La Pirámide de mayo como hace 105 años. Por Eduardo Macchiavelli

Este proyecto busca devolverle a la Pirámide lo que antes fue.

Esta pirámide, de 19 metros de altura, fue construida en 1811 para celebrar el primer aniversario de la Revolución de Mayo. Fue el primer monumento público y patrio después de la Revolución (hasta entonces las únicas representaciones eran las imágenes religiosas, no había monumentos ni estatuas). Originariamente estaba rodeada de cuatro esculturas alegóricas (la Mecánica, la Navegación, la Astronomía y la Geografía).

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Hoy, 10 restauradores trabajan a 18,76 metros de altura para recuperarla. No sólo a la pirámide, sino a las 4 esculturas que en la actualidad están ubicadas en la esquina de las calles Alsina y Defensa, que también formaban parte de la pirámide. Así que serán recolocadas para lograr el aspecto que tenía hace 105 años.

La Pirámide que está en restauración no tiene el aspecto de su original de 1811. Entonces era un obelisco de 13 metros, hecho de barro y ladrillo. Lo llamaron “Columna del 25 de Mayo” y su construcción se le atribuye a Francisco Cañete. En 1857 tuvo su primera modificación: el arquitecto Prilidiano Pueyrredón la estiró hacia arriba y el escultor Joseph Dubourdie creó una Estatua de la Libertad (tal cual la llamaba), que fue instalada en la punta y otras cuatro en la base. Pero las figuras de abajo duraron poco.

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Hacia 1875, la Municipalidad recibió la donación de un conjunto de estatuas de mármol, que estaban en el techo de la sede central del Banco Provincia. Cuatro de ellas se pusieron en la Pirámide.

El último cambio que tuvo ocurrió en 1912 cuando el monumento fue trasladado más de 63 metros hasta su ubicación actual. La mudanza duró ocho días y se usó una plataforma sobre rieles para desplazarla. En las vísperas de su centenario se organizó un concurso para construir un monumento más grande, que contuviese a la pirámide en su interior.

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Para lo que cambió su ubicación y durante el desplazamiento se retiraron las cuatro estatuas de la base. En el hueco que dejaron las esculturas hay cinceles, martillos y cepillos de escoba; cuenta Francisco Girelli, responsable de la investigación histórica del proyecto: “El gran monumento jamás se hizo y las esculturas nunca volvieron”. Este proyecto busca devolverle a la Pirámide lo que antes fue.

Hoy la Pirámide dista mucho de esta última foto, está encerrada detrás de una media sombra. Una puerta blanca y discreta es la entrada a la restauración. Tablones de madera y andamios de metal la rodean. La sigue un chapón azul.

Y hasta ahí me acerqué con Ariel Iasge, director general de Espacios verdes, para saludar a los diez restauradores que trabajan en su recuperación: Marcelo Magadán, Marta Zaffora, Claudia Arbe, Inés Gómez, Tomás Martins, Branko Sejas, Casimiro Sejas, Ezequiel Andrada, Ruben Fernandez y Nazareno Guantay. En el lugar el suelo ensucia los zapatos de tierra rastrillada. Como cuando la foto era Pirámide, tierra y camino.

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La Pirámide de Mayo está en obra. Al costado se ven algunas piedras blancas y grises, rojizas y polvo; y un centenar de bolsas con escombros, de 105 años para ser más preciso.

Eduardo Macchiavelli Ministro de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad de Buenos Aires