
VIH, Un día nublado en la casa del Sol: ¡necesitamos evolucionar!
Hace unos días me fui a ver la obra teatral “Un día nublado en la casa del Sol”, dirigida por Jose Pablo Umaña, con las actuaciones de Ether Porras (Marco), Magda Quirós (Dora) y Leonardo Sandoval (Luis). Esta fue elegida en la categoría de “Diversidad” en el concurso “Producciones Concertadas 2016” Realizado por el Compañía Nacional de Teatro. El tema central es el VIH y cómo lo maneja un pareja serodiscordante (sólo uno de sus miembros es VIH+), así como el impacto que causa en una madre conservadora el reconocer la orientación sexual de su hijo. Me había leído el texto previamente y quería ver el trabajo en el escenario, donde es, finalmente, el lugar en el que se pone a prueba la pluma dramatúrgica. Es además el lugar en donde el director, a través de sus actores, equipo de producción y demás herramientas (marcas de movimientos, iluminación, estética plástica, música, estilo de actuación, etc.) propone la tesis que desea mostrarle al espectador. En este sentido, el director reforzará la tesis original, dictada desde la dramaturgia misma, o replanteará la suya a partir de esta.
Cabe destacar que este texto, escrito por el mexicano Antonio Algarra, hace ya más de 20 años, se descontextualiza de la realidad costarricense, tanto en tiempo (definitivamente los años 90 son muy diferentes a los que corren actualmente) como en espacio (no es lo mismo vivir en el DF, una ciudad cosmopolita, que en nuestro San José). Es por esto que el director decide adaptarlo (tanto como se lo permite el dramaturgo y el texto mismo) para acercarlo al espectador tico. Qué tan bien lograda o no resulta esta adaptación, lo decide, en última instancia, el público, quien se deja atrapar o no, en la historia que le hilvanan.
La puesta en escena resultó impecable en todos los aspectos técnicos: la iluminación, escenografía y música estuvieron bien planteadas y creaban una amalgama estética que se agradece. Por otro lado, el nivel de las actuaciones fue homogéneo, honesto y congruente con las necesidades planteadas desde el texto, un texto que se vale del recurso melodramático para capturar la atención del público y que debido a lo bien resueltos que estuvieron los momentos clímax en la obra, se podía escuchar en la sala a muchos asistentes, literalmente, en una batalla entre sollozos y mocos. En este sentido, e independientemente de que nos guste o no el melodrama, o de que estemos o no de acuerdo con la realidad planteada en esta puesta en escena, no es fácil lograr tal efecto en los espectadores. Sólo el ensayo, la dirección y el trabajo tras bastidores logran tales resultados. Por esto, el reconocimiento a todo el equipo. Al finalizar, el público se mostró realmente conmovido por el trabajo y agradeció con un largo aplauso y permitiendo dos salidas de agradecimiento a los actores.
A pesar del hecho de que en una obra de una hora y quince minutos no se puede mostrar todo lo que quisiera respecto al tema, mi mayor preocupación al leer el texto, no fue lo melodramático del mismo, sino lo difícil que resulta en tan poco tiempo justificar la evolución de los personajes, principalmente el de Dora. Ese aspecto estuvo muy bien resuelto, un gran trabajo actoral y de dirección. Sin embargo, el tinte melodramático no se pudo eliminar, está muy implantado en el texto, tanto así que la mitad del público terminó llorando y limpiándose las narices. Tal como la vida misma, está llena de melodrama, en este sentido, proponiéndoselo o no, la puesta llegó a una gran parte del público que se sintió cercana a esa realidad particular.
Por otro lado, al leer los comentarios en redes sociales, me dí cuenta que hay otro público muy descontento con el manejo del tema. Esto no es de extrañar, existen temas que, aunque muchos crean que están superados, siguen siendo polémicos solo por tocarlos. Es evidente que las inconsistencias del texto y las diversas manifestaciones existentes alrededor del VIH crean disconformidad en aquellos y aquellas que no ven la realidad que sienten cercana, reflejada en el escenario; una realidad que responde a una evolución que ha tenido nuestra sociedad, una evolución necesaria, pero que aún tiene mucho por recorrer. Sin embargo, lo que muestran Los Mismos en este montaje teatral, no deja de tener vigencia, ya que en CR aún se manejan los mismos prejuicios al respecto y es necesario que se hable del tema.
Les comparto esta lectura, No cometí ningún crímen, de otro espectador que me encontré y que me parece valiosa pues él no comparte el planteamiento de la puesta en escena y nos dice el porqué. Ya había pedido a otro amigo seropositivo, ante la necesidad de tener una opinión objetiva con respecto al planteamiento, más que con los aspectos técnicos, me diera su punto de vista. Sin embargo, esa tertulia va a dar para otra divagación pues hay mucho qué hablar del tema. En eso ganamos todos: que se siga hablando y desmitifiquemos al VIH.
Lo que me queda claro es que en Costa Rica hace falta que nuestras historias sean contadas por dramaturgos con diferentes visiones de los problemas que nos aquejan como sociedad. Necesitamos que haya más apoyo del Gobierno y de la empresa privada para proyectos dramatúrgicos creados por costarricenses para costarricenses. Necesitamos dejar de adaptar, pero para eso necesitamos que haya rentabilidad en los teatros, y para esto necesitamos a un público crítico que consuma y dé retroalimentación (nos guste o no).