Hace mucho que no escribo, ni por aquí, ni por el wordpress o alguno de mis cuadernos. Sinceramente me aterra, me da miedo ver como poco a poco voy sucumbiendo en este cáncer social que trato de evitar y cada vez me atrapa más y me hace más suyo. Ya ni siquiera hallo satisfacción en “rebloguear” porno en Tumblr. Desde el alba hasta el ocaso sólo siento esa necesidad concurrida de ponerme los audífonos y escuchar las “playlists” de Canciones tristes para sentirte mejor, Música per plorar e Ifigenia.

En un santiamén todo duele y lo único que deseo es llorar, así como Oliverio, a Lágrima viva. Podría seguir buscando los secretos del Matrimonio Arnolfini, comentar la vuelta amena de la cuarta temporada de House of Cards o tal vez hablar de los olvidos de Clío, las candidaturas políticas de mi país y los líos de este conjunto de cosas que llamamos mundo.

Sin embargo, no, quiero y siento ganas de hablar de hastío, de olvido, de dolor, de miseria. No sé cuándo caí en La Charca, o el momento en que le agarré el gusto a tropezar con las piedras. Lo cierto es que ni me siento bien, ni me siento completo. Pero no hay de otra, sólo respirar, tragar hondo y decir “esto va a mejorar”. ¿En qué momento me torné tan conformista? Lo sé abuelo, has de estar revolcándote en la tumba.

#YoSiMeQuito