Esa seño sino le pone atención a uno…

La escuela es el espacio donde los niños empiezan a ampliar la visión del universo, que hasta antes de entrar se limita a su familia, su casa y su entorno inmediato. Al llegar a la escuela un niño amplía sus sueños. Descubre que el lugar más lejano al que puede llegar no es la cabecera municipal a unos cuantos kilómetros de su vereda. Descubre que debe cumplir ciertas normas y que hay momentos establecidos para todo. Hay un momento para comer, para jugar, para trabajar en grupo, para escuchar a los demás. Reconoce que tiene un espacio propio que su vez también lo tienen los demás.

Un niño de una vereda del Urabá cordobés, al confundir una casa africana con su casa hecha de palma y madera aprende a establecer relaciones y a reconocer otros lugares del mundo que a sus siete años no conocía.

Uno de los grandes retos en los primeros años de la escuela, para los niños de esta región, es aprender a compartir no solo los materiales y espacios sino a su profesor. El modelo establecido para preescolar y básica primaria en las escuelas rurales de Colombia es el modelo Escuela Nueva. En el que un solo profesor debe atender los niños de diferentes grados, pues no existe la cantidad de niños necesaria para contratar un profesional para cada curso. Así un profesor puede trabajar en un mismo salón con cuatro estudiantes de preescolar, uno de primero, cuatro de segundo, tres de tercero, cuatro de cuarto y cinco de quinto, apoyado en guías diseñadas para el “apredizaje autónomo”. De esta manera se atiende a los estudiantes que aún no saben leer y escribir dejando a los grados superiores trabajar autónomamente.

En teoría el modelo resulta práctico y responde a las necesidades del contexto. En en la práctica los niños de grados superiores han aprendido a medias. Académicamente no entienden lo que leen, no entienden que sumar es agregar o que restar es quitar. Además no cuentan con los materiales necesarios para cumplir con las actividades propuestas en las guías. Se podría pensar que ningún niño a esta edad lo sabe hacer, sin embargo no dependen de un modelo que los obliga a desarrollar sus habilidades de esta manera y cuentan con mayor acompañamiento para poder avanzar. El éxito de este tipo de educación depende del sentido de disciplina y responsabilidad de los niños, que no se ha podido desarrollar plenamente quizás por la falta de atención en el colegio, falta de preparación del profesor para afrontar este reto y poco acompañamiento de los padres quienes no han asumido la responsabilidad que Escuela Nueva implica también para ellos.

El resultado de esta educación deficiente es estudiantes de bachillerato que siguen sin desarrollar las competencias básicas y en este panorama el objetivo de enriquecer su visión no se cumple. Un niño de una vereda del Urabá cordobés a sus 14 años se sorprende al descubrir que en el mapa de América Panamá no es el puente de la entrada de su vereda.

Cómo hacer que este tipo de educación funcione cuando los padres de familia, actores fundamentales en el desarrollo de los niños, tienen otras prioridades y planes para sus hijos. Para algunos las tareas y el desempeño académico nunca son tan importantes como el último capítulo de Diomedes, el culto o el comportamiento “inmoral” de todo aquel que no comparte su visión.

Por otra parte hay profesores mal preparados, sin vocación, haciendo solo lo obligatorio y contando las horas para terminar la jornada. La educación rural que en sí misma es un desafío necesita de personas comprometidas, entregadas y abiertas al aprendizaje. Por suerte, todavía quedan algunos dispuestos a aceptar el desafío y a inventarse los caminos para sus niños nunca dejen de soñar.