Hecho en socialismo

Chao mami — Tenía todo listo: mi bolso con la cartera, los dibujos de ayer, hojas nuevas, colores y mi sacapuntas.— nos vemos mañana, te amo. — le doy un beso en la frente, acomodo su almohada, la arropo con la pequeña y rota sábana que el hospital puede proveer. Mi mamá me dedica una sonrisa, me volteo y salgo de la habitación.

Ya en el pesado tráfico de Caracas en la mañana, me dirijo donde siempre: entro al metro, compro un pasaje y entro a un vagón sobre poblado. Miro al rededor, personas recién bañadas, con cara de sueño y vestimenta de trabajo. Algunos niños con uniforme acompañados de sus madres van al colegio. Otros con pinta de ir a la universidad van leyendo con cara de preocupación. Me gusta imaginar lo que harán las personas luego de salir de aquí.

Una muchacha de unos 20 años va sentada leyendo y rayando su libro, diciendo algo entre dientes. Debe ir camino a alguna universidad, tiene un examen importante y está nerviosa, quizás necesite una nota alta para pasar la materia.

Un señor de aspecto cansado y algo desaliñado está a unos metros, el quizás está llegando de su trabajo, va a su casa a ver a su familia y a dormir todo lo que pueda antes de seguir con las responsabilidades que tiene en el día.

Estación Plaza Venezuela — se oye a duras penas por el parlante del vagón. Me salgo como puedo, hay demasiada gente. Todos se empujan, se tratan a los golpes y se insultan. Yo trato de salir sin un golpe. A empujones salgo de la gran masa de gente y me dirijo a la salida más concurrida, a mi lugar de siempre. Me siento en una esquina de las escaleras, saco de mi bolso los dibujos que no vendí ayer y los acomodo al rededor para que la gente los vea. Saco hojas de papel y un lápiz, miro al rededor buscando inspiración. Nada.

Cierro los ojos, pienso en un paisaje, en el mar, en un campo…nada. Trato de recordar lo que vi en el camino. La chica de 20 años, ella era muy linda. Con paciencia trato de dibujar los detalles que vi: el asiento del metro, la ventana, el libro que sostenía en sus manos, el lápiz con el que rayaba, su cara, la expresión de su rostro. No soy un gran artista, pero creo que me defiendo bastante bien.

Una señora que va pasando mira mis dibujos y se detiene. Me mira a mi con la cara que todos me ponen al verme dibujar, en sus ojos se ve lo mismo que en el de todos los demás: lástima.

¿Los estás vendiendo? — me preguntó la señora. Levanto la mirada de mi dibujo, la mujer es pequeña, se ve muy elegante y huele a perfume, debe tener unos cuarenta y tantos, quizás es madre de dos hijos y es estricta. — Si señora, 100 bolívares cada uno. ¿Alguno le gusta? — De nuevo mirada de lástima, ya estoy acostumbrado. — ¿Por qué no estás en el colegio? — Odio esa pregunta. — Necesitamos dinero, mi mamá no puede trabajar porque está en el hospital y tenemos cuentas que pagar. No es mucho lo que hago con los dibujos, pero amo el arte y ayudo a mi mamá. — La señora mira de nuevo mis dibujos, me pide dos y me da 200 bolívares. — Que tenga un buen día señora — Le dedico una sonrisa honesta, la señora guarda los dibujos y sigue su camino.

Así pasa el día, busco inspiración, dibujo, la gente me mira con lástima, otros con asco. Una que otra persona me da dinero por caridad, otras se acercan a ver mis dibujos sin decir nada y siguen su camino.

Veo el reloj de la estación, son las 4:30 de la tarde, tengo hambre. Recojo todo con mucho cuidado y voy a comprar algo con lo que logré ganar hoy. Me acerco a una panadería, como siempre, hay una cola enorme de gente esperando, a ver si consiguen pan. Entro a comprar un cachito: 700bs. Veo cuánto dinero tengo, me alcanza, pero no compraré un jugo para poder llevar algo de lo que gané a casa.

Voy a sentarme en una de las mesas a comer, pero el panadero me corre del lugar. Supongo que no me debo ver bien luego de horas sentado en el piso del metro.

Regreso a mi escalera, en el camino me como mi cachito. Quedé con un poco de hambre, pero es suficiente para aguantar hasta el día siguiente.

El día continúa igual: vendo algunos dibujos, hago unos nuevos, miradas de lástima, desprecio y algunos bolívares por caridad.

Son las 8pm, debo irme, es bastante peligroso a esta hora. Guardo todo en mi bolso y me voy a mi casa. Mañana en la mañana iré a ver a mi mamá y seguiré trabajando.

Llego a mi casa, mi hermana está dormida. Voy a mi cuarto y guardo el dinero de hoy: 2500 bolívares. Tendría más de no haber comido. Con lo que tengo guardado llego a 8000 bolívares, si tengo suerte comprare un cartón de leche para mi hermana.

Me acuesto a dormir, escucho los ruidos de la ciudad: disparos, ambulancias, música de algunos de los carros que pasan…el mismo pensamiento me rodea antes de dormir, el mismo de todas las noches desde hace meses: mañana será el día en el que mi mamá va a mejorar.