Víctor Silva, el Niño Maravilla del fútbol ciego

Por Cindy Galaz

“¿Ves al número 10, el moreno que está en la fila? Él es el Víctor, el Alexis Sánchez del fútbol ciego, el goleador del equipo y el que siempre anda motivando al resto”, cuenta entusiasmado Luis Vásquez, director del Comité Paralímpico de Chile.

Son casi las 12.30 horas, y bajo el intenso frío capitalino, diez seleccionados nacionales entran en fila a la cancha 1 del Complejo Deportivo Terra Soccer, en Ñuñoa, para entonar el himno nacional antes del partido entre ellos. Ahí está Víctor Silva (20), quien luego se dirige al centro de la cancha para la tradicional arenga.

Nada fuera de lo común en un partido de fútbol, excepto por un detalle: los equipos están compuestos por cinco jugadores, cuatro de ellos ciegos, con sus ojos completamente vendados; un llamador o guía, que se para detrás del arco rival y orienta a los jugadores; un balón con cascabel en su interior y una hinchada silenciosa. Es una de las prácticas de la selección chilena de fútbol ciego.

“El fútbol convencional es más bullicioso, acá sólo se tiene permitido gritar cuando se anota. Esto porque durante el juego, los futbolistas deben estar atentos al sonido del balón y de las instrucciones que el guía les da cuando están cerca del arco rival. Además, cada vez que alguien tiene el balón debe gritar ‘voy’ para que sus compañeros de equipo, que están cerca, lo apoyen en las jugadas que pueden convertirse en gol”, explica César Pino, DT de la Selección.

Y en ese trabajo está precisamente Silva, que tras una habilitación de su colega, Renato Villagra, anota el primer tanto para el equipo rojo. “Nadie creería que juega fútbol ciego hace sólo dos años. Él antes veía y desde chico siempre fue bueno para la pelota. Pero la retinitis pigmentosa con la que nació, le fue quitando la vista hasta dejarlo ciego. Fue súper fuerte para él, pero no dejó que esto le quitara su sueño. Se enteró que existía una selección chilena de fútbol ciego y quiso estar ahí, y bueno, ahí usted ve el resultado”, comenta su madre Berta Pavez, mientras ve cómo su retoño anota el segundo tanto para su equipo.

Sin embargo, Víctor -oriundo de Melipilla y estudiante de sicología- no se cree el cuento y trabaja duro para llegar a los Parapanamericanos de Toronto. “A los 15 me fui a Uruguay buscando una oportunidad en el fútbol, sin saber lo de mi vista. Cuando estaba allá empecé a notar que no veía mucho de noche y el equipo en el que estaba me brindó todo el apoyo. Pero llegó un momento en que no pude seguir y tuve que devolverme. Fue triste, pero ahora volveré a esas tierras gracias a una gira preparatoria que tendremos. Estoy cumpliendo lo que siempre quise, solo que de una forma diferente”, cierra.

Las reglas: penal al quinto foul, sin límite de cambios, 50 minutos de juego

Esta disciplina se juega con arcos de 3x2 en una cancha de 40x20. Se divide en tres tercios, en cuya parte central el DT da indicaciones a sus jugadores. El resto del terreno es para los únicos integrantes videntes que son los arqueros y los guías (estos últimos van tras el arco rival). Se juega 25 minutos por lado y las faltas se cobran en forma grupal, con un máximo de cuatro. Esto quiere decir que al quinto foul, automáticamente se cobra penal a favor del equipo contrario. No hay límite de cambios y se puede pedir tiempo, igual como ocurre en los juegos de básquetbol. Chile está clasificado a los Parapanamericanos luego de que Paraguay fuera excluido por no contar con un Comité Paralímpico.

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