Desconocidos

Sobre el amanecer pidió salir al patio. Llevaba su quillango de guanaco pintado sobre los hombros. Al salir el sol se arrodilló sobre el pasto y abrió los brazos. Dejó caer su abrigo y comenzó una serie de movimientos de cara al sol. Nadie supo que aquella era la danza ritual de los Tehuelches antes de emprender cada batalla. Bailaba ante su padre, el Sol, para que lo fortaleciera con su calor. Bailaba de amor ante su Madre, la Tierra, agradeciendo el milagro eterno de la vida. Y bailó para cada uno de sus ancestros, los dueños de la tierra. Aquel hombre le pedía permiso al universo para la batalla.

Recogió el quillango y volvió a los sótanos del Museo de Ciencias Naturales de La Plata donde lo tenían prisionero. Ese mismo 24 de septiembre de 1888, por la noche, moría Modesto Inacayal, el último guerrero Tehuelche.

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