El Miedo

Tenía tanto miedo que éste se había convertido en parte de su persona. Despertaba, caminaba y bebía miedo… y el peso del mundo se le venía encima.

Habló con el médico y lo único que le dijo fue que visitara a un psicólogo. Le dijo que eso que sentía en realidad no tenía una causa física, que todo era resultado de lo que se iba cocinando ella sola en su cabeza:

  • La edad
  • El tiempo
  • Las ganas
  • La falta
  • Las sobras

Hasta que un día el miedo no sólo se le vino encima, sino que literalmente estaba encima. Una mañana despertó con un peso físico en su pecho, que resultó no ser tan grande como lo imaginaba. Pesaba unos siete kilos y bien podía tomar la forma de una estola, ora de un fedora, ora de un manguito; y para el tiempo de frío que comenzaba a hacer en estos días, eso de tener un miedo físico le vino muy bien. Incluso se encontró pensando en la forma de que su miedo fuera más grande y poder encontrarse una mañana con un abrigo completo, que muy bien le hacía falta a su guardarropa.

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