Marcha #NiUnaMenos 2016. Fotos: EMERGENTE

Pedagogía de las calles

Texto: María Pia López de la colectiva Ni Una Menos para Emergente
Fotos: EMERGENTE

Imágenes. Muchísimas. Potentes. Las que hay en nuestras retinas. Las que permanecen en nuestros cuerpos como huellas. Las que fotógrafas y fotógrafos toman para que no olvidemos. Las que videastas atesoran. Las que las palabras quieren retener. Las calles fueron nuestras. En tantas ciudades y pueblos. Y cuando digo nuestras: de un amplísimo y heterogéneo colectivo, hecho de pequeños fragmentos, organizaciones políticas, movimientos sociales, centros de estudiantes, sindicatos, familias, grupos de amigos, colectivos artísticos, vecinas. Para salir a la calle cada quien compone su entramado, pero lo que resulta allí, por eso, no es de nadie y es de cualquiera. 
Las imágenes del 3 de junio de 2016 son bellas, potentes, amistosas, peleadoras. Bajo el sol invernal dan ganas de quedarse en ellas, en su cálida hospitalidad, en su cantarina trabazón.

Lo multicolor no significa indefinición. La marcha conjugó muchos tonos y deseos pero una definición clarísima: se trata de decir no a la cultura machista. De cambiar el umbral de lo tolerable. De discutir los tratamientos entre los sexos, la distribución de las tareas del cuidado, la violencia institucional, el control de la reproducción. Una vez más la calle dijo que si hay mujeres muertas no es porque haya un conjunto de locos sueltos que asesinan, sino porque esos asesinatos se van fraguando en creencias y prácticas que los amparan, los prohíjan, aunque luego los vea intolerables. La marcha fue multicolor y a la vez tajante. Exigió justicia, recuerdo y prevención. Como se vio en carteles, en el documento del colectivo Ni una menos, en los cuerpos de quienes marcharon, osadas, irónicos, despiertas. Hartos también.

Marcha #NiUnaMenos 2016. Fotos: EMERGENTE

El dolor se actualiza, día a día. En la última semana, fueron niñas de 12 años las mujeres asesinadas. Tres. ¿Qué cuenta sangrienta se establece, de qué racionalidad surgen, qué suposiciones amparan eso? No lo sabemos. Sí, que si una cultura se quiere sacrificial, nosotras no queremos pertenecer a ella, que cada vez que una vida es sustraída la necesidad de la rebelión se profundiza. Lo multicolor no significa alegría sin duelo. De ningún modo. Alegría de lo insumiso, sí, pero esa insumisión parte del reconocimiento común del dolor y de la bronca.

Por las muertas y las encarceladas, por las privadas del derecho a elegir con quién cogen y decidir si quieren tener hijos, por las militantes perseguidas y las mujeres empobrecidas. Bronca y dolor por todas ellas. Lo multicolor tuvo, esta vez, una insistencia verde: la de la Campaña por el aborto legal. Con Belén presa, en un juicio fraguado, es hora de confrontar a la sociedad a su propio silencio o la doble moral que la habita. Preguntarle a cada quien, de eso se trata, si cree que su hija o esposa o amante o amiga o parienta que abortó debería estar presa. Ya no importan las razones filosóficas ni morales: es necesario saber que ninguna puede ser presa de su útero ni ir presa por lo que decida con su útero.

Marcha #NiUnaMenos 2016. Fotos: EMERGENTE

Multicolor y popular, la marcha fue recorrida por una promesa: la de una generación que surge de otras fuentes y otras enseñanzas, la de las muchachas y chicos que hoy están en la escuela media, y que aparecen en las calles para decir Ni una menos, que se quieren vivas, que las quieren vivas. También por un reclamo: la libertad de Milagro Sala. En la cárcel por mero proceso, tras las rejas por puro linchamiento, su situación es amenaza contra cualquier militante. Sin embargo, no había acuerdo, entre las muchas organizaciones que confluyeron en la marcha, en reclamar por su libertad. Porque lo multicolor es también tensión y disidencia, hueco que se deja cuando la palabra no puede decirse.

La marcha del 3 de junio es, ante todo, un acto pedagógico colectivo, la pretensión de forjar frases y tonos para que ciertas costumbres se desacostumbren y los crímenes se eviten. Es reclamo de justicia pero sabe que la punición no es su horizonte, porque lo que quiere es redes de amparo, cuidado mutuo, un Estado que garantice derechos, instituciones judiciales que no persigan a las víctimas, medios de comunicación que no cosifiquen, palabras que no denigren, divisiones del trabajo que no encadenen a la doble explotación, maternidades no obligatorias. Cuando la calle grita Vivas nos queremos hace pedagogía porque despliega, en sus muchos y disidentes colores, las múltiples formas del vivir.

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