Con paciencia infinita Por Eduardo Macchiavelli

Hablemos de quienes tienen autismo y de cómo los perros de asistencia se entrenan para ayudarlos.

El autismo no es una enfermedad. Se trata de un trastorno de desarrollo infantil que se manifiesta de forma diferente en unas personas que en otras; así que no debemos generalizar. Se caracteriza por: dificultades en el lenguaje y la comunicación, no incapacidad. Dificultades para comprender y establecer relaciones sociales. Comportamientos que se repiten e intereses por no demasiadas cosas. Con los apoyos adecuados, es posible ayudar a la persona que los amplíe. Los perros de asistencia pueden hacerlo, ya que pueden ser quienes acompañen a personas con esta patología durante toda su vida y los ayuden a mejorar su autonomía de a poco. Distintas organizaciones los entrenan y asignan sin cargo. La ley 26858 les permite circular por los espacios públicos de la Ciudad.

León y Sofía no tienen más de dos años y ya se sienten a gusto ayudando a otros. Son dos labradores negros que, después de dos años de entrenamiento, reconocen que sus nuevos “usuarios” humanos, así los llaman, tienen limitaciones para caminar, socializar o hacer las actividades cotidianas más simples. Son dos de los perros de asistencia de los que entre tantos otros les quiero hablar, que ayudan a chicos y a adultos con autismo luego de que se “eligieran” mutuamente en varias sesiones de acopamiento.

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El peto de León es azul. Esto significa que el usuario padece autismo. En un bolsillo de ese “chaleco de trabajo”, lleva una credencial que acredita que es un perro de asistencia, el carnet de usuario y una copia de la ley que autoriza su ingreso a todos los lugares y transporte donde está su dueño. “Para Andrés, un perro como León es un puente a la socialización y, además, es incondicional”, afirma su mamá, Inés. El animal está entrenado para impedir una conducta súbita y preocupante para los padres, en especial en la calle: la fuga.

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“Los niños con autismo suelen tener fugas, y al perro se lo entrena para que al sentir la fuga del niño, se ancle, eso quiere decir que la detiene y el chico a través del enganche con el cinturón no puede ir más allá de lo que esa distancia le permite. A través del entrenamiento y a través de los anclajes el patrón de este tipo de conducta termina extinguiéndose”, nos explica Fernanda, su entrenadora. El perro sabe que se tiene que sentar y echar si el chico, que camina unido al animal por una correa elástica, se mueve rápido en otra dirección. Los especialistas afirman que el 75% de los chicos con autismo tienen comportamientos de fuga. “Esto genera en toda la familia de un chico con un trastorno del espectro autista un estado de preocupación y desesperación muy grande. También, puede provocar accidentes”, continúa diciendo

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Este es el mayor temor de la mamá de Andrés, que un día corrió hacia el medio de la calle. El perro bloquea así la conducta de huída, lo que redirige el comportamiento. “Además, mejora las rabietas características del trastorno, el sueño y configura otros comportamientos. Las fugas desaparecen en un 100% y la estimulación sensorial que ofrece el perro facilita el aprendizaje de otras habilidades. Está comprobado que tener un perro de asistencia cuando es necesario reduce a casi el 50% los niveles de cortisol, una de las hormonas del estrés. Y cuando los chicos están más relajados, tienen más predisposición a aprender”.

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La mamá de Andrés, Inés, lo sabe; Verónica y Andrés, papás de Dante, también. “Con la llegada de una perra como Sofía nuestras vidas cambiaría fundamentalmente y le daría una mayor independencia a Dante” (Verónica). “Creo que sí, que va a ser un complemento ideal entre los dos” (Hernán). Lo mismo que para Francesco que también fue diagnósticado con TGD (Trastorno Generalizado del Desarrollo o Trastorno del Espectro Autista). “Tenemos muchísimas expectativas de lo que le puede aportar un perro de asistencia a Francesco y no solamente a él, si no a la calidad de vida de todos en casa”. “Un entrenador cuando ve que el perro y el usuario están funcionando se siente reconfortado, hay mucha emoción en el medio, ahí, y esto nos da seguridad de que ese binomio va a funcionar y mejorar la vida de ambos”, aseguró Sol, también entrenadora.

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Aunque existen razas específicas como labradores y golden retrievers que se vinculan estrechamente con esta labor, cualquier perro puede ser entrenado en asistencia. Las entrenadoras Fernanda y Sol aseguran que los cachorros son seleccionados a partir de los 30 días de vida. Luego de los 2 meses y medio aproximadamente, comienza lo que se denomina como período de socialización. De esta intensa labor que dura aproximadamente 10 meses, se empieza a forjar y comprender la personalidad de perros como León y Sofía, lo que determina su compatibilidad con su nuevo compañero de vida actual o en el futuro. Que pueden ser: Andrés, Dante o Francesco. Hablemos más de autismo entonces, y de lo que los perros de asistencia con paciencia infinita pueden hacer.

Eduardo Macchiavelli Ministro de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad de Buenos Aires

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