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Lamentablemente, Diego, el machismo está arraigado en nuestra sociedad más de lo que imaginaríamos. Te ilustro con mi experiencia: atendemos niños de escuela como parte de un programa de acción social de la U; para hacer más llevadera la experiencia de recibir atención dental, hacemos figuras con globoflexia para regalar a las niñas y a los niños. Si tratamos de regalarle un oso a un niño, este sin dudarlo dice «no, los osos son de niñas, yo quiero una espada», uno trata de explicarles que eso no es necesariamente así, que el oso es un animal que puede ser para niño o niña, pero al final ellos quieren su espada. Si por el contrario le pedimos a una niña que escoja qué figura quiere, esta generalmente se decide por una flor o una mariposa, en algunas ocasiones alguna pide una espada. Hasta acá uno siente que hay mucho por trabajar para erradicar el machismo. Pero… justo ayer, en la Escuela de mi infancia, la que tanto recuerd0 con cariño, tuve un flashback hacia un episodio que, probablemente, mi cerebro había decidido suprimir: el bullying escolar. Sí, mientras iba caminando por un pasillo de la escuela, un niño le comentó a sus compañeras «ese es medio playo», refiriéndose a mí. Durante cinco segundos me congelé y me devolví a los días de escuela en los que trataba, en vano, por todos los medios, parecer muy «machito». Confieso que no pude reaccionar y continué mi camino, al final no tenía autoridad para llamarle la atención al niño, pero sobre todo, quedé en shock, ya no porque se me atacara sino porque 20 años después de haber abandonado aquellas aulas, poco ha cambiado en el inconsciente colectivo que fomenta el machismo en nuestra sociedad.

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