Una visión histórica de la obesidad
Del prestigio al rechazo social
Por: Diana Leticia Nápoles
Las formas corporales son históricas, y lo que hoy es deseable puede que mañana deje de serlo, a pesar de que la medicina diga que es lo ideal.
El tema de la obesidad se ha convertido en uno de los que más discusiones han generado durante los últimos cinco años. Cientos de casos se exponen a diario, donde se da cuenta de los tratamientos y medicamentos que existen para tratar este padecimiento. Sin embargo, la obesidad no siempre fue vista como una enfermedad, pues hubo una época en que ser obeso era signo de opulencia y prestigio, incluso hay un dicho francés que dice: “El avaro guarda su tesoro y nadie lo ve, pero el obeso lo lleva con él”, por lo que el peso excedido llegó a ser algo que se presumía.
La investigadora lagunera Laura Orellana Trinidad escribió su tesis doctoral sobre el tema. El título de su trabajo es “La medicalización de cuerpo excedido. La obesidad como problema de los discursos médicos y publicitarios de la prensa mexicana en el período de 1880 a 1920”, y su enfoque histórico parte del presente. En su investigación, Laura recabó datos hasta la década de 1940, pero esa información ya no fui incluida en el trabajo.
Uno de los autores consultados por la investigadora, un historiador de la ciencia, dice que cuando se establece una categoría médica, las personas que son incluidas en ella terminan por ser impactadas de diversas formas.
Por ejemplo, al crear la categoría de la obesidad y establecer que los obesos son personas que cuentan con cierto peso o medidas, el hecho de hacer sentir aludida a una persona que entra en esta categoría puede generar una serie de reacciones que impactarán su vida, de forma que puede llegar a tener pensamientos como: “No soy deseable”, o “Tengo que tratarme o realizarme una operación”. Es decir, el grupo de población afectado queda estigmatizado en cierta medida.
La introducción del texto parte de la pregunta: ¿por qué la obesidad es un problema actualmente?, de forma que la autora tuvo que investigar algunos aspectos de esta enfermedad en la época contemporánea en México, sobre todo porque 2010 fue un año que representó algo así como “el pico de esta pandemia”.
“Al documentarme me di cuenta de que en ese año hubo una reunión a nivel internacional donde el entonces presidente, Felipe Calderón, aceptó que México era el segundo lugar en obesidad a nivel mundial, aunque luego hay que hacer algunas acotaciones porque somos el segundo lugar entre los países miembros de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), no a nivel internacional, además de que también tenemos el primer lugar en obesidad infantil. Entonces, a partir de 2010, este tema comenzó a hacerse viral. Y algo que encontré es que en 1998 México aceptó empezar a medir la obesidad con el IMC (Índice de Masa Corporal), que fue propuesto por la OMS (Organización Mundial de la Salud)”.
En ese tiempo, la OMS le pidió a todos sus países miembros que establecieran políticas para atender lo que ellos ya veían como un “grave problema”, y en 1998 México emitió una norma oficial donde se establecía que la obesidad empezaba si el IMC de una persona tenía un valor de 27 o más, ya que la OMS decidió que cada país tomara sus propios parámetros, es decir, no se fijó una cifra estándar a nivel mundial.
“Creo que el conteo de los obesos creció mucho debido a esta acción, porque nuestro IMC comenzaba tres puntos abajo de los del resto del mundo (que tenía un valor de 30). Incluso, investigaciones posteriores tomaban como referencia el IMC establecido en 1998, aun después de que en 2010 se modificó”.
En 2010, México cambió su parámetro de obesidad al que tenía la OMS, es decir, el IMC quedó fijado en un valor de 30 o más. “Yo no sé qué tanto impactó esto en el conteo de las cifras, porque obviamente estando más abajo (en 27) la categoría de ‘obeso’ abarcaba a un mayor número de población, pero lo que sí sé, es que la OMS dio la indicación a sus países miembros de que tenían que atender este problema, por lo que después de dos meses de esta reunión, México emitió una norma”.
Laura comenta que a ella se empezó a interesar por el tema porque en ese momento no observaba a tanta gente obesa en su entorno. “Yo decía: ¿cuándo empezó esto o qué pasó? Así surgió mi interés para realizar esta investigación. Entonces me fui yendo hacia atrás, y fui constatando que hubo épocas en las que no existía gran preocupación por este tema”.
En una encuesta realizada como parte de la investigación entre alumnos y familiares de la Universidad Iberoamericana Torreón, se preguntaba a mujeres de sesenta años y más en qué se fijaban al elegir a un hombre como pareja. “Preguntábamos si se fijaban en el físico, y decían que no. Más bien decían que tomaban en cuenta si el hombre era trabajador, honesto y limpio (en cuestiones de higiene). Pero recalcaban que no se fijaban en el físico”.
De la misma forma, la pregunta se realizó entre hombres de la misma edad, y ellos respondieron que en aquellos años buscaban a mujeres que tuvieran gusto por el ambiente doméstico y los niños. “Luego me di cuenta de que hacia 1880 empezaron a surgir medicamentos para la obesidad, y muchas notas en los periódicos de la Ciudad de México hablaban sobre este tema”.
La historiadora dice que a partir de 1880 se dio una primera ola de preocupación por la obesidad.
MEDICALIZACIÓN DE LA OBESIDAD
Uno de los aspectos teóricos de los que partió esta tesis fue el hecho de que la medicina va apropiándose de terrenos que antes no eran considerados “médicos”, es decir, problemas que anteriormente se resolvían de otras formas. Por ejemplo, hay quienes han explorado cómo se ha “medicalizado” la infancia, en el sentido de que ahora si un niño es inquieto, rápidamente puede llegar a decirse que sufre el trastorno por déficit de atención (TDAH). “Esto que antes era visto como un problema de educación, ahora es considerado un problema de salud”.
En septiembre de este año el gobierno de México propuso una iniciativa de ley para impedir que los profesores le indiquen a los padres que tienen que medicar a sus hijos, debido a que ha habido muchos casos en los que los maestros no quieren lidiar con niños inquietos y le piden a los padres que los mediquen, y si ellos no lo hace, dejan de recibirlos o atenderlos en las escuelas. “Imagínate a qué grado ha llegado la situación para que sea necesario que los diputados tengan que presentar una iniciativa de este tipo”, comenta Laura.
Además, hay muchas investigaciones en torno a cómo la medicina va apropiándose de varios aspectos de la vida. Por ejemplo, la vejez era vista como un período de la vida en el que las personas iban perdiendo ciertas funciones y hoy en día hay toda una idea de que la vejez se debe atender.
Uno de los autores que Laura tomó como referencia, sostiene que la hipocondría ya no es un problema, porque realmente ahora es muy difícil encontrar a alguien que no tenga alguna enfermedad. Hay muchos textos y literatura que hablan de cómo los médicos empezaron a entrar en este terreno –el de la obesidad– y cómo empezaron a crear enfermedades que luego la medicina empezó a atender.
La investigadora comenta que hay una obra de teatro francesa de 1923 que tuvo mucho auge, donde se contaba la historia de un médico que vivía en el campo y atendía a los enfermos del lugar; luego, llegó un doctor joven a suplirlo y antes de instalarse le preguntó al médico veterano que de qué se enfermaban los pobladores de esa región, a lo que el médico contestó que ahí las personas eran bastante sanas. Más tarde, el doctor joven inició toda una campaña informativa de que había microbios y bacterias que no se veían, diciendo que todos estaban enfermos. Así, una anciana que acudió al médico porque tenía insomnio, cuyo remedio anterior para dormir era leer la Biblia, ahora salía del médico con una receta para surtirse y poder mejorar.
Esta perspectiva de medicalización es algo que se ve a partir de 1880, cuando las medicinas empezaron a surgir, ya que antes de esa década casi no se vendían medicamentos, lo que había eran “preparados” en las farmacias, los cuales eran pedidos a solicitud por los médicos. Sin embargo, hacia 1880 comenzaron a llegar medicinas empaquetadas. “Incluso, encontré discusiones entre médicos en las que hablaban de cómo iban a recetar algo que estaba empaquetado, es decir, un producto que ellos mismos no sabían lo qué contenía”.
La historiadora encontró tres visiones de la obesidad. En la primera, se pensaba que los obesos nacían así, pero como tenían ese “defecto” (ya que la obesidad podía ser vista así en esa época), la vida los compensaba de alguna forma. Entonces, la compensación podía ser que la persona fuera un buen escritor o alguien reconocido en otros ámbitos. Esto proviene de una tradición griega muy antigua que enuncia que si alguien tiene un defecto es porque tuvo contacto con los dioses, quienes le otorgan un castigo pero también una compensación. Entonces, decían: “Pues está gordito pero… Es simpático”. En su tesis, Laura le llama a esta visión la Ley de las compensaciones.
Otra de las concepciones viene de la biología, de las anomalías en la naturaleza. Los biólogos empezaron a estudiar cuestiones anómalas, y entre ellas aparecían las personas obesas. Las anomalías incluían a personas que nacían con dos cabezas o animales con cinco patas. Había un museo en México donde se exhibían animales con esas características, lo cual empezó a causar mucho asombro, por lo que llegaron a surgir circos de gente “extraña” como enanitos, albinos, y entre ellos aparecía la mujer gorda o los niños gordos. A ésta, la historiadora le llamó la visión grotesca de la obesidad.
La tercera es la visión médica, donde se ve a la obesidad como una enfermedad. “Anteriormente, las personas obesas eran vistas como gente que tenía prestigio, porque tenía dinero para comer bien. Se hacían reuniones de gordos con personas que pesaban más de cien kilos; el prestigio se medía por medio de la obesidad. En este período empezó una primera medicalización de este padecimiento”.
En el caso de México estas tendencias llegaron de Europa, es decir, toda esta visión. Desde el siglo XVIII, en Europa ya existían muchas maneras de acercarse a la obesidad, porque poder ver la obesidad no es algo natural, primero se tienen que crear conceptos para que algo comience a ser visible para la sociedad.
Orellana comenta que hace cuarenta años la gente no lo veía. “Puede ser que hubiera menos obesos, pero la gente no se percataba porque la obesidad era algo que no interesaba. Uno ve lo que la cultura quiere que veamos”. La atención empezó a centrarse en este tema debido a una serie de acontecimientos en Europa que empezaron a hacer que la obesidad fuera vista como un problema o como un fenómeno de riesgo.
Hacia 1830 las aseguradoras médicas fueron una de las primeras instituciones en ver la obesidad como un problema. Al inicio sólo se aseguraban inmuebles contra incendios y cosas de tipo material, pero no la vida, sin embargo, en esa época se dio el desarrollo de la estadística. Antes de esa época la cuantificación no existía. Todo era al tanteo. Los conceptos que se usaban para describir la obesidad antes de la estadística eran: robusto, gordo, sí se usaba la palabra ‘obesidad’, pero era un tema muy confuso. No había palabras para nombrarla, incluso la graduación era poco clara y se utilizaban términos ambiguos.
Con el desarrollo de la estadística empezaron a construirse tablas de pesos y medidas con tallas como: pequeño, mediano y grande, con diferencias por género, edad y complexión. Las primeras tablas de pesos y medidas que se inventaron tomaban como referencia a las estatuas griegas. “Se simuló vaciar el volumen de las estatuas para ver el peso que tenían, y luego les tomaron la estatura. Después, con estas medidas se creó la primera tabla, una muy rudimentaria, que con el paso del tiempo se fue modificando”.
Al principio, las tablas eran una expresión del promedio, pero luego pasaron a ser una expresión de lo deseable. Más adelante se desarrollaron las básculas, que antes sólo eran usadas para pesar los granos o la comida; eso fue hasta principios del siglo XX, cuando empezaron a ponerse las básculas en las farmacias, aunque aún no existía la idea de que las personas tenían que pesarse periódicamente. Luego, la obesidad se fue asociando con una falta de longevidad, pues se veía que la gente más gorda –de 300 o 400 kilogramos– moría primero. Por ello, este padecimiento se asoció con una idea de riesgo.
Hay dos textos de mediados del siglo XIX, que explican que para otorgarle un seguro médico a una persona, primero se le tenía que aplicar un cuestionario de alrededor de cien preguntas para determinar si sería un buen cliente. Los seguros médicos empujaron a la medicina para que ésta tratara de encontrar un indicador con el que se pudiera determinar si una persona era propensa a padecer enfermedades o no, entonces empezaron a aparecer varias propuestas de indicadores, uno de ellos fue “modificaciones del peso”.
Después, tanto las aseguradoras como la estadística, empezaron a usar estas tablas de riesgo, en conjunto con el surgimiento de la industria farmacéutica. “En esa época se creía que los medicamentos iban a curar todo y que gracias a ellos la gente iba a durar mil años. Tú lees el entusiasmo en la prensa de aquel tiempo, donde se presumía que existía medicina para todo”.
La difusión de la prensa comenzó a ser notable en el siglo XIX, cuando se publicaban dietas, además de que los médicos empezaban a difundir los medicamentos, y una preocupación creciente por la obesidad.
Antes de 1880 las notas sobre la obesidad eran muy escasas, y a partir de ese año empezaron a publicarse mucho más. Por eso, esta tesis se centró en el período de 1880 a 1920. En 1920 hubo un declive. Laura dice que ella lo atribuye a la Revolución en el caso de México, y a la Primera Guerra Mundial en el caso de Europa, debido a que hubo escasez de alimentos. Este declive del interés por el tema se retoma unos años después.
En esa época llegaba un gran número de notas y medicinas de Europa a México, a tal grado que los médicos empezaron a decir: “Oye, pues parece que ésta es una enfermedad grave”. Laura cuenta que en los periódicos mexicanos los médicos se preguntaban cuándo y bajo qué condiciones podían diagnosticar la obesidad, porque no estaban seguros, pensaban: “Quizá se pueda llamar obesidad cuando la cara de una persona pierde forma”. Como se ve, no existían parámetros claros, por lo que la gente se angustiaba mucho.
Como las personas no se pesaban y tampoco eran comunes las mediciones, algunos médicos sostenían que alguien padecía obesidad cuando sus ojos se fueran haciendo pequeños, ya que los rasgos del cuerpo se iban deformando. Así fue como durante más de una década, los médicos mexicanos fueron estableciendo parámetros subjetivos para definir qué era la obesidad. Unos decían una cosa y otros decían otra.
Había quienes creían que la causa de la obesidad era comer mucho y llevar una vida sedentaria. Otros declaraban que era porque la gente tomaba arsénico y esa sustancia los hacía engordar. Algunos más decían que era por herencia, había muchas explicaciones. Tal importancia cobró que la publicidad empezó a penetrar en este tema.
Laura incluye en su investigación información sobre un medicamento que empezó a venderse en nuestro país alrededor de 1909. Se trataba de un extracto de tiroides de oveja, que actualmente es utilizado para acelerar la tiroides. Los médicos observaban que cuando la gente tomaba esto adelgazaba, por lo que empezaron a recetarlo para tratar la obesidad. Sin embargo, esta sustancia aceleraba todo el organismo, y los médicos en EU daban testimonio de muertes frecuentes por esta causa.
Por otra parte, la publicidad era bastante agresiva al referirse a este tema. Por ejemplo, una nota periodística de esos años contaba la historia de una joven a la que sus amigas tachaban de gorda por lo que era apodada “Grasita”. Ella decidió encerrarse un mes diciendo que se iba de viaje, porque quería tomar un medicamento para adelgazar. Después, cuando volvió a salir de su casa, ya con unos kilos menos, fue bautizada con un nuevo apodo: “Gracia”, a causa de su nueva apariencia.
En la publicidad también se criticaba que al padecer obesidad las mujeres no podían realizar sus quehaceres domésticos con esmero, lo cual las hacía blanco de críticas ya que en esa época ésta era la principal ocupación de las mujeres. Algunos de los titulares que se publicaban en los periódicos eran: “La mujer gorda y el trabajo doméstico”, “Vea usted cómo se resbala la gordura”, “Gorda toda mi vida, cómo me la quité”, “La gordura es una ofensa”, “Contenta porque se fue la obesidad”, “La lucha por conservarse delgada”, “De la corpulencia a la belleza, una receta inapreciable”, “Mujer obesa se convierte en acróbata”.
Como se puede notar, la publicidad era muy agresiva y dado que aún no se establecían parámetros claros para medir o diagnosticar esta enfermedad, el tema comenzó a generar angustia, sobre todo en las mujeres. Se tiene registro de reportes en los que las mujeres preferían dejar de comer por estas cuestiones.
Otro de los hallazgos de la investigación fue que cuando la obesidad representaba prestigio era básicamente masculina, mientras que cuando la obesidad comenzó a ser algo reprobable empezó a ser femenina, es decir, la atención empezó a ponerse en las mujeres. Laura comenta que aunque seguramente había hombres obesos la crítica era dirigida hacia las mujeres. Hay algunas autores que piensan que este cambio se dio hacia 1920, cuando las mujeres participaban en cuestiones de feminismo y demás, como una manera de mantenerlas preocupadas por su cuerpo y no por lo que pasaba afuera.
Otro de los autores que Laura consultó dice que las formas corporales que se establecen como deseables en una determinada época, por lo general adoptan el estado de la clase alta. Por ello, mientras la obesidad fue vista como síntoma de prestigio para la clase alta, ser obeso era incluso algo deseable.
Finalmente, la historiadora expone que en Estados Unidos hay un movimiento de médicos que propone que la salud no se debe ver en el tamaño del cuerpo. Por el contrario, los integrantes de este grupo explican que hay que poner énfasis en la salud, no en el tamaño del cuerpo.
Contacto: diana_inte45@hotmail.com
Twitter: @diananapoles
*Texto publicado originalmente en Revista de Coahuila, número 277 edición octubre 2014. Se edita y distribuye en Torreón, Coahuila.