EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CAPITALISMO

Eric Fromm advirtió que en la sociedad capitalista las relaciones humanas se parecen más a un intercambio comercial o un acuerdo laboral.


¿Lloraste en la última película de amor? Seguramente Hollywood ya te lavó el cerebro con el falso amor disfrazado de sentimentalismo. Rosas, bodas de ensueño, apasionantes besos y la lucha incansable por la amada son parte de una construcción que ha hecho el capitalismo para drogarnos mientras nos introduce, por otra vena mental, dosis de amor mercantilizado.

Así que mientras crees haber encontrado tu media naranja, en realidad son la sociedad moderna y tus instintos carnales los que te empujan a enamorarte profundamente de la otra persona. Pero el origen de esta mágica aventura encierra su propia destrucción. La pasión termina, la relación se rompe y a buscar el nuevo amor… y continúa el círculo vicioso.

Eric Fromm, un influyente psicólogo y sociólogo del siglo pasado, explicó que estos problemas se originan por la búsqueda egoísta del amor y la tétrica sociedad moderna que valora a las personas por lo que tienen y no lo que son. En este último punto es donde entra en escenario el mercado y penetra en nuestros corazones con la ecuación de felicidad igual a dinero.

“En una cultura en la que prevalece la orientación mercantil y en la que éxito material constituye el valor predominante, no hay en realidad motivos para sorprenderse de que las relaciones amorosas humanas sigan el mismo esquema de intercambio que gobierna el mercado de bienes y trabajo”.

De esta forma, el amor, en tiempos modernos, no es más que encontrar un prototipo de hombre/mujer perfecto, ceñido a nuestras egoístas exigencias y las reglas del capitalismo. La persona se reduce a un producto o promoción.

El macho alfa debe ser exitoso, adinerado, con alta posición en su círculo social, trabajador, con carro y casa (Nótese la similitud con el “encanto” de los jefes, empresarios y políticos). Mientras la mujer debe esclavizarse a la vanidad de la belleza exterior. Cada vez más, estas características se mezclan entre género, lo que no significa una mejora.

Y así como el comprador se despoja de su dinero y el vendedor de su producto, la pareja “sacrifica” sus hábitos y gustos para “felicidad” de la otra. Es un ir y venir de egoísmos, con una promoción de sexo desenfrenado, y la transacción está hecha ¿Será eterno el amor? Al menos no en una sociedad consumista acostumbrada reemplazar bienes.

Luego del empalagoso comienzo, la relación tambalea y los consejeros recomiendan “trabajar en equipo”, la premisa principal de las empresas para engranar la burocracia de sus autómatas empleados. ¿No hay avances? Hay que oxigenar la relación: salir, celebrar San Valentín, el Día de las Madres, comprar regalos…. consumir, consumir y consumir. Ponerle precio al amor al cruzar la tarjeta de crédito.

Ante esto, Fromm propone a la persona redescubrirse como individuo en la soledad, en primer paso. Enfrentar su yo interno y hablar de miedos, tristezas, alegrías, deseos, prejuicios y todos los sentimientos. Así, sincerarse con la pareja y practicar el arte de amar como una disciplina diaria.

Quizá olvidar la tragicomedia de Romeo y Julieta, y descubrir en la sencillez y la disciplina, alejada del baile de los dólares, el arte de amar.

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