¡Un rollo! Tanto que decir y no saber por dónde empezar (1ra parte)

Imagen tomada de rememes.com y propiedad de su autor

Hoy, como cosa de locos, me desperté demasiado temprano… 5:36 am (y me había quedado dormido a las 12:30 am), y no pude volver a conciliar el sueño.

Presioné el home de mi iPad para ver la hora y tenía en pantalla una publicación de Medium cuyo título me llamó la atención, y decidí revisarla (juro que la próxima vez no lo hago).

La leí, me disgustaron algunas cosas que leí, la comenté, y decidí continuar. Pero ya se me había quitado el sueño en el proceso de comentar, así que traté de leer otras, pero… No pude.

Tengo algo (mucho realmente) que decir y no sé por dónde empezar. Así que simplemente abrí un draft y me voy a dejar ir llevando. Seguro resulta algo bueno.

Es impresionante y triste ver la forma en la que piensan algunos representantes de la generación milenial y de la generación Y… por decirlo lo menos y de la mejor manera.

No voy a destacar a nadie en particular, pues no quiero confrontar o mal poner a nadie en específico (y para algunos, aquí murió el chisme y se van a salir a seguir leyendo otras cosas), sino por el contrario aportar algo que sirva de edificación a todos.

Y entiendo que en buena parte no es su culpa, si queremos buscar o endilgar culpas a alguien. Se trata simplemente, desde mi punto de vista, de haber sufrido el paso por un sistema educativo que definitivamente NOS ESTÁ MATANDO.

Nuestro sistema educativo (y no me refiero al de mi país, si no al de Latinoamérica, que es bien similar de país a país, con sólo pequeñas variaciones) no sólo es obsoleto, sino además es realmente frustrante y castrador.

Una educación que castra la imaginación, la iniciativa, la creatividad, y aún así NADIE le pone un «stop».

Los chamos (así le decimos en Venezuela a los pealos, chamacos, chicos, mocosos, o como prefieran llamarlos) van a la escuela y simplemente deben obedecer instrucciones, seguir indicaciones y cumplir asignaciones, y libre Dios que alguno pretenda pensar, opinar o tratar de hacer algo diferente a lo que la maestra (o maestro) digan, so pena de ser etiquetado de rebelde, incontrolable, hiperkinetico, y dos mil otros adjetivos descalificativos. Y nadie hace nada al respecto.

Entiendo que en algunos casos (quizá demasiados) los padres no tienen más alternativa pues: primero, fueron deformados en ese mismo sistema educativo y, segundo, «deben» ir a trabajar y la escuela no es más que un depósito (almacén) que se ocupa que el niño haga algo mientras sus padres van a lo suyo, y el resultado final realmente a nadie importa porque ya todos estamos claros en que esa educación no le va a servir para nada realmente útil.

Incluso algunos que están más deformados que otros pretenden que la escuela no sólo imparta conocimientos sino también educación (modales, costumbres, tradiciones, bases para el carácter y la actitud, etc.), lo cual es responsabilidad exclusiva de los padres; para eso se tienen hijos (y si no lo sabía, sépalo).

De aquí que vemos cómo ha surgido y sigue creciendo una generación apática, abúlica, a la que nada le importa, todo le va bien (o mal), mientras tenga un televisor (la caja de tontos) y algún dispositivo (iPhone, iPad u otro) que les permita «distraerse». Y nadie se da cuenta que SE ESTÁN PERDIENDO LA VIDA.

Ya no salen a jugar fútbol o lo que sea que implique llenarse de tierra, sudar, y recibir el correspondiente regaño y ser conducido por las orejas a la ducha.

Ya no se sientan en las esquinas sólo a charlar, sin atacar o agredir a quienes pasen por allí. Simplemente a compartir.

Incluso, los justificamos…

«Es que la calle está muy peligrosa», «Le pueden robar el teléfono» (y valga decir que no sé qué hace un menor de 10 años con un smartphone; como pediatra, sólo explica un tipo de niñera tecnológica que deja más tiempo libre a los padres), «Lo pueden secuestrar», etc.

En algunos muy contados casos esas excusas son razones ciertas; en la mayoría, son sólo excusas. Nada más, nada menos. Excusas de padres que prefieren un hijo llenándose el coco de toda la porquería que la televisión le arroja sin ningún control por su parte, y que han aceptado la comodidad de «eso» a tener que educar ellos a sus hijos, como debe ser.

Pero ya me desvié del punto donde inicie. Retomemos la ruta por donde quiero ir hoy… Nuestro obsoleto y anquilosado sistema educativo.

Hoy no voy a escribir de esto (lo voy a hacer en el post que sigue en detalle), pero para nadie es un secreto los cambios económicos que estamos viviendo. La supuesta crisis que están atravesando todos nuestros países.

Y tampoco debería ser un secreto que si las cosas cambiaron, nosotros TAMBIÉN deberíamos cambiar.

Ya lo dijo Jim Rohn:

Para que las cosas cambien, USTED tiene que cambiar.

No existe otra manera ni hay otra vía.

Y es preocupante que en una sociedad global que exige que cambiemos a velocidades antes inimaginables, seguimos dejando a los chamos pegados al televisor y al smartphone.

Nuestra era (la que estamos viviendo, la Era de la Influencia) conlleva implícita la necesidad u obligatoriedad de desarrollar nuevas habilidades.

Es VITAL el desarrollo de habilidades de comunicación y liderazgo, de una sólida inteligencia emocional, de fortalezas en el área de la inteligencia financiera, empresarial y comercial, para poder sobrevivir financieramente, no digamos ya sobresalir.

Nunca antes en otra era como en la nuestra tuvo tanta importancia la autoeducación proclamada por Paul J. Meyer, Bryan Tracy y Jim Rohn, entre otros, desde hace mas de 50 años.

Sin embargo, vemos un sistema educativo empeñado en seguir enseñando toda la hidrología y rutas de los ríos como que nuestros hijos fueran a ser pescadores o desplazarse en botes, como se hacía hace 50 o 60 años.

Un sistema educativo empecinado en la importancia de «sacarle la hipotenusa a las loncheras» como dice un amigo.

Durante mi formación como médico tuve que ver dos matemáticas para ingenieros… pregúntenme cuando en mis 21 años de ejercicio profesional he utilizado algo de esa porquería que me hicieron pasar. ¡NUNCA! Pero tuve que cursarlas y aprobarlas, aunque nadie supo darme razón de para qué las estaba viendo.

Y sin embargo, seguimos llevando a nuestros hijos como borregos cada mañana al corral… digo, a la escuela.

Me pregunto: ¿PARA QUÉ? Si lo que le van a enseñar allí lo tienen al alcance de un click en Google, y mejor explicado que en el libro que ya se desactualizó.

Si el niño lo quiere saber, lo va a buscar. Esa es su naturaleza… Por naturaleza son directos, auténticos, curiosos, intranquilos, arriesgados (por eso decidí ser pediatra). Todas éstas, características fundamentales para sobresalir en esta era, y que la escuela se encarga magistralmente de matar.

Ya en Bogotá, Colombia, vemos iniciativas de pioneros en él área de la educación virtual: Colegio Virtual Siglo XXI y Bachillerato Desde Casa. Ese es el tipo de educación que el Siglo XXI reclama y por la que clama con urgencia (desconozco si existen otros similares en Colombia u otro país y por eso no lo señaló, y no quiero ponerme a googlear eso en este momento; queda de tarea).

Desafortunadamente, no es sencillo deslastrar a las mentes que dirigen los diferentes sistemas educativos latinoamericanos de la creencia en la importancia vital de aprender hidrología y calcular una hipotenusa. Pero el avance de la economía y de la tecnología nos van a llevar a eso.

Nuestros nietos no van a creer cuando les contemos que teníamos que salir de casa e ir a un edificio que llamábamos escuela para deformarnos… y menos van a creer que íbamos sin celular ni tablet. «¡O sea abuelo!»

Nuestra sociedad pide a gritos un cambio. Un cambio que genere un modelo educativo absolutamente nuevo y novedoso. Donde no se llene el coco a los chamos con tanta basura inútil (como toda basura), sino que se les prepare para la vida, para ser triunfadores y para tener verdaderas oportunidades.

En un mundo donde la era del empleo que conocieron nuestros padres ya murió, es URGENTE que esto suceda.

Y ahora sí puedo irme a desayunar en paz (ya dije lo que tenía que decir y no me dejó seguir durmiendo), a prepararme para ir a pasar mi consulta y continuar desarrollando mis negocios OnLine.

¡Feliz día y bendiciones! ;)


Originally published at drfcozapata.wordpress.com on September 16, 2016.