La dulce trampa de Darwin — Pilot

Pinzones de las islas Galápagos

“Nada en biología tiene sentido sino es visto a la luz de la evolución”, dijo el profesor Dobzhansky a principios de la década del 1970 durante una conferencia sobre la filosofía de las ciencias y yo no podría estar más de acuerdo.

En el colegio secundario tuve una profesora de biología con un increíble capacidad para transmitirnos conceptos, sobre todo a aquellos a los que nos interesaban las ciencias. Uno de esos conceptos, que me fascinó, fue el de la evolución de las especies. Desde entonces en mi cabeza, casi como un hábito inconsciente, el mecanismo de la selección natural funciona como un filtro para entender y darle sentido a los sucesos naturales o sociales.

A lo largo de los años sucesivos, mientras estudiaba bioquímica y después mientras realizaba mi trabajo de investigación para el doctorado fui comprendiendo el funcionamiento y el alcance de los mecanismos de selección y su participación en la especiación. El fenómeno es complejo pero las reglas son simples, se requiere tiempo, azar y aislamiento. Así, aquellos cuyas características les permitan en determinadas condiciones tener una tasa reproductiva más alta que la de los demás serán los que se quedarán más tiempo sobre la tierra.

Últimamente empecé a entender que una de las áreas donde esta lupa para ver y analizar la realidad es particularmente interesante es la alimentación humana.

Somos una especie animal: Homo sapiens y como todas las demás especies hemos llegado a habitar este planeta gracias a que en algún momento la fisiología y algunas otras características de nuestros ancestros les permitieron prevalecer sobre otras especies que competían por los mismos recursos naturales . Esos rasgos propios de nuestra especie incluyeron sin duda la mejor adaptación bioquímica a las fuentes de alimento que los rodeaban, lo que les permitía aprovecharlos mejor cuando había disponibilidad, almacenar calorías en los periodos de abundancia y luego consumirlas eficientemente en los periodos de escasez.

Nuestro mundo vive una epidemia de obesidad expansiva, que se inicia cada vez a edades más tempranas y que genera graves problemas sanitarios con elevadísimos costos. Entender quiénes (o qué) somos, y qué forma de alimentación estamos preparados para recibir es en última instancia lo que nos va a permitir comprender cómo llegamos adonde estamos y en qué (y cómo) pensar para salir de esta situación.

“-¿Usted le daría de beber gaseosa a su perro?” me preguntaron. “- No, lo enfermaría” contesté. “-¿Entonces por qué se la da a su hijo?”