Mientras las nubes se deshacen y se reconfiguran al instante, el humo de un cigarrillo envuelve mi mente. El recuerdo de viejas amistades se abre camino entre el y los rostros que emergen unos tras otro.

Ah! Como los añoro de a momentos, los extraño. Extraño esas charlas sin juicios, extraño el compartir los sueños y esa sensación de libertad, aquella que creíamos poseer, la que aparentábamos ejercer mientras éramos esclavos de nuestros miedos, que con el tiempo se volvieron muros enormes; esos que arrebataron juventud y vida.

Extraño hablar contigo, y discutir contigo, pequeño idiota con ínfulas de grandeza.

A ti, que la muerte arrebató la oportunidad de superar la incertidumbre, y a ti que la misma te ha vencido.

Tengo amapolas para uno y leones guardianes vienen en camino para el otro, pero nada de eso importa porque su destino nada tiene que ver con mis deseos.