Mi amigo que ha muerto

Este año conocí a alguien que ya me conocía.

En algún momento le serví un plato de comida que no preparé yo, que no pagué yo pero que era de él.

Le vi la cara y me pareció triste. Con ojos negros grandes y llenos.

Tenía sangre en la nariz y cerca de los labios.

Alguna vez, estuvo sano y me vió. Y no lo ví a él.

Esta vez, me senté a su lado y hablamos.

Le limpié el rostro mientras me inundaba él a mí, en sus ojos.

Comimos. El de un plato y yo de él.

Pasaron unos meses.

Estuvo solo.

Volví a verlo.

Y ya no.

Murió. Murió con sus ojos negros grandes.

Murió solo y se liberó. Se liberó de esta vida, de sus carencias. Se liberó de ser ignorado una vez más. Se liberó del dolor de su cuerpo.

Se liberó de la espera.