Tomando en serio nuestras escuelas católicas (enero 2018, Cristo es nuestra Esperanza)

Cuando visito nuestras esquelas, a veces les digo a los estudiantes que fui a las escuelas católicas por 25 años. Sólo me miran como respuesta. No sé si piensan que fui un estudiante particularmente lento, un glotón para el castigo, o qué.

Cualquier otra cosa que mi carrera educativa larga hizo por mí, me dejó como un campeón de la educación católica. Cuando era joven, la educación católica era tomada por sentado. Casi todos los niños católicos fueron a escuela católica para la primaria y secundaria. Casi todas las parroquias tenían su propia escuela. La sangre de la vida de estas escuelas era hermanas religiosas y a veces hermanos y sacerdotes.

Por supuesto, mucho ha cambiado. Las familias católicas son más pequeñas en promedio. Muy pocos religiosos están disponibles para la enseñanza. El costo ha aumentado significativamente. Muchos padres, por una variedad de razones, eligen la educación pública. Una escuela anexa a la parroquia ya no es vista como algo esencial, incluyendo muchos párrocos. Como resultado, varias escuelas han cerrado o se han consolidado en los últimos años, y otras están en riesgo.

A veces, la prudencia dicta que nos inclinamos hacia las tendencias sociales y seguimos adelante. En otras situaciones, la tendencia está justificada. No soy un hombre de apuestas, y no pretendo ser capaz de predecir el futuro. Pero estoy comprometido a promover y apuntalar la educación católica en la Diócesis de Joliet.

En consecuencia, he reunido un grupo de 12 personas (parecía un número propicio) para trabajar conmigo en la evaluación y planificación de nuestras escuelas en el futuro. El grupo incluye a cuatro individuos con amplia experiencia como educadores católicos: el hermano James Gaffney (un hermano cristiano, recién retirado después de muchos años como presidente de la Universidad Lewis); Hermana Mary Paul (una Dominicana que enseña en la Universidad DePaul después de muchos años como administrador de la escuela); Dr. Sandy Renehan (recientemente retirada como directora de La Academia de todos los Santos en Naperville); y el Sr. Terry Granger (presidente de las escuelas del Obispo McNamara en Kankakee y director de la secundaria del Obispo McNamara).

Hay dos miembros anteriores de nuestro consejo escolar Diocesano: la Sra. Mary Ann McLean y el Sr. John Narcisi y el Sr. John Vrdolyak que ha hecho trabajo del Comité para el consejo escolar. El Sr. Mike Cabrera es el vicepresidente del Consejo de la Fundación de educación católica. En algún tiempo el Sr. John Janicik presidía el Concilio Pastoral Diocesano y el Concilio Financiero Diocesano. La Sra. Claudia Molina es muy activa en su parroquia, trabaja para las escuelas públicas de Aurora y es la madre de niños que asisten escuela pública. Completando el grupo son dos sacerdotes con amplia experiencia en las escuelas católicas: El Padre William Dewan y el Padre Don McLaughlin.

Padre John Belmonte, S.J., superintendente de escuelas, estará muy comprometido con el grupo, como lo haré yo.

Entonces, ¿cuál es la tarea del grupo? Estamos empezando con la proposición de que las escuelas católicas siguen siendo la mejor opción para los padres católicos para ayudar a cumplir con su responsabilidad de formar a sus hijos en la fe. No es la única opción, y siempre es el derecho de los padres a tomar la decisión. Pero creemos que es difícil igualar el impacto positivo en una persona joven que pasa cinco días a la semana por 12 años o más en el medio ambiente de una escuela católica.

Un tema significativo será fortalecer la misión espiritual de nuestras escuelas, la misma razón de su existencia. El grupo también estará mirando las finanzas, el personal, la estructura, el papel de los padres de familia, párrocos y otros, la comercialización y la matriculación. No hay conclusiones predeterminadas, y, obviamente, tendremos que buscar las opiniones de muchas otras personas.

No sé si el resultado será un gran plan maestro para nuestras escuelas o algunas estrategias específicas. Los resultados que me gustaría ver son misión fortalecida, aumento de la matriculación (especialmente entre los hispanos y otros grupos étnicos en la iglesia), estabilidad financiera, mayor participación de los padres de familia (especialmente en la formación religiosa de sus hijos), y una clara delineación del lugar de las escuelas en el apostolado general de las parroquias y diócesis.

Es una gran tarea. Estoy agradecido a los 12 miembros del grupo y Padre Belmonte por aceptar el reto de trabajar conmigo. Necesitamos muchas oraciones y apoyo. ¡No tenemos 25 años para hacer esto!