Carta a la bandera Por Eduardo Macchiavelli

Se llama Gaby Feldman. Y junto a los guardianes de plaza es la encargada de izar la bandera del Parque Centenario. Asumió el compromiso también por sus hijos. Cuando le pregunté que sentía al hacerlo, me contestó con esta carta.

Mi nombre es Gaby Feldman, soy diseñadora gráfica, artista plástica y vivo del arte de diseñar, de prefigurar soluciones a necesidades humanas. Convivo a diario con un apetito voraz por aprender y emprender nuevos retos. Activar los recursos que cada uno trae, donde el contenido es aprehendido a través del arte, la música y el contacto con el medio ambiente es mi norte. Estoy convencida que podemos enseñar a nuestros hijos desde “el hacer”.

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Siento un compromiso muy grande y tengo especial interés por todo lo que tenga que ver con las personas, el arte, la innovación y la creatividad en general. Es por eso que cuando le conté a mi gente más cercana que me había ofrecido para esta hermosa tarea, no se sorprendieron en absoluto, me conocen, y lo tomaron como algo natural. Quise transmitir a mis hijos el valor de la bandera. Por eso, cuando les conté que había quedado como abanderada, a la mañana siguiente, me quisieron acompañar.

El mástil está en la entrada del Parque Centenario, sobre Av. Díaz Vélez, justo donde se cruza con Leopoldo Marechal, abriendo el camino para todos los vecinos que visitan el parque. Recuerdo cuando en los años 80 vinimos con mis hermanas y mis padres a la inauguración de la fuente del lago central.

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Recuerdo también cuando mi abuela Catalina nos traía a presenciar sus clases de yoga, cuando la disciplina recién empezaba y ella misma ofrecía de manera voluntaria dar clases gratuitas a los vecinos en el lugar. Por eso lo que me pasa es que revivo su historia, lo que hizo ella por la comunidad durante años, justamente acá.

Este lugar tiene un encanto único para mí, Eduardo. La música, los artistas, la feria de artesanos, los libros, son una fuente de inspiración a la hora de crear. Como docente de la Universidad de Buenos Aires que soy, es que me nace una fuerte vocación por compartir conocimientos, permitiendo aportar creativamente, con lo mejor del “hacer”, la posibilidad de transmitir y enseñar.

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Creo mucho en el trabajo en equipo, en el intercambio y las formas de ver el mundo que se generan en estos encuentros. La posibilidad que me brinda esta tarea de acercamiento a los vecinos y a mis propios hijos, tiene un valor afectivo muy grande para mí. La gente se queda mirando, y muchas veces termino de izar la bandera con un abrazo a alguien, que al igual que yo sintió la misma sensación, por este acto de amor hacia nuestra bandera. Y más que nada a mis hijos se lo quería enseñar.

Gaby es madre de tres hijos, cuenta con la ayuda de amigos y de los guardianes de plaza para hacer la tarea, y la asumió como un gran compromiso. Ni bien se la asignaron se puso en contacto con los guardianes del parque, para que le explicaran en qué consistía la rutina de izado y arriado, y fueron justamente ellos los que le propusieron que tomaran el compromiso juntos.

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Por la mañana después de llevar a los chicos al colegio y antes de ir a trabajar, lo hace. Casi todos los días lo hace. Y por la tarde se las rebusca para preparar la comida y bajar la bandera. “Todos los días recuerdo algo distinto al hacerlo”. La dobla con cuidado, la coloca en una caja, la lleva de vuelta a su casa y le cuenta a sus hijos un recuerdo más.

Eduardo Macchiavelli Ministro de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad de Buenos Aires