Casos que se funden en estadísticas
Súbete, ¡ahí viene el tren!
Por: Diana Leticia Nápoles
El padre le toma la mano y lo empuja para que pueda trepar por la estructura del vagón sin caer. El tren está en marcha. El niño se sujeta fuertemente sin demostrar el miedo que le provoca ver los rieles debajo de sus pies, al tiempo que mira a su padre aferrándose a los tubos para terminar de abordar. El aire le pega en la cara y él se siente valiente.
La situación de los migrantes va tornándose cada vez más preocupante. Tan solo en estas semanas se han reportado un número de casos significativo de afectaciones hacia estos grupos de personas, la mayoría provenientes de Centroamérica.
Son miles de personas que huyen de sus países, algunos porque no han logrado encontrar una fuente de ingresos que les permita mantenerse, otros porque no están dispuestos a tolerar la situación del crimen organizado que impera en sus tierras. Son muchos los motivos, sin embargo, solo una solución aparece ante sus ojos como el “camino más viable”.
El jueves 17 de abril, El Siglo de Torreón publicó que se habían encontrado 370 niños, niñas y adolescentes abandonados por traficantes de personas en nuestro país. La cifra espanta, más aún al pensar que todos son menores de edad. Al pensar en migrantes generalmente imaginamos que la mayoría son adultos, padres de familia desesperados por encontrar un empleo en Estados Unidos, pero no es así. El número de niños que avanzan a través de México para reunirse con sus padres o ir con ellos es cada vez mayor.
Frente a estos hechos, uno de los comisionados de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), declaró que esto demuestra la vulnerabilidad a la que se exponen al cruzar México. Antes de ahogarnos en estadísticas y cifras sobre cuántos menores cruzan el territorio nacional para llegar al país vecino, hace falta detenerse un poco para considerar ¿por qué un niño necesita migrar? ¿Por qué a una edad tan temprana ha dado por hecho que no puede permanecer en su país de origen? ¿Qué serie de circunstancias lo obligan a sentir que estará mejor en otro territorio, bajo otras leyes que aún desconoce? ¿Qué lo motiva a realizar el viaje conociendo de antemano la cantidad de testimonios y noticias que a diario se difunden sobre las experiencias que se viven en el trayecto?
Cuesta mucho encontrar una respuesta justa para todas estas interrogantes, pero cuesta todavía más observar todo esto de lejos, como quien no participa por estar atareado con lo propio. Miles de niños siguen migrando y otros miles ya están planeando hacerlo durante los siguientes meses o semanas. ¿Cómo detenerlos?, ¿cómo ayudarlos?
Nuestras instancias nacionales no pueden hacer tanto como quisiéramos. Una de las maneras en que se ha mitigado el fenómeno de la violencia en los migrantes es interponiendo demandas ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), no obstante, esto no siempre resulta útil, pues el tiempo que toman las investigaciones se alarga más de lo que muchos están dispuestos a esperar.
Ellos, todos los migrantes menores de edad, no pueden esperar. Necesitan atender sus necesidades diarias, tales como conseguir alimento, aportar ingresos para comprar los medicamentos de algún miembro de la familia, o simplemente porque desean conseguir mejores condiciones de vida para los suyos. Ya esperan la llegada de “La Bestia” y de otros trenes o autobuses clandestinos para acercarse a la frontera. Esto no es todo, ni es el inicio siquiera. El diario también publicó que un asalto a “La Bestia” dejó como saldo cuatro migrantes muertos, entre ellos tres mexicanos, mientras cruzaban el estado de Chiapas.
Ésta es otra muestra de que la situación de “ilegalidad” en la que se desplazan estas personas los deja en total desventaja frente a cualquier ataque del crimen organizado. Nuestro país no puede garantizar el estado de derecho de quienes, aunque sean indocumentados, cruzan nuestras tierras. Y si no es el Estado, ¿entonces?
Según una nota publicada por El Universal, el Instituto Nacional de Migración (INM) de México reportó que durante 2012 “se registraron seis mil 107 eventos de niños, niñas y adolescentes migrantes en detención migratoria”, mientas que el año pasado la cantidad se disparó hasta nueve mil 893, es decir, aumentó en tres mil 786 casos.
Aunque las cifras ahoguen las historias personales de cada ser humano que decidió emprender este viaje, siguen existiendo. Si nuestro país no comienza a trabajar más fuertemente en garantizar el respeto a los Derechos Humanos de quienes se encuentran en nuestro territorio, la cantidad de migrantes violentados seguirá creciendo a pasos tan agigantados como lo ha hecho hasta hoy, y terminará por dejarnos mudos, quizá también ciegos, tan ciegos como cuando vemos una cifra y despersonalizamos el evento.
Twitter: @diananapoles
Publicado originalmente en: http://www.charmlife.com.mx/articulo.php?id=354