Él

‘‘No le digas a nadie’’ es la única frase que logro recordar con certeza. Suenan fuegos artificiales, la alarma de un carro y un perro ladrando.

Todo es negro, no veo nada, no siento nada. Solo ruidos de la calle y el eco de la frase en mi cabeza.

No puedo respirar, me duele el pecho y comienzo a llorar. Sé que es un sueño, siempre es el mismo, pero no logro despertar. Se siente demasiado real: los sonidos, el olor de su desagradable aliento, el dolor en el pecho. Es revivirlo una y otra vez casi todas las noches.

Me despierto bañada en sudor frío, con la cara empapada en lagrimas, el pecho trancado y nauseas.

Otra noche arruinada.

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