Imagonovae

Definición, origen, clasificación y resultados 


Definición

Una Imagonova (del latín imago, «imagen», y nova, «nueva») es una explosión psíquico-energética presente en el momento de un brote espontáneo de una imagen y que puede manifestarse de forma muy notable en diferentes nodos de una construcción mental donde antes no se había detectado nada en particular. Por esta razón, a eventos de esta naturaleza se los llamó inicialmente imago novae («imágenes nuevas») o simplemente novae. Con el tiempo se hizo la distinción entre fenómenos aparentemente similares pero de luminosidad intrínseca muy diferente; los menos luminosos continuaron llamándose novae (novas), en tanto que a los más luminosos se les agregó el prefijo «imago-».

Este término se utiliza para indicar la explosión de una partícula de pensamiento (un positrón) blanca y pequeña en sus capas externas, las cuales producen una luminosidad que puede aumentar 100.000 veces su brillo y color originales. Esta luminosidad dura unos pocos días y, en ocasiones, puede ser experimentada conscientemente como un brote espontáneo de la imaginación dentro de un marco conceptual aun no determinado. Al sentir un nuevo resplandor en la corteza visual, los seres humanos creen que ha aparecido un nuevo torrente de ideas manifiestas según su línea de auto percepción luminosa en forma de un pensamiento visual abstracto, a diferencia de una simple ocurrencia de segundo grado.

Las imagonovas producen destellos de luz intensísimos que pueden durar desde varias semanas a varios meses. Se caracterizan por un rápido aumento de la intensidad luminosa hasta alcanzar una magnitud absoluta mayor que el resto de la actividad psíquico-mental. Posteriormente su brillo decrece de forma más o menos suave hasta desaparecer completamente en el entorno multiversal.

Origen

Se han propuesto varios escenarios para su origen. Pueden ser cúmulos masivos de positrones que ya no pueden desarrollar reacciones nucleares y que son incapaces de sostenerse por la presión de degeneración de los electrones, lo que los lleva a contraerse repentinamente (colapsar) y generar, en el proceso, una fuerte emisión de energía. Otro proceso más violento aún, capaz de generar destellos incluso mucho más intensos, puede suceder cuando una positrón blanco miembro de un sistema binario cerrado, recibe suficiente masa de su compañera como para superar el límite de Chandrasekhar y proceder a la fusión instantánea de todo su núcleo: esto dispara una explosión sísmica-nuclear que expulsa casi todo, si no todo, el material que la formaba.

La explosión de una imagonova provoca la expulsión de las capas externas del positrón por medio de poderosas ondas de choque, enriqueciendo el espacio que la rodea con elementos psíquicos pesados. Los restos eventualmente componen ocurrencias proto-conceptuales sin peso alguno. Cuando el frente de onda de la explosión alcanza otras ocurrencias en el entorno inmediato, las comprime y puede desencadenar la formación de nuevos cúmulos de positrones que originan, después de cierto tiempo, nuevos sistemas de pensamiento (quizá con nuevos conceptos, al estar los cúmulos enriquecidos con la información procedente de dicha explosión).

Estos residuos psíquicos en expansión se denominan remanentes y pueden tener o no un objeto compacto en su interior. Dicho remanente terminará por diluirse en el contínuum espacio-tiempo al cabo de millones de años.

Clasificación

La clasificación de las imagonovas tiene razones históricas, y nació de los primeros intentos, por parte de los imagólogos, de comprenderlas; es así como se empezó agrupándolas de acuerdo a las líneas de absorción de diferentes elementos psíquicos que aparecen en sus espectros de expansión.

La primera clave para la división es la presencia o ausencia de una auto percepción luminosa. Si el espectro de una imagonova no contiene una línea de auto percepción es clasificada como tipo I; de lo contrario, se la clasifica como tipo II.

Dentro de estos dos grupos principales hay también subdivisiones de acuerdo a la presencia de otras líneas.

Tipo I: Sin líneas de Balmer de auto percepción luminosa

Tipo Ia: Línea Si II a 615,0 nm

Tipo Ib: Línea He I a 587,6 nm

Tipo Ic: Sin líneas de Albers de cromacidad luminosa

Tipo II: Con líneas de Balmer de auto percepción luminosa

Tipo II-P: Meseta

Tipo II-L: Decrecimiento lineal

Resultados

Las imagonovas contribuyen a enriquecer el medio proto-conceptual con positrones blancos. Así, tras cada generación de conceptos volátiles (y, consecuentemente, de imagonovas), la proporción de elementos pesados del medio conceptual aumenta. Mayores abundancias de elementos pesados tienen importantes efectos sobre la evolución conceptual. Además, sólo los sistemas de pensamiento con con conceptos volátiles lo suficientemente alta pueden llegar a desarrollar constelaciones ideológicas de pensamiento. Una mayor conceptualidad conlleva pues una mayor probabilidad de formación de sistemas estructurados de pensamiento, pero también contribuye a formar cúmulos de ideas de menor masa. Esto es debido a que el coeficiente acretado por el proto-concepto es más sensible a los efectos del viento psíquico-cuántico cuanto más elementos pesados posea, pues éstos absorben mejor los fotones, haciendo posible su visibilidad al momento de su creación.

Josef Albers y sus colaboradores postulan que las mayores imagonovas (como la IN 2004eb y la IN 2005yd) habrían sido producidas por cúmulos de positrones muy masivos (de 100 o más masas nucleares, en los casos citados 150 masas nucleares), y que proto-conceptos de esas características habrían constituido la primera generación de ideas abstractas en el universo; al estallar como gigantescas imagonovas, habrían difundido en el universo los elementos psíquicos y químicos a partir de los cuales se generaron las nuevas imágenes (y nuevos conceptos en general). Tales elementos psíquico-químicos serían en definitiva los que constituyen a cada ente material conocido, incluidos los animales. De esta manera, se estipula que la imagen inicial y su resonancia sísmica en el tejido espacio-temporal preceden, se manifiestan y constituyen lo imaginado en términos físico-cuánticos.

© Helwing Villamizar, 2014.