Hace unos meses, cuando estaba navegando por Twitter, descubrí la existencia de la campaña #ReadWomen2014, eso gracias a un maravilloso texto de Gabriela Damián (@gabysiglopasado) en Letras Libres. Quizás a muchos les parezca un tópico fútil y hasta absurdo, en una sociedad donde el machismo está normalizado los padecimientos de las mujeres de las letras pasan desapercibidos. Recuerdo la inquietud que me produjo saber que la autora de Harry Potter tuvo que recortar su nombre a JK Rowling, algo ambiguo, ¿la razón? Su editor pensó que al público infantil masculino podría no interesarle leer un libro escrito por una mujer. Absurdo como puede parecer, es un hecho real, ese es el problema de fondo. En un mundo ideal un lector elegiría los libros basado en el género literario, la sinopsis de la historia, lo cuidada que es la edición, incluso por una linda portada, pero NO por el género del autor.
He conocido gente que se jacta de no leer nada escrito por mujeres, también gente que desecha un libro por ser de una autora y no un autor. Eso, por muchos años, pasó en la fantasía, el horror y la ciencia ficción. Algo tan feo como irónico, si consideramos que uno de los fundadores de la ciencia ficción fue una mujer: Mary Shelley. En el ámbito literario mexicano abunda la discriminación disfrazada de elogio, así como en: “No se nota que lo escribió una mujer”, en las reseñas literarias, o un “empieza tú, porque eres la dama” en una presentación. ¿Tienen las mujeres una forma de escribir que denota su género? ¿La tienen los hombres? En lo personal creo que no, una de las mujeres más reales y emotivas que he leído fue Emma Bovary, escrita por un hombre. Si alguien no me hubiese dicho que George Eliot era en realidad una mujer (obligada a escribir bajo un nombre masculino para ser tomada en serio), yo nunca habría caído en cuenta. Para mí la literatura no tiene género porque cada autor es único (como lo somos todos).
Pero el asunto de la desigualdad no se queda en el gusto del lector, estudios de la VIDA (La Organización Americana de mujeres en las artes literarias), muestra que, durante 2012, en el New York Review of Books sólo el 16% de los reseñadores eran mujeres y el 22% de los textos se referían a libros escritos por autoras. En el Reino Unido el London Review of Books, en marzo de 2013, sólo dedicó un 8.7% de sus textos a libros de autoras. En México soy incapaz siquiera de hallar un estudio similar (ojalá alguien pueda corregirme y mostrarme que al menos hay alguno). Comenté esto con un conocido y me dijo: “Es que hay muy pocas escritoras mujeres, y de las que existen la mayoría escribe pura pavadas como Crepúsculo”. No tengo que contarles sobre lo cerca que estuve de explotar ante tal afirmación. ¿Es que acaso no hay libros pésimos escritos por hombres? También me he topado con quienes alegan “flojera” de los “temas de mujeres”, aunque nadie puede decirme exactamente cuáles son dichos tópicos sin recordarme que en una sociedad machista la mujer debería hablar sólo de amor, maternidad, labores domésticas y algunas cosas superficiales; como la moda (dicho sea de paso, una de mis mejores amigas es experta en moda y me ha enseñado que la forma en la que el tópico permea la sociedad tiene poco de superficial).
Aquí de plano me tomo la libertad de citar a Gabriela Damián, porque yo no podría decirlo mejor que ella:
“El desprecio histórico y generalizado de lo tradicionalmente femenino: El entorno doméstico, la maternidad, la emotividad… Esto ocurre en todos los ámbitos de la cultura, en lo literario se justifica así: la experiencia vital de las mujeres es una visión parcial del mundo, mientras que a la experiencia masculina se le considera universal. De ahí que las mujeres aprecien personajes, temáticas, búsquedas masculinas con naturalidad, pero no viceversa. Ni que fuera puto. Los “vicios” de la literatura escrita por mujeres están sometidos a un estricto juicio, los de la escritura masculina, no.”
De algún modo, la visión de la mitad de humanidad ha sido descalificada de tajo. Es más, se ha asumido que los hombres no tienen derecho a reflexionar sobre la maternidad, le emotividad y otras cosas “femeninas”. Lo cual me parece un absurdo, si nos tomamos lo molestia de leer a Yasunari Kawabata, Naguib Mahfuz o James Joyce descubriremos una deliciosa emotividad y vulnerabilidad inherente a la condición humana (y no al género). Y si todas esas tesis absurdas que han servido para descalificar el trabajo literario de la mujer a lo largo del tiempo fueran ciertas, ¿nosotras no deberíamos leer obras escritas por hombres?
Estoy deleitada de haber descubierto la campaña lanzada por la escritora e ilustradora Joanna Walsh (@badaude) cuya ilustración me permito tomar para este post. Sobre todo porque me llevó a reflexionar en la cantidad de autoras que me han nutrido, quienes me hicieron desear escribir y aquellas que me llevaron a reflexionar y construir mi propia visión del mundo. Quiero inaugurar mi cuenta de Medium uniéndome a esta campaña, y, desde luego, hablando del gran amor de mi vida: la literatura. Por lo tanto, aprovecharé este espacio para hablar de autoras, sus obras y la influencia que han tenido en mí.
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