¿Por qué más impuestos? ¿Dónde dejaron la discusión para reducir el gasto?

“Cuando el saqueo es organizado por ley para ganancia de los que hacen la ley, todas las clases saqueadas tratan de entrar de alguna manera — de forma pacífica o revolucionaria — en la elaboración de leyes”. Claude Frédéric Bastiat

En estos días, está frase parece tomar sentido en nuestro país. Partidos como Acción Ciudadana, Frente Amplio y Liberación nacional, junto con otros sectores que han cedido –entiéndase aquí la UCCAEP– a la aprobación de nuevos impuestos.

La reforma fiscal propuesta por el gobierno de Solís consta de 2 proyectos, el primero es el expediente 19.678, que es la Ley del Impuesto sobre el Valor Agregado. Con este se busca el impuesto de ventas se transforme en uno de valor agregado (IVA), su tasa subiría del 13% al 15% en un plazo de 2 años.

Y el segundo la ley del Impuesto sobre la Renta, que se tramita en el Congreso bajo el expediente 19.679. Este plantea reformas al impuesto sobre la renta para pasar a un modelo de renta global que pretende gravar excedentes de consumo en agua y electricidad, además de que cobraría tributos a 2 nuevas categorías salariales.

Uno de los pretextos bajo los que el gobierno ha pretendido la aprobación de estos nuevos impuestos es que la aprobación de los proyectos de ley tendría un condicionante muy importante para la ejecución de futuros préstamos del BM y BID. Sin embargo, en una entrevista a los medios de comunicación meses atrás, Fabrizio Zarcone, representante del Banco Mundial, desmiente tajantemente lo anterior al decir: “El Banco Mundial no dicta ninguna condición” y recalca muy insistentemente: “Seguiremos financiando proyectos de inversión pública como se ha venido haciendo”.

Las fracciones como la Unidad Social Cristiana (PUSC) y Movimiento Libertario no avalan la iniciativa de aprobación de más impuestos y las propuestas de ley requieren 38 votos para ser aprobada por vía rápida.

Por lo tanto lo que vemos es que el gobierno quiere más impuestos para seguir gastando más, no para reducir déficit. El déficit fiscal (cercano al 7% del valor de la producción anual del país) es altísimo y el endeudamiento del Gobierno conlleva a niveles preocupantes. Tan preocupante es, que las agencias calificadoras de riesgo nos han bajado la calificación en las últimas semanas.

En cuanto a las cifras, tenemos que para el 2015 el déficit fiscal del país consistió en un 5,1% con respecto al PIB. De la totalidad del gasto, el 36% son pago de remuneraciones, 39% son transferencias corrientes y un 14% son pago de intereses, es decir, un 89% del gasto total son obligaciones del Estado. Si estos proyectos logran aprobarse tal y como lo busca el ministro de hacienda, los ingresos del gobierno aumentaría en alrededor de un 2% con respecto al PIB. En otras palabras, el déficit fiscal pasaría de un 5,1% a un 3,1% con respecto al PIB, esto desde la perspectiva optimista suponiendo que todos los nuevos ingresos logren destinarse a dicho fin. Es claro que el problema del déficit no radica en los ingresos, sino en los gastos del Estado.

Los impuestos afectan muchas variables. Sin embargo, una muy importante es el crecimiento económico. Según la CEPAL en el Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe para este 2016 Costa Rica tendrá un crecimiento en la producción nacional del 3,3%; sin embargo, se mantiene por debajo del promedio de América Central que es del 4,3%, y con más impuestos ese crecimiento bajará, ya que con mayores impuestos indirectos, el consumo disminuye y con esto la producción de un país.

El presidente Solís fue claro en decir: “La reforma del Estado es esencial, pero no la voy a hacer yo. A mí me tocan los impuestos”. Sin embargo la reforma de un Estado inmoral comienza con decir NO a más impuestos inmorales. Entonces ¿está justificada la aprobación de nuevos impuestos? ¿Vale la pena sacrificar el bienestar de los costarricenses, empobrecer aún más al país con más impuestos? ¿Se justifica que a un gobierno irresponsable en el gasto, se le den más impuestos?

Es difícil creer pero cierto es que la Presidencia invirtió el año anterior ¢85 millones para defender la creación de más tributos, porque el presidente, Luis Guillermo Solís, pretendía que los diputados le aprobaran su plan fiscal antes de que terminara el 2015, lo cual no fue así.

Por lo tanto ¿no creen ustedes que deberíamos estar debatiendo el gasto público en vez de aumentar los impuestos? ¿Hay algún espacio para reducir el gasto? Si el gobierno quisiera eliminar el gran déficit que tiene el país, algunas propuestas son:

Ø Reducir o eliminar buena parte de los gastos de las convenciones colectivas

Ø Abrir el monopolio de RECOPE y vender posteriormente el capital accionario de esa empresa

Ø Poner tope al monto de las pensiones con cargo al presupuesto que no guarda relación con los montos cotizados por esos pensionados

Ø Probar una nueva ley de empleo público para unificar los regímenes laborales en el sector público y parar el crecimiento exponencial de los salarios

Ø Eliminar el otorgamiento de las anualidades y racionalizar las dedicaciones exclusivas y horas extras, ya que esos pluses no constituyen derechos adquiridos

Ø Reducir la cantidad de ministerios, entes con desconcentración máxima e instituciones autónomas

Ø Reactivar la economía para lo cual deben aprobarse los proyectos libertarios de flexibilización laboral, educación dual, pago de cargas sociales por el tiempo real trabajado

Por último al gobierno de turno parece importarle poco los efectos que esto tendrá para la economía costarricense, en el corto y largo plazo parece que dormimos con el enemigo. Por lo tanto la aprobación de estos proyectos de ley es, sin lugar a dudas una salida rápida, paliativa y no efectiva que causará un daño mayor para la economía nacional del que ya existe, en vez de evitarlo. Como dijo Thomas Jefferson (1743–1826): “El arte de la vida es el arte de evitar el dolor”.

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