La higiene como meta ambiental. Por Eduardo Macchiavelli

Nueva forma de entender el tratamiento de los residuos en la región.

La higiene está ahí, en los contenedores ubicados cerca de tu casa, en las bolsas de residuos, en los camiones que pasan, en el instante que separás los reciclables de la basura, o cuando decidís no tirar un papel. Justo ahí. La generación de residuos sólidos urbanos es sin dudas uno de los grandes desafíos de la gestión ambiental urbana tanto en el área metropolitana de Buenos Aires (AMBA) como en la Ciudad Autónoma. Desde Buenos Aires colonial hasta la actualidad se implementaron distintos sistemas de tratamiento que fueron cambiando conforme a las prioridades que se establecían en materia de gestión y de la posibilidad que había de acceso a las nuevas tecnologías en cada momento.

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Fue así que a comienzos del siglo pasado se implementaba un sistema de quema controlada con recuperación de materiales, para pasar luego a la incineración; técnica que ocasionara diversos conflictos producto de humos y hollines. Los que tenemos más de 50 lo sabemos. Con la creación de la Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado (Ceamse) (decreto 911/1977), la gestión de los residuos adquiere escala metropolitana y se extiende a disposición final bajo la implementación de la técnica de relleno sanitario, a 22 municipios del conurbano bonaerense y la capital federal, que en conjunto suman 15.839.736 habitantes, producen 18.560 toneladas diarias de residuos que representan más del 40% del total generado en el país y es donde están radicadas el 40% de las industrias. Y esta es la situación actual.

De proyectarse, los 15.839.736 habitantes que produjeron 18.560 toneladas diarias de residuos, durante el 2017; serán 16.258.594 para el 2020 y generarán 19.866 tn diarias; 16.965.382 para el 2025 y producirán 22.233 toneladas; y 17.741.967 en el 2030 y generarán 24.920 toneladas de residuos, que requerirán tratamiento (la proyección es del CEAMSE en base a datos estadísticos). Por lo que la solución al problema de la higiene no está ahí. No podemos seguir enterrando. A este nivel de desperdicio, los 3 rellenos sanitarios existentes no dan abasto y ante la dificultad para abrir nuevos, hay que encontrar nuevas formas de tratar las más de 15 mil toneladas de residuos que se producen en AMBA a diario.

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Una, es la valorización térmica, tecnología ya probada y fuertemente utilizada en Europa (Alemania, Noruega, Finlandia y Suecia) y algunas ciudades de Estados Unidos (con más de 2.244 plantas a nivel mundial). Flexible para el tratamiento de residuos sólidos urbanos en bruto y/o preacondicionados; versátil ya que puede tratar residuos heterogéneos; se adapta a un alto rango de poderes caloríficos; posee una mayor capacidad de tratamiento (en toneladas por día) respecto de otras tecnologías; y gran cantidad de tecnólogos fabrican dichos equipamientos a nivel mundial. Dos, es la digestión anaeróbica, sólo aplicable a la fracción orgánica de los RSU pero previamente segregada (por ejemplo residuos de comida de origen vegetal). Sólo utilizable a nivel mundial en forma diferenciada en Viena. Tres, es la de lecho fluidizado, de alto costo de preacondicionamiento del material a ser combustionado, sólo aplicable a combustible derivado de residuos, con escasa experiencia en residuos sólidos domiciliarios, de difícil operación. Cuatro, es la piorolisis, proceso a escala piloto (planta de capacidad menor a las 50 toneladas por día). Solo utilizada en Francia, Japón y Alemania, particularmente para residuos peligrosos. Con dificultad para el tratamiento de materiales heterogéneos y con un alto costo de inversión y operación. Cinco, es la gasificación, proceso que no cuenta con la maduración necesaria respecto de la combustión en masa (planta de capacidad menor a 200 toneladas por día). Solo utilizada en Japón. Lo mismo que la gasificación con plasma, aún en desarrollo.

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La higiene está ahí, en la clasificación previa que le demos a los residuos, separándolos en reciclables y en orgánicos; para recién sí, termovalorizarlos, si fuera esa la opción. El debate está abierto. Pero en todos los casos se trataría sólo de la porción de rechazo que no puede ser valorizada de otra forma. Por lo que debemos subir los niveles de recuperación y reciclado. Y la composición final es el resultante de una mezcla de residuos con todos sus componentes, muchos de estos potencialmente recuperables.

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En el 2017 cada 11 días llenamos un estadio de residuos (32 estadios al año). De seguir así, en el 2030, cada 8 días llenaríamos un estadio (44 estadios al año). Esto es lo que hay entender, para que la higiene alcance su meta ambiental.

Eduardo Macchiavelli Ministro de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad de Buenos Aires

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