El bachiller que quiere cambiar la capital
El alcalde municipal, Nasry Asfura, apenas obtuvo un título de Bachillerato en Ciencias y Letras, pero compensa su falta de formación académica con la alta popularidad y su dinamismo en las labores en la capital.
Cuesta encontrar un político que se salga del molde tradicional. Lo digo en el sentido más literal. No importa si es de derecha o izquierda, conservador o progresista, burgués o proletariado, pseudointelectual o analfabeta, si te dio la mano en una concentración o le dio una libra de frijoles a doña Juana.
La mayoría de los altos funcionarios tiene un amor visceral hacia los medios de comunicación. Independientemente que les tiren flores o veneno, están enamorados del show mediático. No pueden hacer o dejar de hacer, sin tratar de aparecer en el periódico, la radio o la televisión; y últimamente en las redes sociales.
Sin embargo, Asfura, mejor conocido como “Tito” o “Papi a la Orden”, no cuaja en los filtros de la prensa tradicional. No hablo que el hombre de los pantalones de mezclilla azul desteñido y camisa celeste arremangada evita el exhibicionismo, sino que literalmente huye de las cámaras, micrófonos y grabadoras.
Todavía recuerdo cuando a principios de su gestión, en la empresa lo intentamos contactar para obtener unas declaraciones para autoevaluar su administración. En el peor de los casos, el funcionario evita responder cuando sabe que tiene una olla hirviendo de problemas. Los más accesibles, inmediatamente ofrecen la entrevista por teléfono. Lo normal es acordar un encuentro.
Cada uno de los compañeros llamó a los tres números del alcalde, incesantemente. Apenas habló un minuto para disculparse. Más tarde lo hizo su relacionador público, pidiendo comprensión. Lo más sorprendente fue cuando a las 8:00 de la noche de ese día alguien me marcó; era el “Tito”:
(Lean lo siguiente imitando la peculiar voz de Asfura)
“Papito discúlpenme que no he podido contestar. Pero yo paso todo el día trabajando, en reuniones, buscando dinero para la Alcaldía. Ahí en la radio escuché que dicen que nadie me mira, pero le faltó agregar que ni mi familia me mira. Ahí donde ves solo una tortilla con frijoles he podido comer…”
Todavía me río y lo seguiré haciendo sobre ese momento. Este estilo reservado se traslada a sus políticas sobre no inagurar o bautizar obras públicas (esto debería ser ley).
Este personaje, pese a no tener un título universitario, tiene altos conocimientos en construcción y la ciudad, quizá derivado de su mundo alrededor del cemento y la maquinaria pesada, aunque conozco ciertas ideas descabelladas y absurdas que ha propuesto. Sin embargo, tiene un plan en red vial ambicioso que seguramente será aplaudido por todos los hastiados con el tráfico -siete puentes a desnivel entre 2014 y 2015-.
Pero hay una meta grande para dejar una ciudad más en ordenada (definir bien donde van las industrias, los comercios y las residencias), menos desigual (inaudito lo de grandes urbanizaciones rodeadas por invasiones y cinturones de miseria), mejor transporte (el Trans 450, todavía un mito) y más espacios públicos (¿Dónde están los parques públicos o las aceras para caminar tranquilamente?).
Pero “Papi a la orden” también tiene un pasado oscuro con el sistema de recolección de basura, pues ha sido denunciando por estar ligado todavía a la Compañía Constructora y Servicios Múltiples Sociedad Anónima (Cosemsa), una empresa del tren de aseo que tiene un millonario contrato con la Alcaldía Municipal. Toda una mancha indeleble.
Queda mucho por abordar o discutir, lo anterior solo fue una idea general. En nuevas entradas abordaremos puntos más concretos.