Las arrugas que me quedan

Llevan las marcas de un pasado.

La sangre de mi madre, de mi hermano y de mis hijos.

Transportan la felicidad que navega por mis venas y el mensaje que aún quedan batallas por librarse.

Me hacen sentir que da igual veinte que ochenta. “Que más sabe el diablo por viejo que por diablo”.

Las arrugas que me quedan me dicen “te amo” al marcarme con sus uñas.

Me miran con la sabiduría alojadas en sus cataratas y acarrean la locura en su cabello blanco.

Las arrugas que me quedan son las últimas de cuatro, y el día que se pierdan heredaré sus arrugas con orgullo; ellas me han enseñado que la vejez también se puede amar.

Estas son las arrugas que me quedan.
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