El color BA. Por Eduardo Macchiavelli

Murales que cambian los paisajes de la Ciudad.

Una vecina camina por la calle Pasteur entre Tucumán y Viamonte y recuerda el atentado a la AMIA. Otra vecina se para en la esquina de Humboldt y Cabrera y contempla un mural. Casi a la misma hora y sin conocerse ellos, hacen lo propio varios vecinos en las inmediaciones de la Villa Olímpica. Y así, tantos otros, en Bufano y Empedrado, en Villa del Parque, o en alguno de los rincones de la ciudad donde hay un mural.

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Sólo quedaron en pie dos vigas de la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en Once, tras el atentado del 18 de julio de 1994, en el que mataron a 85 personas. Y Martín Ron las convirtió este año en piezas clave de un gran mural inaugurado en Pasteur 633: integran la escalera por la que un personaje andrógino se desplaza todavía buscando justicia, más de 24 años después.

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Martín Ron es uno de los diez mejores muralistas del mundo –según expertos de la publicación neoyorkina Art Democracy-, con unos 450 trabajos pintados en Argentina y en el exterior, y considera a la pieza, titulada El Muro de la Memoria (de 30 metros de alto por 12,5), como una de las fundamentales que creó este año en la Ciudad de Buenos Aires. Como una forma de darle mayor visibilidad al reclamo de justicia desde el arte urbano.

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“En el pelo del “Rasta” robótico usé bolsones cartoneros, provistos por la cooperativa de recicladores urbanos El Ceibo. Y para el vestuario del “Chino Milenario”, la pelopincho pinchada de mi casa, entre otros elementos”. Así describe Alfredo Segatori, a su Tecno Rasta y Chino Milenario, de 7 metros por 20, hecho en el frente de un bar en Palermo. Alfredo Segatori, es otro pionero del graffiti local en los ´80 y autor del mural más grande del mundo –El regreso de Quinquela, un homenaje de 2.000 m2 al pintor de La Boca, consagrado en la categoría “hecho por un pintor”, Guinness 2015-, Segatori explica: “Tecno… es parte de la línea de trabajo que más me entusiasma hoy: la del arte+reciclaje, trash art o arte cartonero, como él lo llama. Además, es muy lindo lo que genera la obra en la gente. ¡No paran de sacarse fotos!

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Coloso olímpico y la Máquina dorada (36 m por 18)”, señala, sin dudar, Leandro Frizzera, quien desde 2007 creó unos 300 murales acá y en Europa. Se trata de una hidra de cuatro cabezas con una pelota de fuego. Un “homenaje a la generación dorada del básquet” en la Villa Olímpica, que es parte del documental The Golden Generation, de Juan José Campanella.

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Allí, nomás al sur de la ciudad, también se encuentra Juegos (39m por 12), de Julián Manzelli (aka Chu), referente del grupo Doma. Es una de sus tramas geométricas y livianas, como un lindo sueño, hecha durante los Juegos Olímpicos de la Juventud con aportes de unos 300 atletas. “Empuja a la diversidad y a la colaboración, en medio de tantas grietas”, sintetiza.

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Sofi Mele es otra referente local. Se “enamoró” del muralismo en 2011 y nunca se separó. Jardín Rojo (5 m x 25), hecho en Villa del Parque, es un paisaje erótico, describe. “Fantasioso, con flores y frutos carnosos y enorme. Me identifico con la búsqueda del impacto que invita a interpretar y el compromiso de los vecinos del lugar, que lo “recuperaron” e hicieron que la obra fuera posible”.

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La vecina de la calle Pasteur empuja un changuito para hacer las compras, un poco para sostenerse y otro poco para dejar de utilizar las bolsas plásticas que tanto daño le hacen a la calidad ambiental. La vecina de Humboldt y Cabrera, comenta: el street art que conocemos hoy nació en Estados Unidos en la década de 1970 y se extendió por Europa. Acá empezó a ganarse un lugar ya casi en los años ’90. Soy una estudiosa del tema. Los de la Villa Olímpica y de Villa del Parque, simplemente miran.

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Algunos comentarios sobre la movida actual. “Lo hacen un cúmulo de artistas apasionados que le dedican muchísimos años a madurar una propuesta interesante, original y disruptiva”, advierte Ron. “El desarrollo de murales de gran formato, con equipamiento sofisticado hizo que esta disciplina alcance niveles impresionantes. Y hay una ola de artistas y jóvenes súper interesante y que vienen con mucho empuje y una ruta bastante allanada”, agrega, por su parte, “Chu”. “La obra habla del trabajo en equipo, de los logros mancomunados y de la individualidad utilizada para lograr metas grupales. Por eso, hay un fondo de engranajes dorados que mueven una gran máquina”, dice Leandro Frizzera, sobre el “Coloso olímpico y la Máquina dorada”. Algo parecido pasó, con el mural Juegos. “Fue muy divertido interactuar con jóvenes de distintas partes del planeta”, apunta, una vez más, “Chu”. Cómo interactúan a diario con los murales los vecinos que se detuvieron a verlos, como detiene al día el color BA.

Eduardo Macchiavelli Ministro de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad de Buenos Aires