Arrogancia impuesta, sumisión aceptada

Leo en la prensa estos días reportajes sobre la reforma de una calle de Vitoria. La noticia no debería tener mucho recorrido pero no ha sido así. Mucha gente se ha posicionado al respecto siendo mayoría la contraria a la reforma. Adjetivos de chapuza, crimen, despropósito, atentado, etc… han sido los más habituales. Adjetivos tan desproporcionados como la osadía de los que lo pronuncian, como veremos más tarde. Desde estas líneas intentaré explicar no ya sólo la reforma sino el contexto.

Contexto

La calle en cuestión no es otra que la calle Argentina. No deja de ser una calle secundaria con escaso paso habitual de vehículos y peatones. Pero cuenta con la peculiaridad que da acceso a un colegio al que los padres acuden en gran medida en coche. En la imagen de satélite de Google Maps adjunta se observa uno de esos momentos calientes de llevar o recoger a los niños.

En la captura se aprecia la morfología de la calle. Calzada con 2 carriles para vehículos con aparcamientos a ambos lados en línea y un pequeño aparcamient en batería. Si observamos con un poco de atención sorprende la línea continua de coches aparcados en doble fila en el lado derecho de la calzada, el contiguo al colegio, así como la presencia también de coches aparcados en doble fila en el parking en batería. No parece ser la mejor imagen de una ciudad que presume de amable con el peatón y concienciada con el medio ambiente. Dentro del marco del calmado del tráfico y de movilidad sostenible, término éste que odio profundamente pero que se ha convertido en el modo común de lo que debería ser denominado como transporte sostenible, se ha reformado esta calle. Básicamente la reforma consiste en la reducción del espacio destinado al transito de coches y aumentar el espacio para incorporar un carril para ciclistas segregado. Entonces alguno os preguntaréis ¿cuál es el problema? Se esgrimen endebles argumentos siendo el principal la seguridad de los peatones tras la reforma, pero el verdadero motivo de disputa es que al reducir el número de carriles de dos a uno imposibilita que se aparque en doble fila. Y claro, diréis ¿cómo alguien puede reclamar que se le permita aparcar en doble fila? Pues la hay, no sabemos si muchos o pocos, pero sí son a los que más se les ha oído en ese dialogo de sordos de fieras iracundas. Tal vez porque existe gente juiciosa y prudente que acepta una mejora y espera a ver el resultado final o puede que porque el descaro y osadía de los que incumplen normas básicas se imponen a los anteriores.

Explicación

Como ya hemos dicho, Vitoria-Gasteiz lleva fomentando en los últimos años el uso de medios de transporte sostenibles y existe un acuerdo unánime entre los diferentes partidos políticos en torno al Pacto de Movilidad, vigente desde el 2007. En base a él se llevan reformando diferentes calles y espacios de la ciudad para ganar en calidad de vida y comodidad para todos los ciudadanos. No voy a entrar en la forma que se ha actuado en la calle, más o menos criticable, sino en el fondo. Y ahí podemos observar el desigual reparto del espacio urbano.

En rojo espacio destinado al tráfico de vehículos, en verde al de peatones

Hemos llegado a un estado en el que la arrogancia del coche ha superado al sentido común del común de los ciudadanos. Vemos como algo natural la invasión del espacio público para el transito de los coches. Exigimos calles anchas. Espaciosas. Con lugares de reposo. ¿Para el ciudadano? No, para el coche. Anchas avenidas para circular deprisa, con espacio para poder girar sin aminorar la marcha, con muchos aparcamientos para dejar el coche. Y si no queda aparcamiento exigimos que nos permitan dejar el coche en doble fila porque lo contrario sería un atentado contra la libertad. Criaturas. Y la calle Argentina es una más de esas calles siniestras, inseguras para el ciclista por la alta velocidad de los coches que transitan por ella y la presencia de coches aparcados en doble fila en ambos lados. Calles en las que los peatones observan como los vehículos cruzan delante de los pagos de peatones sin ni siquiera aminorar su marcha. Calles en las que el coche es el protagonista absoluto y el peatón es relegado a un rincón. El viandante acepta su rol sumiso. La arrogancia del coche gana.

En rojo el cruce es redondeado para favorecer el giro de los vehículos

En la imagen superior vemos otro ejemplo de la misma calle en la que el coche canibaliza el espacio público. El cruce se suaviza con un chaflán en curva para que el conductor del coche no tenga que aminorar la marcha. Si en vez de eso utilizásemos ese espacio (el sombreado en rojo) por ejemplo para colocar un aparcamiento de bicicletas conseguiríamos dos efectos positivos. Por un lado, el vehículo a motor se vería forzado a reducir la marcha antes de iniciar el giro mejorando la seguridad para los peatones que cruzan el paso y por otro lado se gana un espacio más para medios de transporte sostenibles como es la bicicleta. Son detalles. Detalles que pueden mejorar la seguridad de nuestras calles y la comodidad. Detalles que pueden quedar soterrados ante el insulto y altanería de los que reclaman más (aún) espacio para sus vehículos privados, amén de intereses políticos y de medios de comunicación de turno que aprovechan para atacar al rival de turno. Pero, una persona normal en sus plenas capacidades de raciocinio y crítica, puede afirmar que es más insegura una calle en la que conviven ciclistas(en su espacio segregado), peatones y conductores a velocidad reducida? Yo digo que no. Creo que todos nos beneficiamos de esa ciudad más amable. Una ciudad con menos ruido, menos humo y más espacio para la ciudadanía. Una ciudad en la que sentirse seguro al desplazarse, independientemente del modo que se elija para hacerlo. En definitiva una ciudad más humana.

Y en eso andamos, mal que les pese a algunos.
Sigamos avanzando.