El efecto del “Pastorcito mentiroso” en las organizaciones: un espiral de frustración

Antonio se entera que en su trabajo existe una campaña de ayuda a los damnificados por el Fenómeno de El Niño gracias a un afiche puesto cerca a su oficina. En el material gráfico se lee que además de llevar donativos, se necesita voluntarios que vayan en el momento que puedan y ayuden a agrupar y ordenar estos donativos para su posterior traslado a las zonas en crisis.

Antonio tiene una agenda muy ocupada con los clientes del negocio y además con sus intereses personales. Aún así, ha organizado sus actividades e incluso ha postergado otras para asistir esa tarde a ayudar al terminar su horario de oficina.

Cuando Antonio llega no hay nadie en el punto de acopio. Muy decepcionado, al no encontrar indicaciones, teme ordenar las cosas sin saber si lo está haciendo bien o mal. Por ello abandona el lugar con la tristeza de no saber si regresar puesto que teme volver a postergar y sacrificar tiempo en vano.

Antonio es solo un ejemplo para darnos cuenta que a lo mejor esa falta de personas para ayudar se debe a ese espiral de frustración.

No encontrar a nadie que de las indicaciones para ayudar los hace sentir que solo han perdido el tiempo. Un tiempo que no piensan volver a entregar.

Claro está, el problema de comunicación no estuvo en estimular a Antonio que vaya ayudar. El problema estuvo en una deficiente organización de la actividad que finalmente termina causando el efecto del “Pastorcito mentiroso”.

Recordemos que el protagonista de ese cuento mentía tanto a los pobladores comunicándoles que un lobo quería comer a sus ovejas. Los pobladores respondían al estímulo de ayuda pero al llegar encontraban solo a un pastor que los había engañado. Debido a la gran desconfianza que generó el pastor, nadie le creyó cuando en verdad un lobo se metió al rebaño y se llevó todas sus ovejas.

¿Por qué? Porque Antonio cuando vuelva a ver otro anuncio de alguna otra actividad desconfiará en que el tiempo que dedique a esa actividad tenga valor alguno.

En una institución, la ventaja de la comunicación interna es que los públicos siempre están presentes. El error está en pensar que por ello siempre nos escucharán.

Si no se planifica las actividades a las cuales convocaremos a nuestro público interno ellos dejarán de creer en la propia institución.

La comunicación sin organización y planificación debida no sólo frustra el objetivo planteado, sino también las estrategias y objetivos futuros.

Cuidemos a nuestro público interno de las actividades y campañas institucionales sin fondo y planificación porque por más que queramos evitarlo, llegará el momento en el que por más que estén presentes no harán caso a los nuevos estímulos de comunicación.

La importancia de una Dirección de Comunicación no consiste sólo en generar estímulos de acción en el público interno. Sino además, en coordinar y articular toda la cadena de valor que logra los objetivos de las estrategias planteadas.

Para ello Dircom debe ser un área gerencial antes que de servicio. De lo contrario la coordinación de esa cadena será imposible y solo formaremos parte de ella de manera aislada.

Como Dircom, debemos estar siempre alertas a los “pastores” mentirosos de nuestra organización, porque de lo contrario, a nuestro público interno se lo comerá el lobo feroz de las otras organizaciones.


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