque ni siquiera podes identificar qué te hace mal o no tenes las herramientas para poder hacerlo? Quién o qué te hizo creer que si te sentís mal estás enfermo como si estarlo fuese tu culpa? Jamás le decimos a alguien que estar tirado con 40 de fiebre es culpa suya, a no ser que eventualmente haya salido en pelotas en pleno invierno a bailar la Macarena. Perdón, se me cayó el DNI por ahí.
El tema con las cuestiones mentales está sesgado de un sinfín de prejuicio forro dando vuelta. “Uh, va a terapia, pobre, no puede con su vida.” “Necesita pagar para que alguien le diga qué hacer.” “Toma medicación porque está de atar.” Si te tomas un ibuprofeno porque te duele un huevo NADIE lo va cuestionar, pero como se trata de lo que sentís, cómo se trata de lo que pensás, como lo que vivís no es tangible para el otro ahí salta toda la gilada a decir eso, giladas.
Así como es, nuestro cuerpo es maravilloso. Te lo digo de verdad. Funciona como el iPhone que aún no se inventó aunque nosotros nos sintamos como un alcatel. Nuestra psiquis nos envía señales, alertas. Nosotros lo que hacemos es apagarlas para seguir durmiendo un ratito más. La depresión hasta que llegó a serlo, antes fue otra cosa, y lo mismo con la ansiedad. Los ataques de pánico ya son un poco más extremos, en mi caso personal fue la manera que tuvo mi cuerpo de decirme “basta Tati esto así no funciona más rajá de acá”. Una ítem clave que me enseñaron mis terapeutas, es considerar la variable del tiempo; “hace cuanto tiempo que vienen estos episodios?” y si perdiste la noción del tiempo entonces otra vez ahí salió nuestro cuerpo poniéndose la 10 de la resistencia extrema, intentando ser lo más fuerte posible, redoblando el trabajo de nuestra psiquis, para poder aguantar y resistir.
Nos permitamos sentirnos para el ocote.
Dejemos de llenarnos con lo que sea que nos distraiga y nos hagamos cargo. No apaguemos más la alarma, no seamos fuertes para caretearla. No llores más en la ducha. Contale a alguien lo que te pasa. Dejá de obligarte a estar fuerte, porque a la larga el auto se te rompe y ahí la quedas sin saber qué hacer.
Le demos a la salud mental la misma importancia que le damos a nuestro cuerpo en general. Ocuparse de tu psiquis es ocuparte de vos tanto como entrenar o comer sano.
