Lo que NO es un espacio de coworking. Parte 2

Por Carlos Espinosa. Cofundador de @El3erEspacio.


Hace tiempo que escribí la primer parte de este post, en aquel entonces enmarcaba claramente en un breve listado, todos esos supuestos básicos en los que NO puedes darte del lujo de caer al ser administrador o fundador de un espacio de coworking.

En aquella ocasión me emocionó mucho poder trasladar en esos sencillos puntos, toda la experiencia adquirida durante más de 4 años (a la fecha) de haber participado en la puesta en marcha y operación del primer espacio de coworking en la Ciudad de México, del contacto con la comunidad de emprendedores y de todo aquello que nos compartieron sobre sus visitas a otros espacios. De igual forma, para nosotros ha sido de mucha ayuda visitar otros espacios de coworking en Estados Unidos y Europa.

Hoy en pleno 2015 el coworking llegó para quedarse. No sólo porque han estado abriendo como OXXO’s (uno en cada esquina), sino porque tal y como los OXXO’s, te venden la idea de que absolutamente todo cuanto necesitas lo encuentras ahí. Con el tiempo descubres que no es verdad, que el café del SEVEN7 sabe mejor, o sencillamente que todo te lo dan irracionalmente más caro que en la tiendita de don Pepe.

Afortunadamente con el equipo de El 3er Espacio, hemos seguido con nuestros viajes dentro y fuera de México, hemos establecido más comunicación con los miembros de nuestra comunidad, con las comunidades de otros espacios, y visitado otros coworkings para preguntar sobre sus opciones y tipos de servicios. Por eso, lo que para esta entrega quiero compartirles sobre lo que NO es un espacio de coworking es que:

1.

No es un club de industriales.

Muchos empresarios y business centers noventerísimos y de inicios de la década pasada que comenzaron a verse relegados de la escena, creyeron en el poder del legado corporativo, y se enfocaron en ofrecer a PyMES la idea de un networking pretencioso e imagen muy snoob. Sus elevados precios, la inexistente cultura innovadora y los nuevos modelos de negocio, les costaron la elección de la actual población de jóvenes, y los dejaron sin los micro y medianos empresarios cuya economía sencillamente está muy lastimada. En su desesperación vieron que contaban con exceso de espacio, muebles y equipo, y cambiaron su denominación comercial para convertirse en espacios de coworking.

La sectorización del gobierno federal pone a cada industria en un nicho muy específico y la cataloga en función de sus procesos. La industria implica manufactura y como tal, metodologías, normatividad y transformación. Si bien ninguna disciplina es excluida de adoptar el coworking como forma de trabajo para su núcleo de negocio o para ciertas áreas, muchos espacios lejos de promover que los nuevos actores se dediquen a la industria, promueven que ésta cambié su forma de operar hacia el coworking. Esto causa un desapego y nula identificación de los emprendedores nuevos en dichos espacios, y un desdén de las empresas consolidadas que no encuentran ese impulso que quizás sí hubo en los clusters de los años 80’s y 90's. Es parecido a querer enseñar trucos nuevos a un perro viejo.

2.

No son salones de eventos.

La triste actualidad de la mayoría de los espacios de coworking es que a todos les dio eventitis, se volcaron a organizar todo tipo de eventos y ¡kaboom!, no se dieron cuenta que entorpecen y molestan a sus usuarios (testimonios de muchos de ellos que han migrado con nosotros). Los fundadores no han aprendido que la comunidad es lo más importante y por tal motivo, antes de convertirse en el nuevo zócalo capitalino y recibir conciertos hasta de la Sonora Santanera, está la actividad de la comunidad por la cual decidieron ser espacios de coworking.

Hay que ser muy estratega en este tema. Un espacio de coworking debe poder albergar y organizar eventos pero nunca a costa de interrumpir a los demás. Si no se tienen instalaciones adecuadas, una comunicación efectiva con los usuarios sobre la agenda y una línea específica sobre los eventos, sólo estarás cansando a tus miembros y desgastando tus instalaciones. A veces es mejor no organizar nada, escucha a tu comunidad.

3.

No es una incubadora/aceleradora.

Una ventaja enorme de los espacios de coworking es el networking y generación de nuevas ideas; por tal motivo, empresas y empresarios se han volcado a ellos para ofrecer capital a los proyectos prometedores. Muchos espacios incluso, como forma muy descarada de atraer talento, ofrecen dinero a montones.

Alrededor del mundo se ha venido esta nueva oleada de espacios multifuncionales con un piso de coworking, uno de aceleradora, otro de barcamp y demás. Es un modelo divertido y muy interactivo que provee mucha inspiración a los usuarios, sin embargo, no pueden denominarse a sí mismos espacios de coworking ya que los fondos están generalmente condicionados a convocatorias o a metodologías, no se apoya al emprendedor si este no hace ésto o aquello. Ahí es donde la palabra pierde todo el sentido y se convierte en aceleración o incubación a secas, en cuyo caso, es mejor denominar el espacio de tal forma y dentro del cual, existe una sección de coworking en la que coexisten los proyectos ya acelerados, y la comunidad freelancer y startupera, que puede o no estar requiriendo capital. Pero navegar con bandera de coworking cuando lo que buscas es ser un imán de proyectos en los cuales invertir, es una práctica muy desleal. Así no se apoya al emprendedor promedio en México.

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Es complejo al final, la misma figura cuesta trabajo de entender, pero cuando se es un poco diestro en conceptos de administración de negocios, se puede identificar el gran nicho de oportunidad que el modelo ofrece a los proyectos, cuán beneficioso puede resultar en lo individual, y las oportunidades que pueden derivar de elegir pertenecer a uno y no trabajar desde casa. Lo único que hace falta es quitarnos de la cabeza las pretensiones de lo que se supone es la anticuada formalidad y profesionalismo en los negocios.