Los parques de Thays Por Eduardo Macchiavelli

Biografía del paisajista que transformó Buenos Aires.

Jardín Botánico de Buenos Aires donde vivió Carlos Thays

Entre las múltiples alegorías en su nombre, quién no escuchó la famosa frase “A este parque lo diseñó Carlos Thays”. Ante esto cualquier presentación queda trunca, por repetida y precisa. Es el hombre que creó los espacios verdes más importantes de la Ciudad, sin el cual Buenos Aires no sería lo que es. Desde los jardines más refinados hasta los árboles de cada calle, sus diseños transformaron la ciudad de Buenos Aires, otras ciudades de la Argentina, y de Brasil y Uruguay.

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Tres generaciones de paisajistas continuaron su legado (y en total fueron cuatro los que se apellidan Thays), pero el que sentó las bases de la dinastía verde fue Jules Charles Thays (1849–1934), más conocido como Cárlos (él mismo se puso el acento en la á).

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Francés de nacimiento y formación adoptó la Argentina como patria y destino: se nacionalizó, vivió y murió en estas tierras, que recorrió a lo largo y ancho en busca de especies para decorar paseos, parques y plazas.

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Así del norte trajo y aclimató tipas, jacarandás, lapachos, ceibos y palos borrachos, fiel a su promesa de no dejar “calle sin árboles, ni árbol sin flores”, (incluso llevó las tipas al Brasil). Había llegado de París en 1889, con una Torre Eiffel recién estrenada, el prestigio de haber trabajado con Edouard André (el gran paisajista francés del siglo XIX) y el primer desafío de construir un parque en la ciudad de Córdoba. Allí, en el entonces parque Crisol –denominado hoy Sarmiento-, dejó su huella para la inmortalidad. En los años siguientes y casi sin respiro diseñó los principales pulmones de Buenos Aires: los parques Centenario, Lezama (hizo una remodelación), Patricios, Los Andes y 3 de Febrero; los bosques de Palermo (que amplió y remodeló) y las Barrancas de Belgrano; las plazas Constitución, Congreso y de Mayo (que remodeló en su totalidad); los parques 20 de febrero (Salta), 9 de Julio (Tucumán), San Martín (Mendoza) y Urquiza (Paraná), entre las 16 plazas y paseos públicos que se le atribuyen en el interior y 69 en la Ciudad. Además, construyó los parques y jardines de 38 estancias, algunas famosas como las de Julio Argentino Roca: La Larga, La Paz y La Argentina; otras como La Candelaria en Lobos; La Porteña, que perteneció a Manuel Guiraldes donde el escritor escribió “Don Segundo Sombra”; y La Benquerencia, donde trabajaron curiosamente las cuatro generaciones Thays.

Carlos Thays y el cultivo de la yerba mate

Pensar que vino a la Argentina a quedarse por uno o dos años y se quedó de por vida, la que se transformó cuando lo nombraron Director de Parques y Paseos de la Ciudad (tras ganar un concurso público donde se presentaron paisajistas de renombre mundial). Su obra excedió la arquitectura paisajística e incluso el urbanismo (trazó los planos de Palermo Chico, de Carrasco en Montevideo, y de Chovet en Santa Fé); y fue el primero en presentar un proyecto para fundar un parque nacional, el de Iguazú, incluso antes que el Perito Moreno. También creó un centro científico de relevancia internacional, nada menos que el Jardín Botánico -que está arriba en la foto-, dedicado al estudio de la flora de las provincias argentinas y de otras regiones del mundo (y en la casita donde hoy funcionan las oficinas administrativas fijó su residencia familiar).

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Siempre incorporaba agua y esculturas a sus obras alrededor de las casas, mientras que al resto del parque lo dejaba con más libertad. Trabajaba solo, hasta 20 horas por día, y lo hacía para todos. “Desde el estanciero más poderoso hasta el último vecino de Villa Luro. Si los vecinos de un barrio le pedían una plaza, él la hacía. Si le pedían flores para una fiesta, él les mandaba las flores con el carro municipal”. Como si fuera poco, descubrió el proceso de germinación de la yerba mate. Las flores de su entierro en la Chacarita lo dicen todo: lo despidieron obreros, estudiantes, funcionarios, gente paqueta y todo el espectro social que se pueda imaginar. Aún hoy le llevan flores con las manos, aunque seguro prefería un máte amargo, como su nombre Cárlos, con acento en la á.

Carlos Thays con su hija Ernestina

Eduardo Macchiavelli Ministro de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad de Buenos Aires