Se la quieren cotorrear

Cuando me invitas sola a salir, 
buscas pretextos para seducir. 
Siempre me tratas muy tan natural, 
y de repente quieres darme más. 
No, no, no sé que pasa… 
Creo que me quieres cotorrear.

Yo también creo eso. Creo que el sujeto a quien Kenny se refiere, era casado. Y se la quería cotorrear.

Qué peculiar es Me quieres cotorrear, esa canción ochentera de Kenny y Los Eléctricos, imprescindible en los compendios ‘Rock en tu idioma’, y escrita por la misma Kenny Avilés (fierro, pariente) y Ricardo Ochoa, ruquero veteranísimo que parece que ha estado en la Tierra desde la época precolombina; o sea, al leer su biografía es así como de “formó Kenny y Los Eléctricos a principios de la década de 1980 después de que se disolvió Náhuatl, grupo que formó tras una larga carrera con Peace and Love, que tuvo gran éxito en Avándaro, y que fue lo mejor después de Dug Dugs, banda que había formado años antes después de su divorcio, porque…”, ajá, qué pedo con ese wey… seguro le tocó el Impresionismo.

En un momento de procrastinación analicé profundamente Me quieres cotorrear, y fui feliz, pues descubrí el significado de la canción y, por si fuera poco, entendí la esencia del verbo ‘cotorrear’.

En la primera estrofa, citada al principio de este absurdo texto, Kenny se lamenta y habla, directa o indirectamente, con su pretendiente. Al parecer ya habían salido una o dos veces y es posible que la relación entre ellos, al momento de la canción, no haya propiciado un acercamiento físico. Tal vez manita sudada, algunos besos, pero todo sin pasar de la segunda base. Por eso creo que habían salido pocas veces; quizá Kenny conoció al individuo fuera de su círculo de amigos. Se nota que Kenny no confiaba tanto en él y es evidente que no lo conocía tanto. Tal vez se encontraron en un toquín, mientras cotorreaban; a lo mejor Kenny le pidió fuego para encender su cigarrillo o él se acercó a ella para invitarla a bailar. Pero estoy segurísimo de que él no era del círculo de amigos de Kenny; a lo mejor su grupo de amigos conocía al grupo de amigos del individuo, pero para ella, él era un completo extraño, pero Kenny aceptó salir con él. Sola. Más de una vez. O. Eme. Ge.

En esas dos o tres citas, de conversaciones relajadas, él la trataba “muy tan natural” —qué pasó ahí… tarjeta amarilla de la RAE por anteponer un adverbio a un adjetivo comparativo—, pero cuando él veía a Kenny más relajada, quizá ya medio borracha, él le empezaba a insinuar pasar a otro nivel, cosa que a Kenny no le parecía. Es decir, ella sí quería algo más, tal vez, pero no le parecían coherentes las insinuaciones del tipo con la conversación y el contexto de la relación. Creo que Kenny usa la palabra ‘seducir’ como eufemismo de ‘coger’; de tener relaciones sexuales, pues. Kenny, evidentemente, desconfía. Apenas se están conociendo, como que hay click y no, están cheleando y, de repente, él le dice “vamos a mi casa a seguir cheleando porque aquí hace frío” o algo que similar, que le hacía pensar a Kenny que eran “pretextos para seducir”. O sea, “me quiere engañar nada más para coger”. Ese compadre no era directo, y provocó la desconfianza en Kenny. Y confusión. Confusión porque ella, al aceptar salir, pues por supuesto que estaba abriendo la puerta para iniciar una relación con él y averiguar adónde y qué tan rápido irían. Pero lo que la confundía era eso, que parecía que el tipo en realidad quería saltarse varios pasos, pero hacía parecer que no, al tratarla con naturalidad. Banderas rojas. “Me quiere cotorrear.”

La segunda estrofa es más interesante y nos da las pistas definitivas de la situación:

Aún yo sigo alucinándote,
que quieres verme y a veces no.
No sé que tanto tratas de fingir,
me desesperas con tu indecisión. 
No sé que diablos pasa, 
creo que me quieres cotorrear.

Sí he de admirar algo, es la perspicacia de Kenny. Ella se dio cuenta de que había gato encerrado. La inconsistencia de las acciones de este hombre le hicieron sospechar todavía más. La postura de ella es clara: no tiene compromisos, disfruta de la atención y está dispuesta a ver qué pasa con él. Ella da por entendido, quizá por las conversaciones que han tenido, que él está en la misma situación. Sin embargo, no es así. Cuando ella espera una rutina coherente de su parte, él se muestra remiso. Pero su indecisión parece tener una razón más sospechosa detrás. No es una indecisión propia de la timidez o de la inseguridad; tampoco se debe al desinterés por Kenny, pues él es quien la invita sola a salir, no ella a él. No, no, no, parece que ya sabemos qué pasa. La indecisión es porque él está escondiendo algo. Kenny no tiene toda la información y ella lo puede sentir. Ella sabe que falta una pieza en el rompecabezas debido a la discordancia de su comportamiento. Ella está convencida de que él está fingiendo y no sabe por qué. No sabe qué diablos pasa. Su conclusión es: nada más me quieres coger.

Mi conclusión es: él es casado.

Ella ya no tiene dudas al final de la canción y yo tampoco. “Yo sé que tú vas a cotorrear”, dice. Y lamentándose, ella termina por decir “Espero que puedas cambiar”, quizá en favor de él mismo y no tanto de ella.

Qué cosas.

Después de toda esta pérdida de tiempo, al menos entendí mejor el significado del verbo ‘cotorrear’. Viene de ‘cotorro’, y éste de la palabra taína ‘rorro’, como le llamaban los arahuacos a las guacamayas y a los pájaros grandes de muchos colores, en general —y también de ahí salió ‘loro’—. Esas aves que pueden hablar pero en realidad sus palabras no tienen significado alguno. En el caso de la canción… perdón… de la rola de Kenny, el tipo habla y habla, tratándola “muy tan natural”, pero en realidad sus palabras carecen de significado al darse cuenta Kenny que tiene otra intención. Hablar como cotorro. Eso ya lo sabíamos, por supuesto, pero no había reflexionado sobre el significado de “ir a echar el cotorreo”, por ejemplo. Cuando uno realiza una acción sin intención de que tenga alguna consecuencia significativa, como, por ejemplo, ir a tomarse una caguama a la banqueta con los amigos nada más para ver pasar el tiempo, o cuando uno sale de fiesta sin la intención firme de que pase algo, como conocer a alguien en específico o acabar voluntariamente en el torito, eso es “cotorrear”.

Qué cotorreo.