Nos sobran los motivos.


Blogs de Tribuna. Publicado en El Confidencial el 23/11/2014


El bipartidismo agonizante, nos ha dejado el país “tan maltrecho y ajado / que está cerrado por derribo”, que diría el maestro Sabina. Entre unos y otros, han dejado a la democracia y a la Constitución de 1978 a los pies de los caballos. Se han llevado a toda una generación de españoles y a la clase media por delante. Y lo han hecho con soberbia e impunidad, lo que deslegitima a los implicados para capitanear la regeneración política que pide a gritos la nación.

El hartazgo de la sociedad ha ido creciendo, y han tomado fuerza reacciones que estaban en pleno apogeo hace más de cien años. Por un lado, Pablo Iglesias y los suyos, con sus círculos, han calcado el modelo de los Sóviets, que fueron clave para el triunfo de la Revolución Bolchevique en 1917 (y que por cierto, no volvieron a pintar nada en la URSS). La amenaza de una República Bolivariana en España es cada día mayor.

Por otro, los nacionalismos decimonónicos vuelven a tener una gran relevancia; algunos proponen una independencia que no deja de ser utópica, ya que el debate está equivocado y la solución, en pleno siglo XXI, debe ser a nivel global; otros, más maquiavélicos, proponen una Europa nacionalista formada por no se sabe cuántas taifas, cada una con sus hechos diferenciales y sus privilegios forales o feudales y que anteponen a la nación frente al individuo, y que tan nefastas consecuencias tuvieron para Europa en el pasado. Una aberración teórico-práctica, que otorga derechos a los territorios por encima de las personas.

Por último, no debemos olvidar el desafío religioso, que si bien en otra época era lanzado desde los púlpitos y las sacristías cristianas, ahora cobra fuerza desde mezquitas y minaretes, cuando llaman a la yihad, o pretenden limitar los derechos de las mujeres, o simplemente, no respetan la ley democrática.
Hacía falta consensuar una tercera vía constitucionalista que recuperase la ilusión de la mayoría de ciudadanos, y luchase por hacer efectivos los valores supremos de nuestro ordenamiento jurídico constitucionalmente avalados

Con este caldo de cultivo, hoy más que nunca, hacía falta consensuar una tercera vía constitucionalista

que recuperase la ilusión de la mayoría de ciudadanos, y luchase por hacer efectivos los valores supremos de nuestro ordenamiento jurídico constitucionalmente avalados: la igualdad, la justicia, la libertad y el pluralismo político; y ello con una altura de miras propia de los desafíos que se plantean, centrando el discurso en la defensa de la democracia y ofreciendo a la ciudadanía un proyecto europeísta que ponga sobre la mesa una Europa Federal constituida por 30 o 40 Estados democráticos fuertes, formados por ciudadanos libres e iguales.

No ha podido ser. Ha faltado generosidad, o mano izquierda, o qué sé yo. Era la oportunidad para resetear el sistema desde dentro, cambiando la ley desde la ley, sin destruir el ordenamiento jurídico. Es tiempo de hacer POLÍTICA en mayúsculas, para que no sea peor el remedio que la enfermedad, para que la historia no se repita y para que nadie nos devuelva otra vez al tiempo de las sombras.

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