Conocé la primera biblioteca municipal fundada en Buenos Aires

Miguel Cané, biblioteca pública municipal fundada en el barrio de Boedo. Fue la primera en Buenos Aires y una de las más concurridas diariamente por los vecinos. Lugar de trabajo de Jorge Luis Borges. Trasladada a una sede más espaciosa donde se inauguró temporalmente la primera Biblioteca Municipal para Ciegos.

En la entrada del lugar, a la izquierda se encuentra el sector que contiene libros infantiles, más adelante a la derecha está la administración de la que se encargan dos personas, siguiendo el recorrido hay varias mesas y amoblamientos de una época más antigua que se encuentran rodeados por miles de libros ordenados según su clasificación.


Bautizada con el nombre del autor de la famosa obra Juvenilia, Miguel Cané, fue la primera biblioteca municipal establecida en Buenos Aires el 11 de noviembre en 1927 sobre Av. Independencia 3899 en la esquina de Castro Barros.

El tres de noviembre de 1927 tuvo que ser trasladada a la calle cercana, Carlos Calvo 4321, donde ocupaba dos plantas y un subsuelo. Allí se realizó la ceremonia de inauguración a la que asistieron autoridades nacionales de ese momento como el Ministro del Interior, Dr. Leopoldo Melo, el Rector de la Universidad de Buenos Aires, Dr. Vicente Gallo y también Gustavo Martínez Zuviría, Director de la Biblioteca Nacional. Aunque, el seis de diciembre de 1935, su extensión se redujo a la actual. Osvaldo Ponce, jefe de la biblioteca, expresa que los cambios por los que pasó el lugar se debieron al “crecimiento demográfico y a la necesidad de informarse que tenían los vecinos del barrio”.

Dos años después, en 1937 Jorge Luis Borges consiguió un empleo como auxiliar de bibliotecario en Miguel Cané por una recomendación que había hecho Francisco Luis Bernárdez, jefe de la biblioteca. Allí Borges se dedicaba a clasificar libros, pero lo hacía de manera tan rápida que sus compañeros le recriminaban que lo que hacía era falta de compañerismo, “Borges se aburría, por eso escribía, no le interesaban los temas sobre los que hablaban sus compañeros”, afirma Ponce, por eso el poeta comenzó a trabajar a la par de los demás, con la diferencia de que en sus ratos libres se apartaba y se dedicaba a leer y escribir. Como él mismo lo cuenta en el libro “En diálogo I” por Osvaldo Ferrari y él. Le gustaba leer León Bloy, de Paul Claudel, todos los tomos de la Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano, de Gibbon, entre otros. Después de nueve años, en 1946 Borges decidió renunciar a su empleo.

A través de los años se fue haciendo mucho más conocida la figura de Jorge Luis Borges como poeta y escritor argentino por lo que Miguel Cané se convirtió en un lugar de visita infaltable para los autores y literarios que pasen por Buenos Aires. El jefe actual de la biblioteca recuerda al autor peruano Mario Vargas Llosa, a Paul Auster, escritor, guionista y director de cine estadounidense; al novelista y autor dramático español Fernand Savater, Juan Villoro, escritor y periodista mexicano; y por último a Jorge Edwards, escritor y periodista chileno, como “algunas de las más prestigiosas visitas que tuvo Miguel Cané”.

La biblioteca pública municipal “cuenta con 53 mil libros por inventario aproximadamente” según Ponce, además tiene “un anexo infantil de casi 3200 libros”, el más antiguo es de 1736 y trata sobre el “etrusco”, idioma que hablaban algunos romanos. En 1953 se estableció en ésta la primera Biblioteca Municipal para Ciegos que contenía varios libros en braille, aunque ya no cuente con esos tomos.

Uno de los ejemplares más antiguos de la biblioteca

Posee una amplia sala de lectura y el espacio Jorge Luis Borges, oficina en la que trabajó el escritor y que conserva su escritorio, su máquina de escribir, fotografías y primeras ediciones de sus libros.

Primera hoja de una de las enciclopedias que más le gustaba leer a Borges

Osvaldo Ponce cuenta que diferentes medios, ya sean de periódicos como de canales televisión y radio concurrieron muchas veces a Miguel Cané para realizar notas y entrevistas.

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