Misterio

La estética es un juego de espadas…

Así había comenzado aquella clase de un tormentoso noviembre, época de luces decadentes y estruendosos vientos. Un puñado habrá escuchado y, en plan optimista, algún par habrá comprendido, mientras los demás se perdían entre las pantallas del olvido. En ese entonces como profesor universitario de Investigación en Ciencias Sociales acudí al reto como motivación fundamental: mis alumnos tendrían que terminar un ensayo que comunicara o permitiera comprender alguna belleza. Haciendo justicia a la comunicación de nuestros tiempos retraté el sistema de calificaciones: la primera parte sería a través de una votación en el propio grupo, por ello el uso de un álter ego sería fundamental; ya votada la previa, la segunda fase se decidiría tanto por la voluntad popular como por la diligencia y persuasión para conseguir los likes de Facebook, red social que supuse correctamente era usada por todos: creemos en la equidad cuando todos aparentan ser iguales; la tercera sección la realizaría yo como autoridad, basándome objetivamente, si eso se puede, en una lista de mínimos requerimientos y la valoración de la sintáxis. Estos tres tipos de evaluación representaban cada uno el 30% del puntaje posible, el 10% restante se definiría con una medida más subjetiva e irreprochable: el estilo, calidad y emociones que el texto generara en mí. Alguna queja escuché y algún alumno habrá torcido la boca, porque lo que estaba en juego no era despreciable ¿quien no quiere evitar el ensayo final, mucho más largo y complicado?

-¿Qué es lo más hermoso del mundo?- Preguntaron los valientes Jesús y Manuel, expertos en la materia del menor esfuerzo. Esa es la verdadera pregunta, pensé. Desdeñé su cuestionamiento y les dije que su membrete de ingenieros no rebajaba el nivel de exigencia, tal vez me les adelanté porque Jesús abrió tristemente la boca, me miró, buscó sin éxito qué decir, Manuel evadió mi mirada. Lograr una respuesta silenciosa del par legal del diablo parecía la verdadera victoria.

La semana otorgada para su realización llegó a su fin con la entrega de sus hojas físicas y la creación de un blog para subir su enlace a Facebook. Veintitrés de los veintiséis alumnos entregaron a tiempo, número considerable teniendo en cuenta el carácter voluntario del ejercicio. El conductismo hablaría de un comportamiento esperado por parte de estos jóvenes, pero aunque esa tendencia pragmática no suena descabellada, la parte más romántica de mi ser me dice que es difícil despreciar la oportunidad de expresarse sobre algo más que viralidades. Ya sabemos que siempre es valioso cuestionar el génesis de las cosas, sin embargo, en esta ocasión tomé las hojas blancas rellenas de Times y me lancé a mi sofá hogareño para disfrutar de la jerga literaria de unos noveles escritores.

Confieso que sólo ahora reparo en la previsibilidad del resultado. Tenía la esperanza que los mejores textos superaran las barreras populistas a través de su análisis. En parte fracasó el intento. Habrá el rijoso que diga que la calidad por sí sola vende, pero arduo es vencer la naturaleza de nuestras decisiones siempre sentidas, siempre gritadas.

Mi descontento era algo menos que el vacío interno que ahora recuerdo: que ganara Manuel era un resultado legítimo; su eterna comedia se plasmaba en una historia de su madre, sí, nunca se compite contra la sagrada madre, presentando un apego al rigor literario y a la sintáxis que me sorprendió, y sobre todo una apabullante ventaja en redes sociales y un segundo puesto en la votación general de grupo.

Me atrevo a decir que esta turbación resultaría evidente para el lector del trabajo de A., pues éste no era sólo un despliegue técnico y el léxico preciso, detrás de esas palabras había una construcción más preciosa, algo extraña, una rebeldía ante el infinito. Temiendo eliminar la sustancia más valiosa de las líneas de esa pluma, comparto el extracto final de una historia que no me siento capaz de resumir:

La belleza existe en el detalle de una pintura de niño de kínder, en el agradecido beso inesperado, en la comunión de los colores, en una mirada sostenida, en la comunicación de las ideas; la belleza no se encuentra, la belleza se construye y sobrevive hasta el momento en que es reconocida, entonces sí…

A. había entregado las hojas y creado el enlace, sus compañeros la leyeron, terminó primera en la evaluación local, aunque no lo compartió, no sé porqué. En la negación de su publicidad estaba su delito. Podría haber logrado una victoria unánime, pero sólo el poder es perfecto ¿la belleza? La verdadera belleza reniega el poder.

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