Sueñas

La realidad de los sueños, que tanto he aprendido de ella. Mejor espacio para reflexionar no hay que aquel que permite confrontar ciertas situaciones sin las implicaciones que la realidad occidentalizada impuesta conllevan.

Espacio para poner a prueba nuevas formas de relacionarse ajenas a toda relación de dominación y explotación, las cuales son la base de este proceso –patriarcal, occidental, hetero, carno, sexista, racista, cristiano y demás céntrico.

El espacio de los sueños es uno de los pocos donde podemos –o por lo menos intentar– mantenerlo ajeno a la tiranía de la civilización occidentalizada. Al conocernos, el espacio de los sueños permite concretar nuevas realidades, utilizar nuestra potencia como universos que somos para soñar lo impensable para el proceso.

Soñar sí, pero ¿para qué? Eso depende de cada singularidad: puede ser para reflexionar sobre lo que une es, sobre lo que la tiranía de la sociedad impone que seas, sobre lo que a une le gustaría ser pero no lo puede ser o sobre alguna posible realidad por venir. La cuestión es que el espacio de los sueños es una herramienta, es más, es una práctica de vida que permite lo impensable.