Café 7600

Esta es la primera escena de una obra teatral corta. Esta (mi primera práctica de escritura) fue creada cuando tuve la maravillosa oportunidad de estudiar en uno de los lugares que más atesoro en mi alma: el Taller Nacional de Teatro. Ahí, bajo de la guía de profesores que aman su profesión, conocí el arte de hablarle a la sociedad utilizando el lenguaje de la actuación, un lenguaje que es capaz de transformar conciencias y de tocar fibras profundas de nuestra psique.

No es una obra maestra, claro está, pero cuando la leo me alegra el alma. Si pueden leerla y les gusta, en unos días subiré el resto.

Café Siete Mil Seiscientos

Personajes

Milagro: joven de veinticinco años con secuelas de parálisis cerebral infantil.

Mabel: la madre de Milagro, una mujer de cuarenta y siete años.

Valeria: la electricista, una joven de veintiocho años.

En el centro, una mesa circular de madera con tres sillas, sobre esta unos recibos. En primer plano, hacia la derecha, una mesa pequeña con una pantalla de televisión, sobre esta también se encuentra el control remoto. Hacia el frente a la izquierda, un fregadero de aluminio que descansa sobre un mueble de madera.

Escena I

Mabel entra a escena con prisa, lleva puestos: un pantalón de vestir, zapatos de tacón alto y un sostén blanco; enciende una cafetera eléctrica para hervir agua y prepara dos tostadas. Se sienta, cuenta dinero y ve unos recibos. Llora en silencio para no ser escuchada.

Milagro (Desde adentro): -¡Ma! ¿Pasa algo?

Mabel (Secándose las lágrimas): — No nada… (Bosteza intencionalmente) Es que no dormí bien y tengo sueño. Ya va a estar el desayuno, vení.

Milagro: — ¡Ya voy ma, estoy ocupada!

Mabel: -¿Ocupada? ¿Pero qué hacés tanto? Vení rápido. (Se levanta, chorrea el café y sirve las tostadas en un plato.) _ ¡Pero Mila, ponele por favor, que se me hace tarde¡

Milagro: — ¡Ay ma, es que estoy ordenando el…!

Mabel: — ¿Qué? ¡No, no, no; no inventés! ¡Vení ya o me voy y te dejo sin peinar!

(Milagro entra a escena utilizando una andadera desde la segunda puerta a la derecha del escenario, se dirige hacia la mesa.)

Milagro: -Ya sabés que no soporto el desorden, primero tenía que dejar todo en su lugar.

Mabel: -Una cosa es el orden pero otra es ser obsesiva compulsiva como vos. Sos igual que tu papá.

Milagro: -Será lo único bueno que me dejó, el orden, porque el carácter que se manejaba eso sí que yo no lo heredé.

Mabel:-No hablés así, él nunca supo cómo amar. La vida que llevó Roger cuando era niño no fue fácil, no te lo imaginás.

Milagro:-¡Claro! Y con nosotras se desquitó el trauma infantil. ¡Qué bonito!

Mabel:- A veces uno le hace daño a quien más ama… Bueno… En el micro te queda el almuerzo, lo calentás dos minutos, tené cuidado. Recordá que ya no viene Yolanda y que hoy llego tarde, no le abrás a nadie, me llamás si ocupás algo.

Milagro: -Está bien ma, tranquila, yo puedo arreglármelas. Que ya no tengamos plata para que Yola me acompañe no significa que voy a incendiar la casa.

Mabel: -¡No digás eso ni en broma!

Milagro (Riéndose): -¿Broma? No, no es broma.

Mabel: -Además, la situación va a mejorar… Yo voy a ganar mejor y Yolanda te va a cuidar cuando yo no estoy, vás a ver que sí.

Milagro: -Te está agarrando tarde, ya casi son las siete, andate. Que yo me puedo cuidar sola.

Mabel: -¡No!, todavía me falta peinarte.

Milagro: -¡Ay ma, no te preocupés, yo me hago un moño y listo!

Mabel (Se levanta, se coloca detrás de ella y la peina): -No inventés, vení. No voy a tardar ni un minuto. Imaginate si llega alguna de tus tías y te ve con ese pelo… ¿Qué van a pensar?

Milagro: -¿Qué van a pensar? Más bien, ¿qué van a inventar?

Mabel: -¡Bueno, ya! Si vienen… (Toma la blusa blanca en el respaldar de una de las sillas y se termina de vestir.)

Milagro: -No importa lo que piensen, el problema es que todo lo que piensan está retorcido; ¡tienen unas lenguas!

Mabel (Recoge el bolso que está en el respaldar de la otra silla): -La familia no se escoge, entendé eso. ¡Adiós mi niña! (La abraza, sale)

Milagro: -¡Adiós ma!

Mabel (desde afuera): -Recordá que el irresponsable ese de mantenimiento quedó en pasar a reparar esa lámpara.

Milagro (hacia el público): -Claro que la familia no se escoge, porque esas chismosas todavía estarían esperando a que alguien las escogiera. Buena herencia de familia me dejó mi papá… Por un lado tenemos a la tía Rosario, se la pasa de rezo en rezo, quien la ve dice que es una santa de palo, lo que la gente no sabe es que mientras reza no se le pasa detalle de la vida ajena y que después se da un festín con sus amigas del bingo. Y por el otro lado la tía Rosaura, qué mujer más agarrada, no saca pelo sin sangre… Para ella todo es un negocio, todo se vende o a quien pueda le saca ganancia, pero perder un peso en el mini súper ese, ¡jamás!… Como decía mi abuela: “De malagradecidos y de ricos el infierno está hasta el pico”… (Milagro termina de desayunar, recoge los platos y las tazas, se dirige hacia el fregadero, se le cae la taza al piso) — ¡Qué mierda! Seguro una de esas brujas me escuchó. ¡Y qué novedad con doña Mabel que siempre se sirve café y no se lo toma! (Va hacia el fregadero, toma un paño y limpia los restos de café del piso. Después enciende el televisor, se escucha una canción que ella canta mientras recoge los restos de la taza) ¿En dónde está la escoba? (Milagro busca a su alrededor, divisa la escoba y se dirige hacia esta. Trata de recoger los restos del piso pero no logra hacerlo, se enoja y tira la escoba) -¡Ay qué chicha! ¿Porqué esas ventas por televisión no inventarán algo más fácil de usar? No, no sería rentable vender una escoba para personas que tengan que andar de cuatro patas: “¡Llame ahora mismo!… ¡Sí, usted que no puede desplazarse como todos los demás!… ¡Si llama ahora mismo le enviamos dos escobas a control remoto por el precio de una!… ¡Esta escoba inteligente hace todo el trabajo por usted, que por estar en esa silla de ruedas no puede hacer correctamente! ¡Llame ya y aproveche!” (Milagro toma nuevamente la palita y la escoba y vuelve a tratar de recoger los restos de la taza) (Suena el timbre)

Milagro: -¡No!… Digo, sí, un momento… (Se incorpora, busca las llaves, se dirige a la puerta) Ya va, ya va…

Valeria (desde afuera): -¡Buenas señora! ¿Este es el 1130?

Milagro: -Eso dice la puerta…

Valeria: -¿De aquí nos llamaron para reparar una lámpara?

Milagro: -Sí, ya le abro.

(Entra Valeria, viste un kimono amarillo, trae una caja de herramientas en su mano derecha y una nota en la izquierda)

Valeria: — ¡Buenas! Soy la nueva encargada de mantenimiento.

Milagro: — ¿Y don Raúl?

Valeria: -Se tuvo que ir para Nicaragua…

Milagro: — Ah ya, entiendo… Vea, es esa lámpara, no enciende.

Valeria: — Entonces hay que cambiarla ¿En dónde está la caja de fusibles?

Milagro: — En la entrada, detrás de la puerta.

Valeria: (Sale, regresa con una escalera, sube en esta y desinstala la lámpara) _ Ya vengo, creo que ando una de estas en el carro. (Sale)

Milagro:(Admirada) — Bueno, ¡pero qué eficiencia!…

Valeria: (Entrando) –Esta es muy parecida. (Sube de nuevo, coloca el nuevo fluorescente, sale hacia la caja de fusibles, enciende la luz) — ¡Y se hizo la luz!

Milagro: -¡Qué dicha! ¡Muchas gracias! Por cierto, no le he preguntado su nombre…

Valeria: — ¡Sí es cierto! Valeria, ¿el suyo?

Milagro: -Milagro, ¡mucho gusto! ¿Hace mucho trabaja en esto?

Valeria: -Uuuuh hace mucho, sí…

Milagro: -¿Cuántos años me dijo?

Valeria: -Siete… siete meses…

Milagro: -¿Cuánto?

Valeria: -Siete meses, pero yo…

Milagro: -¿Y tan rápido aprendió el oficio? Porque… (Se dirige al fregadero a lavar unos platos).

Valeria: Yo estudié un año en una Escuela Técnica, ahí aprendí fontanería, carpintería, y electricidad. Es una escuela muy buena.

Milagro: -¡Qué dichosa! ¡Ay qué mierda!

Valeria: -¿Cómo, dichosa o mierda?

Milagro: — No, no; dichosa usted. ¡Qué mierda con este tubo: vea, abro la llave y no sale agua!

Valeria: -¡Diay, pague los recibos a tiempo!

Milagro: — ¡No, todos los recibos están pagos! ¿Están pagos? ¡Sí. sí, sí, están pagos!

Valeria: -¿En los otros tubos de la casa hay agua?

Milagro: -Este… no sé. En el jardín hay un tubo pero ese me queda muy incómodo.

Valeria: -¿En dónde está?

Milagro (Le indica la salida): -Atrás, entre la tapia y el tendedero.

Valeria: -Déjeme ver, ya vengo. (Sale por la izquierda)

Milagro: -No parece nada tonta la fontanera, sólo espero que no me deje las tuberías peor de lo que…

Valeria (Desde afuera): — ¿Dónde me dijo?

Milagro: -¡Entre la tapia y el tendedero, por las calas!

Valeria (Desde afuera): -¡Tiene razón, el tubo del jardín también funciona perfectamente! (Entra)

Milagro: -Entonces, ¿qué es lo que tiene el paciente?

Valeria: -Debe ser algo que está obstruyendo la tubería en este punto.

Milagro: -¿Cómo puede haber llegado algo ahí?

Valeria: -Muy sencillo, en la planta de tratamiento de las aguas algún filtro no hizo su trabajo, cayó un trozo de madera o hasta hojas secas, viajaron por todo el sistema y colorín colorado, usted tuvo la suerte de que se alojara en el tubo de su fregadero.

Milagro: -Ah qué bien, a uno le cobran el agua bien puntual porque si no se la quitan, pero quién me responde a mí por la basura de mierda esa…

Valeria: -Tranquila, dígamelo a mí, que tengo que ponerle bonito para ganarme los cincos y poder ayudarle a mi esposo con los gastos, uno no está para andar botando la plata así nada más.

Milagro: -Bueno, en eso nos vamos entendiendo, ¿cuánto me cobra por arreglarme el tubito?

Valeria: -Déjeme ver… serían… siete mil colones. ¿Le parece?

Milagro: -No, mejor si no me cobra (Ríe). Está bien, arréglelo porque tengo que limpiar el desorden en esa pila.

Valeria: -¡OK, manos a la obra! (Se dirige al fregadero, se mete debajo de este y se dispone a repararlo, mientras tanto Milagro trata de poner atención al trabajo de Valeria)

Milagro: -Si ocupa algo me dice.

Valeria: -Muchas gracias, creo que lo tengo bajo control, pero primero voy a cerrar la llave de paso… (Sale)

Milagro: -Ya decía yo, que íbamos a terminar con el agua hasta el cuello.

Valeria: (Entra, ríe) -Y salíamos en la primera plana de la Extra: “Dos mujeres mueren ahogadas por tubo en mal estado” (Vuelve debajo del fregadero con una segueta)

Milagro: -No, no, sería algo así como “Paralítica muere ahogada por culpa de fontanera” (Ríe).

Valeria : -¿Puede pasarme el tubo que le di antes? (Milagro lo busca, se lo da, Valeria saca una masa amorfa de desechos y vuelve a entrar debajo del fregadero.)

Milagro: -¡Guácala, se va a enfermar! ¡Qué barbaridad, el Ministerio de Salud debería darle una visita a esa planta de tratamiento¡ Ya veo a toda la gente de Guada con mal de panza…

Valeria (Vuelve a Salir y se incorpora): -No creo, con las cantidades de cloro que le ponen al agua es más probable que terminemos con cáncer gástrico… ¡Listo! Sólo hay que esperar unos 15 minutos para que seque el cemento.

Milagro: -¡Qué dicha!, ¿no quiere un cafecito o un fresquito?

Valeria: -No, cómo se le ocurre…

Milagro: -¿Cómo que no? Ya le pongo el café, además yo también quiero tomar.

Valeria: -Tranquila, además yo voy con prisa, todavía tengo que ir a reparar una tubería.

Milagro: -¡Ah no, ahora tiene que pasar a tomarse el café¡ ¿A qué hora sale del trabajo?

Valeria: -Eso me suena mucho mejor, veamos, yo salgo dentro de un rato, ya casi vengo.

Milagro: -¡Claro, aquí la espero, entonces!

Valeria (Valeria recoge sus cosas): -¡Trato hecho! Vamos a ver qué tal ese café. ¡Hasta luego! (Sale)

Milagro: -“El mejor de todos”, eso decía mi papá, ¡que le vaya bien!

Valeria (Desde afuera): -¡Ya le abrí la llave!

Milagro (Se dirige al fregadero, abre el tubo, funciona): — ¡Excelente, gracias! Sí se ganó la plata la fontanera de alquiler… ¡La plata, no le pagué! (Trata de ir a la entrada lo más rápido posible) ¡Ey, Valeria, espere! ¡Su plata! ¡Mierda! (Lava los trastes, limpia y ordena meticulosamente el fregadero mientras canta. Comienza a preparar el café. Suena el timbre, se dirige a la puerta con prisa)

Voz desde afuera: -¡Buenas princesa!, le traemos estas tacitas multiuso, herméticas…

Milagro: -¡No gracias, ahorita no hay plata! (Regresa hacia la cocina) ¿Para qué quiero yo ese poco de tarros plásticos? Más basura, como si no hubiera ya suficiente… (Continúa preparando el café. Vuelve a sonar el timbre, se dirige nuevamente a la puerta)

Voz desde afuera: -Señorita, venimos de parte del Centro de Restauración Ebenezer, es un centro para la recuperación de personas que el enemigo llevó al mundo de las drogas y andamos ofreciendo estas deliciosas cajeticas por una donación de doscientos colones, el señor le agradecería mucho si nos colabora…

Milagro: -¡No joven, ahorita no tengo plata pero yo voy a orar por usted y por el centro de restauración! ¡Jehová guarde tu camino! Esta gente cree que uno es tonto… (Vuelve a sonar el timbre, Milagro se dirige nuevamente a la puerta) ¡Que no tengo plata, ni tiempo! Porqué no van a joder a su… (Entra Valeria)

Valeria: -¡Ah no, ahora no me diga que no tiene plata porque ya le reparé la tubería! Y si no tenía tiempo, ¿por qué me invitó a tomar café? (Ríe).

Milagro: -¡Perdón Valeria! No era con usted, es que esos vendedores no me dejaban en paz y yo pensé…

Valeria: -Tranquila, que yo me tiré el rollo. (Ríe)

Milagro: -Ya me tenían harta, han pasado como doce: que si los huevos recién puestos, que si los tamales de Salitrillos de Aserrí, las tazas herméticas, el centro de restauración, como si yo pudiera salir corriendo para atenderlos cuando se les antoje… (Se dirigen hacia la mesa y se sientan)

Valeria: -Bueno, tiene razón, no debe ser fácil… quiero decir… esa gente cree que una pasa de vaga…

Milagro: -Exacto, la gente no sabe que yo paso todo el día ordenando la casa para que cuando mi mamá regrese del trabajo pueda descansar.

Valeria: -Claro, la gente no piensa que usted…

Milagro: -¿Pueda hacer algo?

Valeria: -Sí, quiero decir… no, tal vez las personas piensan que usted, por tener una discapacidad, no puede hacer muchos oficios, pero ya veo que se equivocan, tiene la casa reluciente.

Milagro: -¡No es para tanto! Pero me llevo todo el día limpiando para poder lograrlo.

Valeria: -¿Cómo que no es para tanto? Yo conozco a más de una que no sabe ni barrer, y usted hasta café tiene hecho, ¡qué delicia!

Milagro: -Espere a que lo pruebe, le va a encantar. Ya le sirvo…

Valeria: -¡Yo le ayudo!

Milagro: -No, yo la invité…

Valeria: -Sí, pero no me voy a quedar cruzada de brazos, dígame dónde están las cosas y yo las voy sacando.

Milagro: -Está bien… Las tazas están en la puerta de la derecha, el azúcar en la de la izquierda y las cucharitas en la misma puerta de las tazas pero al fondo, al lado de los cubiertos. (Valeria coloca todo sobre la mesa)

Valeria: -¡Listo, a tomar café!

Milagro (Mientras sirve el café): -El secreto de un buen café es utilizar las cantidades adecuadas de agua y café…

Valeria: -Y de azúcar…

Milagro: -Bueno al que le gusta con azúcar, pero un buen café no lleva azúcar.

Valeria: -¡Está loca! ¡Yo sin azúcar no le tomo café, es como un remedio para la goma!

Milagro: -Mi papá me enseñó a tomar café sin azúcar, él decía que los mejores cafés se disfrutaban “sin nada de adornitos”, que el azúcar era para disimular el mal sabor.

Valeria: -¿Decía?

Milagro: -Sí, ya murió… Pero bueno contame, ¿cómo es para vos hacer un trabajo tan diferente para una mujer?

Valeria: -Al principio fue toda una odisea… En la Escuela Técnica no me querían dejar estudiar porque ese trabajo “es sólo para hombres”, entonces tuve que decirles que si no me dejaban entrar los iba a demandar con la Oficina de la Mujer y la Defensoría, porque había una ley que decía que si no me dejaban estudiar les cerraban la institución…

Milagro: -¿Hay una ley? ¡Qué bien!

Valeria: -Yo no sabía si había una ley o no, eso se me ocurrió en el momento, del colerón. Pero seguro que sí, porque a los días me llamaron disculpándose y ofreciéndome una beca. (Ríe)

Milagro: -¡Qué bien! ¿Y después?

Valeria: -Después vino la parte dura, mis compañeros me hacían a un lado, nadie quería trabajar conmigo, los profesores trataban de hacerme quedar mal…

Milagro: -¡Qué hijueputas! No entiendo… ¿Por qué, si lo único que estabas haciendo era tratar de aprender?

Valeria: -Muy sencillo, por miedo… Se sentían amenazados de que una mujer lograra hacer el trabajo que solamente los machos podían hacer… Su oficio de ahora en adelante sería más femenino…

Milagro: -¡Pero lo lograste, y ahora tenés un trabajo digno!

Valeria: -Ahora sí, pero cuando salí a buscar trabajo por primera vez, nadie me quería contratar. Pasé seis meses reparando las instalaciones eléctricas, sillas quebradas o tuberías en mal estado de mi familia… Que eran los únicos, ¡porque les cobraba barato!, que se arriesgaban…

Milagro: -¡Qué vida! Ni la familia le tiene fe a uno.

Valeria: -Pero a mí no me importó, y les demostré que sabía muy bien lo que hacía. Tanto así que uno de mis cuñados fue el que me recomendó en este trabajo… Y no creás, todavía hay más de uno que me hace unos ojos donde me ven llegar…

Milagro: -¡Qué vergüenza! Yo me porté igual que esa gente.

Valeria: -¡No, para nada! He pasado momentos de verdad incómodos… Y a vos ¿qué te gustaría hacer?

Milagro: -Ganarme la lotería.

Valeria: -No en serio, a parte de ordenar tu casa, ¿no te gustaría estudiar algo?

Milagro: -¿Estudiar?… Yo fui a la escuela y al colegio, estuve en el aula integrada… Leo muy lento y escribo bien feo…

Valeria: -No has visto mi letra, parecen jeroflígicos.

Milagro: -¡Jeroglíficos! (Ríe)

Valeria (Ríe): -Eso mismo… ¿Pero qué te gusta?

Milagro: — Cocinar, me gusta mucho cocinar.

Valeria: -¡Claro! ¡Podés hacer un curso de cocina o de barismo!

Milagro: -¡De cocina sí, pero de barismo no! ¡Odio los bares!

Valeria: -¡No! (Ríe)

Milagro: -¿De qué te reís?

Valeria: -Un barista es una persona que se especializa en hacer bebidas a base de café.

Milagro: -¿En serio? (Ríe). Ya me veía yo en silla de ruedas por todo el bar lleno de borrachos…. ¿Pero dónde diablos dan esos cursos?

Valeria: -Donde yo estudié, yo he visto que todos los semestres abren grupos nuevos. Yo te averiguo y te traigo la información.

Milagro: -Sí por favor, así salgo de estas cuatro paredes. Pero, ¿es muy caro?

Valeria: -No, además podemos pedir una beca para que te ayudés con el transporte.

Milagro: -¿Se puede?

Valeria: -¡Claro que se puede! Si yo pude, vos también podés.

Milagro: -Pero… ¿Creés que acepten a una persona como yo?

Valeria: -Tienen que hacerlo, si no les sacamos la ley esa de la persona discapacitada y los asustamos.

Milagro: -La “Ley Siete mil seiscientos”, entonces no creo que nos pongan cuidado, nadie la cumple… Van a pasar siglos antes de que la tomen en serio.

Valeria: — Ahí sí la van a tomar en serio, son unos miedosos, uno les menciona abogados y demandas y se orinan en los pantalones.

Milagro: -Habló la voz de la experiencia.

(Entra Mabel, visiblemente cansada)

Mabel: -¡Buenas!

Milagro: -¡Ma! ¿Porqué tan temprano?

Mabel: -Tengo migraña y me dejaron salir antes.

Milagro: -¡Qué mal! Ella es Valeria, ella nos reparó el tubo del fregadero…

Mabel: -¿Cómo, pero si estaba nuevo? No tenía ni un año de haberse cambiado, ¿qué tenía?

Valeria: -Mucho gusto señora. El tubo tenía restos de basura que lo obstruyeron, tuve que cortarlo para quitarlos y colocarlo nuevamente con uniones.

Mabel (Se dirige hacia el fregadero): -Mmm ya, ¿y quedó bien?

Milagro: -Sí, Valeria es muy buena fontanera…

Mabel: -Sí, ya veo… Nunca había visto una fontanera…

Valeria: -No señora, no hay muchas…

Mabel: -No hay, usted debe ser la única…

Milagro: -¡Qué bueno! ¿Verdad?

Mabel: -Sí, sí… ¿Cuánto cobró? ¿Ya le pagaste?

Milagro: -Siete mil, ya le pagué…

Mabel (Se dirige al cuarto): -¡Qué dolor de cabeza! Necesito una Cataflam dispersable. Con permiso…

Valeria: -Propio señora… No le caí nada bien a tu mamá.

Milagro: -Tranquila, seguro no le fue muy bien en el trabajo.

Valeria: -¿Qué hace?

Milagro: -Trabaja vendiendo electrodomésticos en Importadora Montes. Es que con la crisis la gente no compra mucho que digamos.

Valeria: -Sí, ¿quién quiere un tele si no tiene comida?

Mabel (Desde adentro): -¡Mila! ¿En dónde pusiste las pastillas?

Milagro: -¡En la cómoda, tercer gaveta a mano izquierda, en la cajita azul están todas las pastillas para el dolor!

Valeria: -Creo que mejor me voy…

Milagro: -Tomá la plata. ¡Muchas gracias!

Valeria: -¡Gracias por el café! Apenas tenga la información paso a contarte.

Milagro: -¡Sí, por favor!

Mabel: -¡Mila!

Milagro: -¡Ya voy!… Que te vaya bien…

Valeria: -¡Gracias, adiós! (Sale)

Mabel (Entra a escena nuevamente, utiliza ropa cómoda): -¿Ya se fue la marimacho?

Milagro: -Sí ya se fue, pero ¿porqué decís eso?

Mabel: -¿Quién ha visto a una mujer haciendo trabajos de hombre?

Milagro: -¡Qué importa! Es un trabajo, cualquiera lo puede hacer, no importa si es hombre o mujer.

Mabel: -Bueno, bueno… ¿Porqué estaba tomando café con vos? Te pidió y no pudiste decir que no.

Milagro: -No, yo le ofrecí porque me cayó bien. Además así conversaba con alguien.

Mabel: -Para eso me tenés a mí.

Milagro: -Sí, pero ella es joven como yo…

Mabel: -¡Ah eso es, yo estoy muy vieja!

Milagro: -No, no es eso. Es sólo que paso todo el día encerrada y…

Mabel: -Pero no podés dejar que cualquier persona entre a la casa, pueden hacerte daño…

Milagro: -Sí yo sé, pero ella es una buena persona…

Mabel: -¿Cómo sabés?

Milagro: -¡Porque no me hizo sentir lo que toda la gente hace cuando salgo! ¡Que soy una enferma! ¡Como a veces vos misma me tratás!

Mabel: -¡No digás eso! Yo te quiero más que a nadie, por eso me preocupo…

Milagro: -Yo sé que sí ma, es sólo que a veces no me entendés.

Mabel (Llora): -Yo quiero pero… Desde que tu papá no está…

Milagro (La abraza): -Tranquila, yo sé que todo ha sido más difícil… Pero no estás sola… Te quiero ma….

Mabel: -Mi niña…

Milagro: -Tal vez tu niña va a crecer muy pronto.

Mabel: -¿Qué decís?

Milagro: -Que algún día voy a conseguir un trabajo y vamos a vivir mejor.

Mabel: -¿Cómo? ¿De dónde sacás esa idea?

Milagro: -Bueno… primero tengo que estudiar…

Mabel: -Sí, sí está bien. Vamos a dormir, tengo mucho dolor de cabeza.

Milagro: -No, no tengo sueño, yo llego ahora más tarde, voy a ver tele. (Mabel sale, Milagro se queda en el sillón, enciende el televisor, llora. Las luces se atenúan lentamente hasta dejar un solo haz de luz sobre Milagro, ella se incorpora lentamente con su andadera, se dirige a preparar café)

Ya no puedo más,

necesito salir de esta jaula.

Jaula de barrotes de amor,

amor que sofoca, amor que paraliza

¿Amor? ¡Sí! ¿Amor? ¡No!

Los días pasan,

me dejan atrás con los recuerdos.

Recuerdos de una rutina incesante,

rutina que agobia todo mi ser.

¡Otro día más!

¡Ya no puedo más!

Escena II

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