La llama rebelde

El espejo será mi lienzo, una tarjeta American Express vencida mi pincel y estas dos rayas gordas de cocaína la tinta con la que pienso pintar los paisajes más exóticos que nadie podría si quiera imaginar, si señor, líbranos del “malamén”, que así sea.


Se escuchan golpes en la puerta del baño más pinche que cualquier ser humano haya pisado en toda la ciudad, o al menos así es como mi percepción me lo sugería, hacía ya dos o tres noches​, puta no sé -ya perdí la cuenta- que no dormía.


De cualquier modo no es buena idea hacerle caso a la percepción cuando eres un junkie de las grandes ligas -el Valenzuela del baggie-. De fondo se lograba colar entre las rendijas “Blue Monday” de New Order, para mí, en lo muy personal, esa canción siempre ha sido un presagio de que la noche va a ser placentera, espléndida, y yo ya estaba preparado, yo que siempre fuí un hombre con visión, un caballero con metas que sabe lo que quiere y lo que quiero es esa morena de vestido turquesa que vi camino al baño, no sé que le vi pero lo vi y ella vio que lo vi y su sonrisa fue para mí como su visto bueno, su cuerpo, su cabello, sus caderas, toda ella se movía como lumbre, como una llama rebelde. Cuando haces una fogata siempre podrás visualizar una llama rebelde, moviéndose más que las demás, llegando más alto y ardiendo con más intensidad, mi meta era ella, yo quería esa llama, la quería en mis brazos, la quería en mi vida, quería quemarme en ella, consumirnos juntos.


–TOC! TOC!
–¡Carajo! ¡Ya voy! 
Pfffff, una –¡tell me how does it feel!
Pfffff, dos –¡to treat me like you do!


New Order nunca falla, el universo, el timing, cuando el tipo ese con pinta de instructor de zumba logró abrir la puerta del baño, baño convertido en templo, yo ya estaba fajando mi camisa y caminando directo a mi destino, total que hasta para cagarla hay que cagarla con buen gusto y si la cago, pues lo pago, ¿No?

Allá está mi llama ardiendo, allá está mi destino.

Voy directo al fuego.

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