Todas las aguas, son el agua. Por Eduardo Macchiavelli

Historia y manifiesto para cuidarla más.

Dos enfermedades, el cólera y la fiebre amarilla, provocaron la muerte del 10% de la población porteña. Sucedió entre 1867 y principios de 1870 y fallecieron 18.000 personas, muchos de ellos, niños. El agua, que no era potable, fue el propalador perfecto para que estas enfermedades se conviertan en epidemias. El Cementerio de la Chacarita se creó en medio de esta crisis. La tragedia puso en evidencia la necesidad de contar con un sistema de saneamiento moderno y decirle adiós, por ejemplo, a uno de los oficios más representativos de la época, el de los aguateros. También se dieron de baja los aljibes y pozos negros.

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Para llevar a cabo el proyecto de saneamiento, el gobierno de 1872, se debatió entre dos tendencias: en algunos países usaban las aguas negras (cloacales) para irrigar cultivos, otros las saneaban y las arrojaban a un curso de agua. Se optó por la segunda opción: que las aguas fueran tratadas en una planta que se encuentra en Wilde, y luego arrojadas al Río de la Plata. Aún hoy, las aguas negras viajan 25 kilómetros hacia Wilde, por gravitación.

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Casi 146 años después, el sistema continúa funcionando igual. Por aquellos años sucedió algo para lo que no se pudieron hacer previsiones: la explosión demográfica de Buenos Aires, que en menos de 30 años pasó de ser una aldea a una gran ciudad. A fines de 1860 tenía 180 mil habitantes, pero para principios del 1900, llegaba al millón.

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Para 1905 toda la infraestructura construida quedaba insuficiente. Por eso en los años 20 se pone en funcionamiento una segunda red, que ya separaba lo privado de lo urbano (cloacas por un lado y rejillas por el otro). Pero está segunda red también queda chica 10 años después, porque se da el fenómeno de conurbación. Es así que a fines de los 40 se construye una tercera red.

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Algo similar ocurrió con el Palacio de Aguas Corrientes. El edificio contenía doce tanques de agua, que funcionaban como reservorio de agua potable. Se proyectó en 1872 con la idea de suministrar agua a una población de 400 mil habitantes. Pero en el tiempo que duró la construcción, entre 1886 y 1894, cuando se inauguró, ya había 800.000 vecinos y electricidad. Para ese momento había edificios de cinco pisos en Avenida de Mayo y la potencia del agua ya era insuficiente para llegar a los pisos superiores. Es decir que el edificio de la calle Riobamba quedó obsoleto casi el mismo año de su inauguración. Para ayudarlo a abastecer a la Ciudad, en 1915 y 1917 se inauguraron otros dos grandes tanques, ubicados en Caballito y Villa Devoto.

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El Palacio funcionó como tanque hasta 1978. Fue declarado Monumento Histórico en 1987 y, además de oficinas, tiene un pequeño museo en el que se cuentan historias como ésta, la que transcurre en la superficie y aquella que no se ve. Como no vemos las aguas de ríos y lagos contaminadas por desperdicios que nosotros mismos arrojamos. O el agua que se pierde en canillas abiertas, cuando no la necesitamos. Todas las aguas, son el agua, ¿saben? que lleva un largo proceso para que la podamos usar.

Eduardo Macchiavelli Ministro de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad de Buenos Aires

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