Mi última Teleton?

Esta pregunta es inevitable después de terminar cada Teletón, un evento que por su magnitud, impacto y complejidad nos exige ir hasta el límite de nuestras capacidades. Es que el trabajo en la Fundación no es un trabajo más. Se trata un desafío muy difícil de explicar en palabras. Por un lado nos ofrece la gratificante oportunidad de desarrollar nuestra vocación al servicio de los demás en un ambiente estimulante y lleno de aprendizajes significativos, en el que uno ve de manera muy cercana y concreta el impacto en la vida de miles de personas.

Pero por otro lado, Teletón nos expone a vivir la dolorosa realidad de este mundo de la “pos verdad” donde cualquiera puede decir lo que se le ocurra, hiriendo, mintiendo, o simplemente compartiendo chismes o memes inventados quien sabe con que intención para atacar sin piedad nuestro trabajo. En estos días pude leer a personas con una importante trayectoria profesional y formación académica diciendo una serie de barbaridades que no tienen el mínimo rigor racional. “Son las reglas del juego”, dirán algunos y estoy de acuerdo…. pero reglas que al fin y al cabo desgastan enormemente.

Leer posteos que aseguran que somos ladrones, que ganamos salarios exhorbitantes y que nos dedicamos a estafar a la gente es (aunque uno tenga la piel curtida) muy duro porque no solo todo esto no se ajusta a la verdad sino porque sabemos que declaraciones de este tipo pueden terminar impactando negativamente en la vida de las familias a las cuales servimos con mucha dedicación. En estos días vi madres y padres de Teleton viviendo una enorme angustia por estos ataques infundados que la gente lanza sin medir el impacto que pueden tener, porque con todo esto no está en juego nuestro “prestigio” o nuestro nombre solamente, sino la posibilidad de que miles de niños y niñas puedan seguir adelante con sus procesos de rehabilitación e inclusión para mejorar su calidad de vida.

Y entonces me pregunto para qué exponerme y para que dar la cara cuando sería mucho más cómodo jugarme por lo mío. Y entonces me dan ganas de salir corriendo, de encerrarme en una cueva y de ocuparme solo de mi ombligo. Me dan ganas de colgar la toalla y dedicar el esfuerzo de los mejores años de mi vida a trabajar al servicio de mis intereses olvidándome del resto. Cuesta reconocerlo pero estos planteamientos son muy humanos e inevitables y me toca enfrentarlos permanentemente con mi almohada. Y me vienen tantas preguntas acompañadas de suspiros que sin exagerar, a veces ahogan.

Pero cada vez que esto ocurre la vida se encarga de cruzarme con algún desconocido en la calle que me da un abrazo y me dice “fuerza!, es maravilloso lo que están haciendo”, o aparece una madre en alguno de los centros de rehabilitación que con lágrimas en los ojos me regala un gracias tan potente que me deja con un enorme nudo en la garganta que luego se convierte en la energía que me permite seguir y me anima a dar aunque sea un solo paso más. Y entonces, aparecen miles de personas que uno o sabe de dónde salen para dar un respaldo contundente e inesperado a la Fundación, superando una meta que parecía imposible, entregándote toda su confianza…Y entonces, aparece un compañero de trabajo jugándose la vida en lo que hace aunque sabes que fuera de la Fundación podría estar ganando dos o tres veces más por hacer menos… y entonces, aparecen mis hijos que me miran como indefensos y sin decirlo me interpelan preguntándome que futuro les estoy dejando. Y entonces, la esperanza vuelve al cuerpo y se encarga de decirte que no todo está perdido… Y entonces, me enfrento a mi mismo y me pregunto: por qué dejar de perseguir mis sueños si son reales, si son honestos y sinceros? Por qué renunciar a este trabajo si no hay nada que temer?

A veces es duro hacer lo que hacemos porque implica asumir costos que son elevados. Pero hoy me queda claro que para mi sería mucho más duro no seguir mis convicciones, zambulléndome en el egoísmo solo porque algunos no pueden o no quieren ver lo que hay detrás de una obra como esta. O mejor dicho, porque algunos no se animan a creer que en nuestro país se pueden llevar adelante proyectos como el de la Fundación sin mentiras, sin deshonestidad, con la frente en alto y la conciencia tranquila. NO TODO ESTÁ PODRIDO CARAJO!!!!

Teleton no es una organización perfecta ni libre de contradicciones pero créanme que detrás de todo lo que hacemos y somos, no hay absolutamente nada que esconder y esto, nos da la tranquilidad suficiente para salir a defender esta obra donde sea y ante quien sea, las veces que sea necesario.

No se si esta va a ser o no mi última Teletón, pero de lo que estoy seguro es que este no va a ser el fin de mi vocación porque mas allá del lugar desde el cual me toque aportar algo a la sociedad me queda claro que prefiero pagar el precio de seguir intentando cambiar una partecita del Mundo, que cruzar los brazos dejando que mi conciencia se duerma en el mismo egoísmo que está destruyendo el mundo en el que van a vivir mis hijos.