Lo incierto me trajo algo cierto

Esa noche hablamos hasta que él cayó dormido. Me gustaba hablarle de todo tipo de cosas pues es difícil encontrar hoy en día a alguien con quien se pueda discutir de temas serios. O más bien, de todo tipo de temas pero aportando análisis al asunto. Tal vez nos perciban como unos aburridos, sin embargo, es al contrario. Buscarle el sentido a las cosas desde su perspectiva era muy entretenido. Él solía repetirme que “todo es cuestión de perspectiva”. Todo cambia de acuerdo a la manera en que se vea. Y cuando quería sonar un poco menos frío de lo normal “todo está en los ojos de quien mire”.

Divagué en eso hasta que también caí profundamente. Hacerlo era complicado en esos días; había estado pensando mucho. Sé que suelo enredarme con los pensamientos pero esta vez la razón era más fuerte que, incluso, mi mente. La cosa es que, no duró mucho. Me desperté a las 3:10am, en blanco. Un poco más vacía en comparación al momento en que concilié el sueño. Era demasiada la desdicha como para seguir durmiendo como si nada.

Me preguntaba cómo las cosas habían cambiado tanto desde que me dijo que se iría lejos de todo y todos. Y más aun, cuando me pidió marcharme con él. Lo más incierto no era la espera, sino el montón de posibles escenarios a los que ahora me encontraba expuesta. Totalmente expuesta y sensible a sus consecuencias.

Me di cuenta entonces, de que no había manera en que saliera ilesa de ésto. No existía ningún camino que pudiese tomar para evitar los rasguños. Me encontré envuelta entre lágrimas que no dejaban de correr por las sábanas.

No… Ya no había vuelta atrás.

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