Sobre juzgar la pobreza desde tu aire acondicionado.

Siempre es lo mismo, con cada ciclo natural de crecidas del río Paraguay, la gente se acuerda de los bañados. Bueno, me corrijo, un sector de la población que generalmente está abstraída en su super interesante vida hace un stop, mira a su costado y empieza a pensar.

Sentado en el aire acondicionado del auto que “con tanto esfuerzo compró”, para en el semáforo rojo y observa las casillas de madera de los inundados, el desorden en el que viven y la ropa colgada al aire libre a la vista de todos. Escucha el último hit de kachaka y de repente hasta se filtra un poco del olor de la olla popular que la doña está cocinando para su numerosa familia, frunce la nariz, y piensa: “partida de haraganes, todo les viene de arriba a estos vagos, fusta lo que les falta”. Y es muy probable que también le surja desde el fondo de su corazón un clásico “en época de Stroessner se vivía mejor”.

El semáforo se pone verde- por suerte- y continua su camino nuestro personaje en cuestión. Por el momento, esa fea pobreza desaparece de su cabeza.

Este ejemplo que estoy citando no es prejuicio. Muchas personas que conozco diariamente hacen esta ruta y tienen este tipo de reflexiones. Capaz no todos en un auto, capaz no todos en aire acondicionado, pero pertenecen a una clase media, media alta asuncena cuya forma de pensar la actual coyuntura urbana y social asuncena (y también paraguaya) no puede ser definida de otra manera que básica (para no usar otros adjetivos peyorativos).

¿Acaso no se dan cuenta de lo privilegiados que son? Muchas de ellas terminaron el colegio, son graduados o estudiantes universitarios. El sólo hecho de estar en la universidad (ni siquiera graduarse) ya los ubica según un informe de CADEP, en un privilegiadísimo 7.8% de la población paraguaya que accede a estudios terciarios. Con esto, tienen acceso a mejores trabajos, créditos, formas de consumo y miles de otros factores que a nuestros amigos los bañadenses solo les toca ver desde una vidriera.

La forma en que muchas personas analizan el problema de los bañados y las inundaciones me recuerda cuando era un niño y tenía que hacer sumas o restas. Leía el problema y solamente quería llegar a la solución, no me importaba para nada el proceso o analizar la forma de llegar al resultado. Creo que esa forma de analizar las cosas aplica perfectamente aquí: la gente quiere una solución acorde a su necesidad, quiere no verle más al damnificado, quiere de vuelta su paseo central libre de las casuchas de madera y no escuchar más la kachaka ni oler la chura de la cocina.

No le importa saber de los intereses inmobiliarios sobre la franja costera que esos bañadenses “ocupan”, es más, muy probablemente en un futuro, se compre algún apartamento en un piso 20 con vista privilegiada del río en ese mismo lugar donde antes estuvieron familias enteras sumidas en la más paupérrima realidad. Pero eso ya no es más ocupar el espacio natural del río, eso es inversión y desarrollo del capital privado, progreso para el país.

De verdad uno puede ser tan ciego, o, ¿es que la cultura de la inmediatez ya no nos permite ramificar un poco más las cosas, y darnos cuenta de que un problema nunca nunca nunca es aislado, y que es producto de muchos factores anteriores que capaz hasta ocurrieron antes que nosotros siquiera existamos?

Como estamos en época de redes, y todo el mundo tiene una voz que puede ser compartida, también ando leyendo mucho posteo de gente que se vanagloria de venir de ciudades periferia (mínimo dos horas de viaje) para trabajar en Asunción. Se enaltecen del hecho de su SACRIFICIO al trabajo y de que a ellos nadie les sirvió nada en bandeja nunca. Me parece genial: el hecho que vos estés feliz de hacer ese sacrificio en vez de buscar soluciones que te permitan vivir en la ciudad y no tener que hacer ese horrible gasto de tiempo y energía es tu problema. Pero, ¿porqué querés que todo el mundo quiera sacrificarse boludamente como vos? El bañadense está siendo mucho más inteligente, busca lo práctico: estar cerca de su trabajo, ahorra así tiempo y dinero. Ellos, los excluidos de la ciudad, buscan estar cerca de la misma, porque a fin de cuentas, de ella se alimentan.

Nos urge un análisis crítico de fondo, no leer el diario y quedarnos en el titular, ni escuchar el testimonio de Doña Blanca que te cuenta que su vida cambió porque dejó el bañado y vive a dos horas de Asunción con una exitosa despensa: esos son casos aislados, o ¿acaso los mas u menos 100.000 bañadenses que existen actualmente van a poder tener despensas y peluquerías? Es completamente irreal, pero da pues gusto generalizar, poner en una misma bolsa siempre es más fácil.

“Todos los judíos son codiciosos y te joden”; “los árabes luego son todos terroristas”, y ahora, agrégale a esas frases inolvidables que rigen la forma de pensar de tanta gente el “los bañadenses son todos bandidos y quieren que les llueva todo de arriba”. Wii ¡Viva el fascismo!

Empecemos a pensar en soluciones integrales y largo plazo para la interminable lista de problemas que tenemos en Paraguay, en este mundo no existen las coincidencias y menos en lugares donde hay potenciales millones de $$ de por medio, así como intereses políticos de Partidos tan viejos que ni vale la pena mencionarlos. Y si todavía crees en ese tipo de coincidencias, y que los bañadenses están donde están y que no quieren salir porque sí nomas, bueno, perdiste tu tiempo con esta catarsis.

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